Las tropelías de un Platón
Ministerio Arquidiocesano de Predicación Madre de la Nueva Alianza
(II Parte)
“En el hablar diario, el nicaragüense es mal hablado en lo referente al orden natural, y respetuoso y culto, profundamente creyente en lo referente al orden sobrenatural. Una vez más lo dual, expresado en su arte indígena, en su léxico, en sus actitudes frente a la vida, profundamente enamorado de su suelo, pero tentado continuamente al irse de viaje, empujado a partir”. Soñador frente la realidad y cínico frente a los sueños, notoria escisión en el alma del nica.
No sin asombro constato estas tropelías de la ‘dualidad’ platónica en el nicaragüense, incluso en las ‘fiestas de primera y segunda’ de los ‘poderosos’, en la infidelidad conyugal, y fidelidad a la ambición, en lo que un autor nuestro ha llamado: ‘El dinorismo’. A esta impronta del Dasein nica, ni los velorios escapan.
El escenario político de nuestro país no podría ser la excepción de esta realidad. Del Siglo XVI al XVIII parece que la tendencia dominante fue: colonialista o independentista. De los siglos XVIII a inicios del XX fue: conservadurista o liberalista. La década de los setenta se enfrascará en la lucha entre somocistas y sandinistas. Los ochenta abre un paréntesis que se cierra en revolucionario sandinista o contrarrevolucionario antisandinista. Todo para resumirse a las puertas del tercer milenio en una tendencia un poco diferente y al mismo tiempo continuista: pactistas o gubernamentalistas (sean de la tendencia que sean). Los dualismos no benefician al hombre, tampoco a una cultura y menos a un país, pero: ¿Cuál será el camino hacia el reencuentro con nosotros mismos? ¿De dónde le vendrá el aristotelismo realista al nicaragüense? ¿Será ese ‘realismo’, una posibilidad integradora de nuestro ser en el mundo y en nuestra tierra? ¿En qué consiste(n) ‘ese’ o ‘esos’ elementos integradores: en la religión; o en la política; o en la experiencia de traducción y rebeldía como fenómenos que marcaron el alma nica?
Ante un pueblo que vive de ilusiones o ambiciones, y de cara a un período electoral, sería interesante estudiar la dualidad del quehacer político y sus principales exponentes en nuestro país. Pero: ¿Valdría la pena, analizar la desproporción existente entre promesas electorales y realizaciones post-electorales?, ¿Sería justo leer la ‘trayectoria política’ de los principales agentes de esta trama en nuestra patria? ¿Resultaría saludable evaluar lo ‘cierto’ y lo ‘falso’ en el lenguaje de los que militan en la ciencia y el arte de lo posible?
Quizás León Núñez tenga razón al afirmar que: “en política lo que menos importa es la clasificación de las cosas en verdades y mentiras. En el gran teatro de la política, los políticos, en cuanto actores, nunca mienten: representan”.
Una vez me llamó la atención un escrito de PAC que decía: «la historia de América está transida por la ‘utopía’, por la esperanza; pero América rechaza y condena toda ‘utopía’ que deprimen la realidad o que oprimen al hombre; no se entrega a la esencia del engaño (...) Eso no evita que: al mismo tiempo, ese continente posee una “política que pierde el sentido de la realidad, por exceso de pasado a la derecha o por exceso de futuro a la izquierda. La realidad la aborda mejor el poeta o el novelista, que el político novelador mediocre con frecuencia” (...)».
¿Cómo afecta esta realidad del ‘continente’ a nuestra Nicaragua? Bueno, Jacques Maritain presenta un diagnóstico de un cáncer que devora nuestra sociedad; “No hay revoluciones más dañinas, que las revoluciones de izquierda hechas por temperamentos de derecha. Y no hay gobiernos más débiles, que los gobiernos de derecha, regidos por temperamentos de izquierda”. En un artículo brillante al que remito e invito a leer, PAC afirma que la primera forma está expresada en las actitudes del FSLN y la segunda las identifica con las del partido liberal. Afirma PAC: “si buscamos el ejemplo más claro y actual de la primer aberración, tenemos al FSLN, cuya estructura y jefatura es esencialmente totalitaria y fascista. Esa contradicción actuante tiene un símbolo: la barricada y quema de llantas, es decir, lo negativo; el poder negativo: obstruir, obstaculizar, agredir el derecho. Los posibles pero invisibles ideales revolucionarios, quedan supeditados a una acción directa típicamente fascista. Enfrente, el Partido Liberal que debería ser un gobierno de derecha (o de derecho), se define por una praxis izquierdista. La de darle preferencia a cuanto pueda significarle acrecentamiento de su poder o sea, una contradicción con su esencia, porque si el Partido Liberal fuera lo que debe ser, su meta sería acreditar, robustecer impregnar de humanismo el sentido de autoridad, para que todo el pueblo sienta que sobre los partidos y preferencias políticas, existe algo supremo y fraterno que se llama patria.
Pbro. Pablo A. Villafranca 
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