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DOMINGO 15 DE OCTUBRE DEL 2000 / EDICION No. 22162 / ACTUALIZADA 12:15 am
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El Evangelio de Hoy
Algo te falta, algo te sobra

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Pbro. Silvio Fonseca Martínez

Ve y vende todo lo que tienes y sígueme
Lectura del Santo Evangelio, según San Marcos 10, 17-30.


En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falsos testimonios, no cometerás fraude, honrarás a tu padre y a tu madre”.

El contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “una cosa te falta: anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en los cielos; luego ven y sígueme”.

Pero al oír estas palabras él se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!”. Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que un rico entrar al Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban: “entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “es imposible para los hombres, no para Dios. Para Dios todo es posible”.

Entonces Pedro dijo a Jesús: “Señor, ya vez que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”. Jesús dijo: “les aseguro que quien haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en esta vida, cien veces más en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos, y tierras, junto con persecuciones, y en el mundo futuro vida eterna”.

Palabra del Señor.

Lecturas bíblicas: Sabiduría 7,7-11/Hebreos 4, 12-13/San Marcos 10, 17-30.

El episodio del joven rico nos enseña que nos hace falta algo y nos sobra algo; como su caso específico que tenía muchos bienes pero le faltaba la valentía de decidirse; esto no sólo debe entenderse para los bienes materiales, sino en cualquier área de nuestra vida.

El joven rico se introduce personalmente ante Jesús adulándolo y respetándolo según la costumbre de la época, cuando se le llamaban a los maestros sabios y a los más importantes se les concedía el título de Padre; él rechaza inmediatamente la adulación y lo aplica sólo a Dios la bondad; por otra parte, el otro se manifiesta como un conocedor de la escritura y practicante de la misma. No habría la menor duda de que este joven no cometiera los actos que el evangelista pone en boca de Jesús, que al final son actos públicos pero hay cosas más importantes en el corazón humano que no sólo llevaría al cumplimiento de estas obligaciones, como las que señala hoy el evangelista, sino que lo llevan a actos más profundos, como la que Jesús le pide al joven rico de liberarse totalmente de lo que lo ata.

El tema de la riqueza tiene aquí también un lugar destacado; de esto, la carta de Santiago nos ha hablado detalladamente en los domingos anteriores en la segunda lectura; será siempre un tema de agenda en todos los sectores: sociales, políticos y religiosos desde la ética; cualquier persona aspira a vivir mejor y siempre habrían quienes quieren enriquecerse tanto lícita o ilícitamente; el dilema para el cristiano se plantea en su adquisición y su manejo. Lo ideal es que el hombre sea dueño de las riquezas y no ellas dueño del hombre; pues de aquí surge el mal humano y la descomposición social.

Tomando algunas máximas del evangelio, cada cristiano debe hacer suyo la solicitud del joven rico: ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna? Y las palabras de Jesús: Decídete. Referente a lo primero nos preguntamos: ¿los jóvenes en la actualidad piensan en la vida eterna? Dominados por una sociedad de consumo que ha eclipsado a Dios mismo en sus conciencias, es tan difícil pensar en una pregunta reflexiva de los jóvenes acerca de lo trascendente, una vida sin principios morales, ya que si no existe ese más allá, no hay razón de observar una buena conducta. La segunda máxima también es importante, que es lo que nos sobra que no nos permite abrazar a Cristo totalmente, ¿qué es lo que te falta en tu vida para que sea pleno el amor de Dios?  
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