Crímenes famosos
El día que se impuso la ley del revólver en Matagalpa
Anuar Hassan y Emiliano Chamorro sucesos@laprensa.com.ni
Las frescas y feraces tierras matagalpinas han sido objeto, desde lejanos tiempos, de la codicia de hombres que han cifrado en la riqueza de sus bosques y montañas su propio enriquecimiento. Por esta ambición no pocas veces había corrido la sangre en aquellas agrestes latitudes.
El 27 de octubre de 1964 el conocido abogado y terrateniente matagalpino León Lara viajaba sobre un camino en las afueras de Matagalpa cuando fue asesinado de varios disparos de pistola. No vamos a tomar partido a favor ni en contra de nadie, como profesionalmente nos corresponde en primer lugar y luego porque no contamos con los elementos suficientes para emitir un juicio exacto e imparcial. Vamos a limitarnos sólo a lo que, una revisión de las crónicas que aquel año se publicaron sobre el caso, nos permite escribir sobre los hechos.
La violenta muerte del rico abogado descubrió a la opinión pública un viejo conflicto de intereses y antagonismos, en algunos casos político-ideológicos, que enfrentaba a algunas de las más conocidas familias matagalpinas.
Por un lado estaba Lara, geófago y explotador del trabajo de los obreros agropecuarios, tal como lo describen sus detractores y por el otro los Gutiérrez, dos hermanos también abogados cuyo papel parece ser la contraparte del anterior.
El caso es que Lara, muy amigo del entonces comandante departamental de Matagalpa, coronel Juan José Rodríguez Somoza era frecuentemente amenazado de muerte al parecer por miembros de algunos sindicatos, molestos por las actitudes del abogado.
Entre las actividades que los sindicalistas resentían de Lara estaba su frecuente papel como acusador de algunos de ellos, a quienes el abogado denunciaba como invasores de tierras de propiedad privada, ninguna de las cuales era al parecer suya.
El temor de que esas amenazas se concretaran llevó a Lara a presentar, en septiembre de 1964, un escrito ante la Corte de Apelaciones de Matagalpa en el que hacía responsables de cualquier atentado contra su integridad física a los hermanos José Ramón y Luis Alberto Gutiérrez Castro, abogados como él.
El 27 de octubre Lara, atraído por la oferta de adquirir frijoles a precio favorable formulada por un campesino al que debía conocer, salió de su casa en Matagalpa rumbo a la montaña. Unos tres kilómetros más adelante otro sujeto abordó su jeep y poco después hizo lo mismo un tercer hombre.
Al disminuir la velocidad en una pequeña cuesta uno de los tres individuos sacó un arma de fuego y disparó varias veces sobre la cabeza del abogado, que murió casi en el acto.
Posteriormente se supo que este fue el segundo intento de atentar contra la vida del abogado. Quince días antes, los mismos hombres lo esperaron en el camino de El Roblar, pero esa vez Lara iba en compañía de su esposa e hijos y los confabulados no consideraron prudente actuar.
El asesinato de su amigo conmovió al coronel Rodríguez Somoza quien pidió a Managua el envío de los mejores investigadores para capturar a los responsables del crimen.
Tomás Pravia, miembro del Sindicato de Oficios Varios, de Matagalpa, adscrito a la Confederación General de Trabajadores(i) tenida por izquierdista, fue el primero en ser arrestado. Poco después lo serían también Jorge Esteban Peña y Alfonso Flores, quienes habrían formulado graves amenazas contra Lara.
Pero pocos días después fueron liberados y su celda fue ocupada por el abogado Luis Alberto Gutiérrez. Su hermano Ramón, a quien Lara mencionaba específicamente en su escrito a la Corte de Apelaciones, se quejó de que Luis Alberto estaba en indefensión.
La Policía presentó entonces al campesino Patrocinio Granados, cuya afirmación de que los hermanos Gutiérrez le habían ofrecido una pistola y tres mil córdobas para que diera muerte a Lara causaron sensación en todo el país.
Granados dijo que aunque él no aceptó la oferta buscó a un amigo llamado Eusebio González Sevilla para que se hiciera cargo de ejecutar el trabajo.
González contrató a los hermanos Rodolfo y Ernesto González, de 28 y 19 años, para integrar el equipo ejecutor. Fue Ernesto quien el 27 de octubre llegó a la oficina de Lara a proponerle el negocio de los frijoles, los cuales le entregaría en cierto lugar del camino. Después pasaron recogiendo a Rodolfo y por último abordó el jeep Eusebio. Ajeno a la cruel muerte que le esperaba, Lara charlaba amenamente con sus inminentes verdugos, según declaró el joven. Fue Eusebio González quien al llegar a una cuesta dio muerte a Lara, dijo el testigo.
Al concluir su declaración, los hermanos González dijeron que el abogado José Ramón Gutiérrez les proporcionaba dinero para su alimentación y el pago del hospedaje mientras estuvieron en la ciudad.
Como si esto fuera poco, la Policía presentó al finquero Juan Francisco Rugama Dávila, quien declaró que el abogado Ramón Gutiérrez, quien le asesoraba en un juicio, le solicitó que, en caso necesario, dijera haber recibido de su parte una pistola que él habría vendido a una persona cuyo paradero resultara imposible de ubicar.
Estos testimonios eran apabullantes, pero los abogados Gutiérrez mantenían sus protestas de inocencia.
El campesino Granados, que endosó a González Sevilla la ejecución del asesinato de Lara, aseguró que los tres autores materiales y los hermanos Gutiérrez se reunieron varias veces en la Casa del Obrero de Matagalpa donde acordaron que era necesario ejecutar a Lara y a otros terratenientes de su jaez.
Aunque también mencionó a los sindicalistas Salomón Quintero y Tomás Pravia como entusiastas partidarios de la idea de eliminar al abogado, la Policía no encontró en ellos suficientes méritos para acusarlos.
Los hermanos Luis Alberto y José Ramón Gutiérrez Castro fueron encontrados culpables de la autoría intelectual del asesinato de León Lara y condenados a varios años de prisión.
Sus cómplices, Ernesto y Rodolfo González fueron también condenados, al igual que Patrocinio Granados quien a pesar de conocer con antelación los planes contra el abogado no los denunció. Eusebio González Sevilla, autor material del asesinato fue condenado en ausencia y al parecer nunca fue capturado para hacerlo pagar su acción.
UNA DECLARACION INCRIMINATORIA
El abogado Ramón Gutiérrez, quien cuando fue encarcelado al surgir como principal sospechoso de la muerte de su colega León Lara se mostró sumamente irritado y reclamó su lugar como profesional, pidió ser interrogado por los periodistas.
- “No soy un reo común, soy un profesional. Exijo que no se me encierre con los presos vulgares y no se me mantenga incomunicado”, barbotó frente a las autoridades del penal de Matagalpa.
- Gutiérrez afirmaba que lo dicho por el campesino Patrocinio Granados, quien lo identificó como la persona que le propuso dar muerte a Lara, era algo absurdo.
- Sin embargo, en su declaración ante el juez hizo lo que podría ser interpretado como una autoincriminación, al justificar, a través de varios refranes populares entre otros argumentos, el asesinato de Lara.
- Dijo Gutiérrez: “Yo me pregunto quién mató a Lara. (Y contesto) Primero, sus obras, porque el que siembra vientos cosecha tempestades y porque el que cava un hoyo en él cae y al que tapa un vallado, lo muerde la serpiente. Segundo: lo mató la pandilla de ricos que constantemente lo azuzaban a defender intereses mezquinos, entre ellos negarles el salario mínimo a los trabajadores y el pago de sus prestaciones sociales o sea, participaba en la explotación de los trabajadores. Tercero: El principal culpable de esto es el coronel Rodríguez Somoza quien facilitaba armas para la represión de los trabajadores y para que el doctor Lara y su pandilla usurparan tierras a la fuerza”. 
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