VOS DEL PUEBLO
La ambulancia de Bluefields
Con beneplácito, al igual que la gran mayoría de los habitantes de Bluefields, recibí la noticia de que a nuestra filial de la Cruz Roja se le había donado una ambulancia. Alegría que se hizo mayor cuando la vimos recorrer las calles de nuestra ciudad-puerto.
Con esta unidad, que vendría a reponer la destartalada ambulancia que permanecía más en el taller que en la sede de nuestra benemérita institución, se le daría respuesta a las solicitudes de ayuda para transportar personas que, por alguna dolencia o emergencia, lo solicitasen, ya que con la anterior predominaba la excusa de estar en mal estado, motivo por el cual brindar el servicio no era posible, aunque ello no fuera tan apegado a la verdad, pues en muchas ocasiones este servicio no era brindado porque la ocupaban de transporte personal de ciertos directivos o cruzrojistas.
Toda esta situación, en reiteradas ocasiones se la exterioricé al presidente de la Cruz Roja de Bluefields, quien, junto al nuevo conductor, me aseguró que tal situación no se volvería a presentar. Y por eso me satisfizo el conocer que muchas empresas e instituciones gubernamentales darían su apoyo con una dotación mensual de combustible, ya que el consumo era considerable, mas también hice en su oportunidad, la observación de que si se estaba solicitando ayuda, ellos deberían colaborar ahorrando el combustible y no utilizar el sistema de aire acondicionado con que cuenta la unidad; a lo que obtuve por respuesta, que si el vehículo lo traía se le debía dar uso.
Luego de un tiempo de estar ausente en mi pueblo, retorné en actividades propias de mi trabajo, situación que fue aprovechada por una vecina para consultarme sobre la condición de salud de una familiar suya, a quien, luego de examinarla, orienté fuera trasladada de urgencia al Hospital Ernesto Sequeira Blanco, por lo que llamé a la Cruz Rojas, respondiéndome que el conductor estaba en su día de descanso, por lo que no podían prestar el servicio, ya ante mi insistencia de cómo podía darse ese caso, la persona que estaba ese día al frente de la Cruz Roja, me colgó el auricular, demostrando una mala educación que no deja bien parada a esta institución.
Ante esta situación, opté por comunicarme con el Lic. William Jackson, presidente de la Cruz Roja, quien nunca atendió la llamada, procediendo a dejar mi inquietud con su esposa, pidiéndole que me devolviera la llamada, lo cual nunca sucedió.
Como en otras ocasiones, en vista que nuestro hospital carece de ambulancia, apelé a la función social de nuestra Policía Nacional, quienes sí prestaron el servicio y se trasladó a la señora que en ese momento requería el traslado (por cierto, esta señora falleció a los pocos días en el hospital).
Es lamentable ver cómo esta unidad continúa al servicio de unos cuantos y no de la ciudadanía, a quien se supone la Cruz Roja debe servir.
Doctor Alvin Alaniz González
Un oasis en el desierto
Quiero felicitar a la prensa y al ministerio arquidiocesano de Predicación Madre de la Nueva Alianza por sus escritos que nos orientan y edifican. Es reconfortante escuchar una voz de amor, paz y guía para contrarrestar las miles y miles de noticias negativas del diario acontecer. Publicaciones como las de este Ministerio, nos invitan a buscar un mayor entendimiento de nuestra efímera existencia, en la lectura de la Palabra del Señor. El Ministerio Arquidiocesano, nos enseña a la luz de la palabra de Dios y del Magisterio de la iglesia.
Conviene recordar las expresiones de algunos personajes de la historia de la humanidad, para reconocer la necesidad del hombre por el alimento espiritual. ¿Qué es lo que han expresado algunos de estos hombres sobre la lectura de la Biblia? Mahatma Ghandi, líder de la protesta pacífica de toda una nación, dijo: “Nunca me imaginé que fuera posible escribir algo tan bello como el sermón de la Montaña. Si los cristianos practicaran este sermón serían las personas más buenas del mundo”.
Napoleón Bonaparte uno de los estrategas militares más geniales, pensaba: “la Biblia no es algo muerto, es una criatura totalmente llena de vida que habla poderosamente a quien le atiende. Si la juventud la leyera más, la sociedad sería mucho mejor”.
Hombres de la talla del admirado y temido Mariscal Montgomery, de la II guerra mundial, confesaba: “Yo leo las Escrituras cada día, y recomiendo a todos que hagan lo mismo”. La influyente Reina Victoria de Inglaterra, reconocía que: “El secreto de las bendiciones que ha recibido mi nación es: leer la Biblia”.
En tanto que una de las mujeres sobresalientes de la literatura castellana Gabriela Mistral, observaba: “Las amistades que más me han consolado no son gente de nuestro tiempo, son David, Ruth, Moisés, Raquel, Pablo y María: los que hablan desde las páginas de las S. Escrituras”.
El famoso escritor alemán Goethe, opinaba: “Cuanto más suban los siglos en la escala de la cultura, más y más leerán la Biblia las personas que desean ser verdaderamente sabias”.
Individuos que han saboreado el poder de naciones poderosas e influyentes, como el Rey Jorge V. testificaban: “prometí a mi madre: leer una página de la Biblia cada día, y siempre lo he cumplido con notable consuelo y provecho”.
El concepto que sobre este aspecto tiene uno de los artífices del resurgimiento económico de su nación, primer ministro de Alemania, Adenauer, es muy interesante: “Quienes aman a su patria deben hacer que el Libro Santo llegue al mayor número posible de hogares, porque así habrá más superación en los individuos y más perfección en la sociedad”.
El presidente Wilson de los USA, declaraba: “Siento lástima por las personas que no leen cada día las S. Escrituras, porque sé el gran tesoro que se están perdiendo”; mientras que su colega Roosevelt, valoraba: “Dejar de leer la Biblia es disminuir el grado de civilización al que teníamos que llegar”.
Por las opiniones antes expuestas y por miles de razones más, agradecemos esos artículos que llenan un vacío sentido, por la mayoría de los que leemos sus páginas.
Melvin Zeledón G.
Cayos y Jerez
Gracias por su cobertura de los cayos de perlas. Hace mucho tiempo les estaba mandando mensajes referente a esto. Muy bien hecho.
Lo de Jerez es simple: pónganle una hipoteca a la casa y la plata regresársela al Estado. Con todas las donaciones que yo hice durante el Huracán Mitch nadie me regaló nada, ni un artículo de periódico tampoco.
Lo que me dio Jerez fue un decreto de que todas las donaciones pagan impuesto. Me hizo la vida imposible, pero logré de llevar las donaciones para las iglesias de Nicaragua. Llevé tres vuelos de cargueros 747 y más de 60 contenedores a Managua, para las iglesias, y el Gobierno ni me dio las gracias...
Ahora anda Jerez en la Costa Atlántica y acaba de importar un yate lujoso sin impuesto... ¡que lindo! ...
Jorge Giraldez-Benard jgiraldezB@yahoo.com
Desastres y pobreza
Cada vez que ocurre un desastre natural en Nicaragua se puede ver al descubierto la pobreza y la miseria a las que está sometido el pueblo nicaragüense, con excepción de los que viven en las mansiones construidas a costa del sufrimiento de los más necesitados.
Cada vez que hay un temblor, la casa que se cae primero es la del pobre que vive en el barrio marginado. Cuando un huracán amenaza y empiezan las lluvias, la próxima en derrumbarse, inundarse o en ciertos casos hundirse, es la del que vive ya sea en la cima del cerro o en la parte de abajo, porque están hechas de cartones, latas etc.
¡Qué ironía!, ¿no?, las que deberían inundarse son las que están construidas a la orilla de la playa. ¿Oh no? ¡Esas no, porque están construidas con buenos materiales, diseñadas por arquitectos, ingenieros, y una cosa muy importante costeadas con el dinero que una vez fue destinado para ayudar a los marginados, a los que sobrevivieron un temible huracán llamado Mitch!
Sandra Welch. sagitarious538@cs.com 
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