Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
SáBADO 14 DE OCTUBRE DEL 2000 / EDICION No. 221561 / ACTUALIZADA 12:15 am
PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
CARTAS AL DIRECTOR

   
Sobre triunfo de izquierda polaca

Alberto Alemán

Hace casi una semana, el presidente de Polonia, Aleksander Kwasniewski fue reelegido de manera clara, porque ganar con el 54% de los votos tras cinco años en el puesto no puede calificarse de otro modo.

Fue la tercera elección presidencial desde 1990 y un acontecimiento muy importante que consolida más la democracia en ese país de Europa del Este, hasta aquel año un satélite en en el imperio de Moscú tras la cortina de hierro.

Kwasniewski fue ministro de Deportes en el gobierno comunista y procede de la Alianza de la Izquierda Democrática (SLD), la heredera del comunista Partido Obrero Unificado de Polonia.

Los principales rivales de Kwasniewski fueron un candidato independiente y Marian Krzaklewski, el líder de la alianza Acción Electoral de Solidaridad, de derecha, la formación política cuyos orígenes están en el famoso movimiento obrero Solidaridad, el primer sindicato no comunista del bloque soviético. Krzaklewski quedó de tercero con apenas el 15.5% de los votos.

La victoria de Kwasniewski no significa ni por cerca que la mayoría del electorado polaco anhele el retorno -imposible- del nefasto sistema comunista.

Desde 1990, los principales objetivos de la política exterior polaca han sido dos: membresía en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ya logrado, y la entrada a la Unión Europea (UE).

El primer objetivo apunta a la seguridad político-militar del Estado polaco; el segundo, significa asegurar un alto desarrollo material y social, y es tan crucial como lo fue para España tras la muerte de Franco.

“Kwasniewski ha respetado la Constitución, ha hecho cumplir las leyes y ha empujado la causa de nuestra incorporación a la UE y a la OTAN”, reconoció en un reciente editorial Adam Michnik, el director de Gazeta Wyborcza, el principal diario polaco. Michnik fue un destacado disidente anticomunista encarcelado y censurado, y ex asesor de Walesa en los años 80.

Entrar a la Unión Europea significa aceptar estándares que rigen una vida política civilizada: imperio de la ley, real independiencia de poderes, pleno y limpio juego democrático, elecciones transparentes, respeto por las reglas e instituciones democráticas, libre mercado y respeto a los derechos y libertades ciudadanas. Si cumplís, entrás. Si no, no.

Además, Kwasniewski ha adoptado un estilo de gobierno más conciliador que su predecesor, Lech Walesa, quien con sus “guerras en la cumbre” contra de sus ex compañeros de Solidaridad, contribuyó mucho a la división de la derecha polaca, una de las razones de sus derrotas electorales en 1993, 1995 y la más reciente.

Kwasniewski, sin ser perfecto -en 1995, año de su primera elección, mintió al decir que obtuvo un diploma de estudios superiores-, fue para los polacos la figura que les pareció más inclinada a la búsqueda de unidad política en la solución de álgidos problemas -alto desempleo, reestructuración de la agricultura-, y la que mejor podría acercar al país a la plena integración con Europa.

Por eso votaron por él y no por la nostalgia de un sistema absurdo del que su misma agrupación hace mucho tiempo abjuró.

(*) Editor de Internacionales de LA PRENSA  
.


---
   
Otros Artículos

¿Cómo está su país? Depende con cuál lo compare

¡Viene Byron, viene Byron!

Huracán Salinas

Sobre triunfo de izquierda polaca

VOS DEL PUEBLO

Rostros de la Semana