Huracán Salinas
Federico Dueñas
Tremendo alboroto político causó el controvertido, astuto y envenenado ex presidente de México, Carlos Salinas de Gortari (CSG) en su (ya acostumbrada y quinta) veloz visita a la capital azteca, desde que se autoexilió hace cinco años en Dublín, Irlanda (país que no tiene convenio de extradición con México) el fin de semana pasado, con el pretexto de presentar a la nación su excusable libro autobiográfico, en el que explica, según su muy particular óptica, los sucesos históricos del país, en los que definitivamente, según Salinas, él no tuvo nada que ver con el desastre económico-político nacional durante y después de su sexenio en el poder.
Salinas se presentó en “vivo” el sábado pasado en el programa “Zona Abierta” dirigido por su periodista sexenal consentido, Héctor Aguilar Camin e hizo uso de la palabra de manera permanente, autoritaria y discrecional, abordando los temas que a él le interesaba exponer a la teleaudiencia, apabullando con marcada soberbia y autoritarismo a la par de experimentados periodistas, como si fueran sus empleados de baja categoría y él siguiera mandando en la Presidencia.
Salinas reconoció haber “dedeado” a Ernesto Zedillo para sustituir a Luis Donaldo Colosio en la candidatura presidencial del PRI, por considerarlo obediente, inteligente y serio, pero no dejó de acusar a Zedillo de mentiroso por haber cambiado su plataforma de campaña electoral colosista (para traicionar al PRI), se empeñó en echarle la culpa a Zedillo de la feroz devaluación de la moneda a más del cien por ciento llamada “el error de diciembre”, de que el PRI perdiera las elecciones presidenciales, la Cámara Legislativa, la Asamblea de DF y varias gobernaturas en las elecciones del dos de julio pasado, entre otras acusaciones, quejándose dolido de aquellos políticos, quienes, cuando él estaba en el poder lo apoyaban, adulaban y lisonjeaban servilmente, los que ahora ni mirarle a los ojos quieren (¡qué raro!. ¿Dónde hemos visto de esos políticos en casos similares?).
Días después, al leer en la prensa mexicana e internacional artículos de columnistas serios, ver en los noticiarios de la televisión la reacción de los medios a la fugaz visita de CSG a la capital azteca, aparentemente éste no logró su objetivo de crear mayor discordia entre los priístas (¿será porque cada día hay menos, después de la Gran Derrota?), el acusar a Zedillo de todos los males que hay ahora en México, y crear un ambiente receptivo para un eventual regreso al país después que Vicente Fox tome el poder.
¡Salinas no convenció! El repudio a su persona en el ámbito nacional no sólo se mantiene sino que se incrementa en el momento que, con descaro inaudito, hace lo imposible por elevar su imagen con vanos intentos de imponer “su verdad”, utilizando el poder que todavía tiene sobre personas influyentes dentro de la política mexicana. La población, el ciudadano, el votante en general, no es tonto, no olvidan el inmenso daño que con engaños, mentiras y ocultamiento de cifras oficiales, CSG ocasionó al país. Si él no fue el asesino material de Colosio, sí su abierto descontento para con el Delfín, bien pudo ser el detonante que ocasionó su asesinato. CSG precipitado por el ingreso al TLC y perseguido por el problema del levantamiento del EZLN, fue el causante del descalabro económico que desencadenó la devaluación del 94.
Zedillo, acosado por el pánico, en su ingenuidad, se precipitó y su planeado deslizamiento de la moneda fracasó, pero el origen del problema se dio en el sexenio salinista. El PRI perdió las elecciones presidenciales no sólo por culpa de Zedillo como CSG afirma, aunque reconocemos que Zedillo nunca fue político, ni priísta, más bien un tecnócrata obediente atemorizado que no tuvo la altura para ser un digno presidente de México. El PRI cayó del poder por los más de setenta años de abusos, corrupciones, engaños y saqueos a la nación y porque el votante moderno ya no cae en los engaños de presidentes abusivos, hipócritas y rateros que, cuando llegan a la primera magistratura se olvidan de sus promesas, de las necesidades de su pueblo, y comienzan una desenfrenada carrera de rapiñas y abusos de poder al borde del absurdo y la locura. La triste historia de los políticos, desafortunadamente no es exclusiva de México. 
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