¡Viene Byron, viene Byron!
León Núñez*
Sucedió el año pasado. antes de que empezara una reunión del Gabinete Económico, dos asesores gubernamentales conversaban sobre quién podría ser el hombre más poderoso del país después del doctor Arnoldo Alemán.
Había discrepancia entre ellos sobre quién era “el segundo en mando”. Pero existía unanimidad de que no era don Enrique Bolaños. Esta conversación se llevaba a cabo cuando aún no habían llegado ni el Presidente de la República ni todos los miembros del Gabinete Económico. A mí me pidieron mi parecer. Les dije que no sabía. Pero les manifesté que esperáramos, porque más tarde podríamos observar algunos signos, algunas actitudes, que quizás nos pudieran servir para opinar con mejor propiedad sobre el tema que se discutía.
Poco a poco fueron llegando los demás miembros del Gabinete Económico ante la cortés indiferencia, con saludos de “larguito” -nadie se levantaba- de los ministros y similares que habían llegado antes. Yo estaba pensando que sólo faltaba el doctor Alemán para que empezara la sesión cuando de pronto alguien dijo en voz alta y desesperada: “¡viene Byron, viene Byron!”, e inmediatamente todos los ministros y similares, menos don Enrique y los asesores, salieron catapultados de sus asientos a saludar a don Byron.
El hecho cierto es que todos los ministros y similares rodearon a don Byron, y mientras éste les hablaba, se les notaba radiantes, con rostros llenos de entusiasmo y admiración. Así estuvieron como media hora, escuchando felices a don Byron, hasta que llegó el doctor Alemán. Todos salieron en ese momento en una sola barajustada a ocupar sus asientos, menos don Byron que sin velocidad, lenta y pausadamente, con aplomo, se dirigió a donde el Presidente de la República. Se abrazaron y conversaron de pie, inaudiblemente, durante varios minutos, frente al silencio de los ministros y similares que esperaban la apertura de la sesión.
Al terminar la reunión del Gabinete Económico pregunté a los dos asesores si habían cambiado de opinión, y me contestaron que sí; que por las conductas observadas no había duda de que don Byron era verdaderamente en este país “el segundo en mando”.
Meses después me encontré con los dos asesores. Estuvimos recordando esa sesión del Gabinete Económico. Me dijeron que después de esa reunión volvieron a confirmar varias veces que don Byron era “el segundo en mando”, y les pregunté: ¿lo continuará siendo? No me contestaron la pregunta, pero se despidieron de mí con una sonrisa en apariencia sospechosa, pero, al menos para mí, de difícil interpretación.
Nota: este es un extracto de un pasaje de mi próximo libro “Memorias de un empleado público”.
* Abogado y Escritor. 
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