¿Cómo está su país? Depende con cuál lo compare
Carlos Alberto Montaner
¿Cómo está su mujer?» -preguntan en todas partes ritualmente, a lo que en España suelen responder con otra cínica pregunta: «¿Comparada con quién?» Si el contraste es con Claudia Schiffer, sin duda no anda demasiado bien. Si el punto de referencia es Janet Reno, el panorama resulta mucho más consolador. A los países les sucede exactamente lo mismo. Desarrollo, prosperidad, riqueza o pobreza sólo pueden establecerse sobre la base de la comparación.
¿A las puertas del siglo XXI cuál es el país más rico de Iberoamérica? Sin duda, Chile. ¿Y cuál es el más pobre? También sin duda, Cuba. ¿Cómo lo sabemos? Porque los economistas manejan una cifra razonablemente fiable a la que en inglés llaman Purchasing Power Parity (PPP) y en español Poder Adquisitivo Paritario (PAP). Es la capacidad real de compra que tiene una sociedad de acuerdo con la cantidad de bienes y servicios que produce (PIB), medida en dólares para que no haya distorsión con los cambios ficticios de las monedas locales. De acuerdo con ese universalmente aceptado baremo, el más exacto que se conoce, Chile alcanza los $11,600 dólares y Cuba apenas llega a $1,540. El segundo país más rico es Argentina ($9,700). El segundo más pobre es Nicaragua ($2,100). Y la fuente de estos datos es uno de los más fiables anuarios de cuantos existen en el mercado: el que publicó la revista Time con carácter especial para conmemorar el año 2000 bajo la dirección de Borgna Brunner. Para hacer los cómputos, entre otras fuentes, los editores utilizaron cuestionarios especiales remitidos a los países, la siempre docta Enciclopedia Británica, los informes del gobierno norteamericano y el solemnemente riguroso Buró del Censo.
En realidad, el dato que aparece consignado ratifica lo que la simple observación propone. Un recorrido por Centroamérica nos indica que Panamá y Costa Rica son los países más prósperos de la zona. Y así es: Panamá posee un PAP per cápita de $6,700; Costa Rica $5,500. Luego siguen Guatemala $4,000, El Salvador $3,000 y Honduras $2,200. México, en cambio, llega a los $7,700. En el sur del continente se repite la coherente relación entre la evidencia y la cifra: Uruguay $8,900; Brasil $6,300; Paraguay, apenas $3,900. En la región andina sucede lo mismo: Venezuela $8,300; Colombia $6,200; Perú $4,420; Ecuador (antes del descalabro reciente) $4,400; Bolivia $3,000. En el Caribe, los puertorriqueños poseen $8,600 y los dominicanos algo más de la mitad: $4,700. No mucho, pero tres veces lo que posee la pavorosamente empobrecida Cuba. Insisto: $1,540.
Las cifras conducen a dos conclusiones interesantes. La primera es que, en general, se reitera una vieja tendencia histórica: más o menos ése ha sido el panorama relativo de las economías latinoamericanas a lo largo de los últimos ochenta años. Pero surgen dos excepciones: Chile y Cuba. Chile -si su sociedad no incurre en locuras y mantiene el rumbo- puede convertirse en el primer país latinoamericano que alcanzará a las naciones punta de Occidente en el curso de una generación. Su PAP ya está muy cerca del de Grecia ($13,000), la nación más pobre de la Unión Europea, pero la clase dirigente chilena exhibe una vitalidad notablemente más impresionante que la que uno puede percibir en Atenas. En cuanto a Cuba, la involución sufrida por la Isla constituye el caso más dramático de fracaso económico de toda la historia de América Latina. Cuando comenzó la revolución de Castro, Cuba se encontraba entre los tres países más prósperos de Iberoamérica, y su PAP era el doble del español. Hoy el PAP de Cuba es una décima parte del de España ($16,400), una sexta parte del de Argentina ($9,700) y algo más de la cuarta parte del de los costarricenses ($5,500). Por ahora sólo un país latinoamericano es más pobre que Cuba, pero cae fuera del ámbito de nuestra cultura: Haití, que posee un PAP per cápita de $1,070 dólares.
La segunda conclusión tiene que ver con Estados Unidos. A principios del siglo XX el PAP de América Latina era aproximadamente el 15% del de Estados Unidos. Cien años más tarde, el PAP de Estados Unidos asciende a $30,200, mientras el PAP promedio de Iberoamérica es de $5,500: en torno a un 18% del norteamericano. Es decir, estamos aproximadamente en el mismo punto, pero hemos descendido sustancialmente en el terreno del conocimiento relativo. A principios del siglo XX los latinoamericanos entendíamos y podíamos manejar prácticamente todos los campos de la ciencia y la tecnología entonces vigentes. Hoy se nos escapan la carrera espacial, la cibernética y la biogenética, por sólo citar tres campos clave del saber contemporáneo. ¿Es posible superar esta postración? Por supuesto que sí: los ejemplos de España y Portugal son alentadores. En una fecha tan reciente como 1970 españoles y portugueses emigraban a Argentina, Venezuela o Brasil en busca de países más prósperos y prometedores. Hoy el signo de la emigración se ha invertido totalmente. El Primer Mundo es perfectamente alcanzable. Parece que los chilenos se han dado cuenta. [©FIRMAS PRESS]
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