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SáBADO 14 DE OCTUBRE DEL 2000 / EDICION No. 221561 / ACTUALIZADA 12:15 am
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El Premio Nobel de Economía

No hay duda que los Estados Unidos es el país líder de la investigación económica. Este año, dos economistas estadounidenses, James J. Heckman y Daniel L. McFadden, ganaron el Premio Nobel de Economía por sus investigaciones en el campo de la economía laboral y de las escogencias individuales. Veintinueve norteamericanos han sido galardonados con ese codiciado premio de entre un total de 46 personas que lo han recibido desde que fuera instituido por el Banco de Suecia, en 1968, en honor del famoso científico sueco Alfred Nobel.

Dentro de los Estados Unidos, el primer lugar le corresponde a la Universidad de Chicago, en la que es profesor James Heckman. Chicago ha logrado 9 premios Nobel de Economía, o sea, más del doble de su más cercano competidor, la Universidad de Harvard. Tal parece que los chilenos no se equivocaron cuando hace varios años escogieron a un equipo de economistas de esa prestigiosa universidad para que los asesoraran en materia económica. Los resultados fueron muy positivos. Como se sabe, Chile es, hoy por hoy, el país latinoamericano más cercano a la posibilidad de abandonar la categoría de país subdesarrollado y pasar a la anhelada de país desarrollado.

Heckman es un economista controversial. En ocasiones ha hecho afirmaciones que le han valido el ataque y la recriminación de grupos sociales e ideológicos enteros. Tal cosa sucedió, por ejemplo, cuando cuestionó la utilidad económica de varios programas muy populares de entrenamiento y de educación de adultos en los Estados Unidos. Pero Heckman tiene fama de ser extremadamente riguroso y objetivo en sus investigaciones científicas. Gary Becker, otro ganador del Premio Nobel de Economía, de la Universidad de Chicago, ha dicho de Heckman que es un investigador que no tiene una agenda política. Y agrega: “A él lo que más le importa es obtener datos que puedan ser defendidos científicamente, y no la satisfacción de alguna ideología”. Esa opinión constituye un gran elogio en un campo plagado de personas que con gran desparpajo manipulan datos para ajustarlos a una creencia política predeterminada.

El mismo día que Heckman recibió la noticia de que había ganado el Nobel de Economía, causó otra de sus usuales controversias en Río de Janeiro, donde se encontraba, al defender ante la prensa de esa ciudad brasileña la liberalización de los mercados de trabajo. Ante los perplejos periodistas, Heckman dijo lo siguiente: “Cuanto más disminuye la regulación laboral más puestos de trabajo aparecen. Esto se puede apreciar claramente en numerosos países que redujeron sus normas y aumentaron el nivel de empleo”. Señaló cómo en Europa la estricta legislación laboral favorece temporalmente a los que están empleados, pero perjudica la situación de los desempleados y de los faltos de experiencia, al impedir la creación de nuevos empleos.

Uno de los países en los que más empleos se han creado en los últimos tiempos es Nueva Zelanda. Cuando hace algunos años la entonces ministra de Finanzas decidió flexibilizar los mercados de trabajo, fue criticada de ser una mujer desalmada y falta de sensibilidad social. Sin embargo, no pasaron ni doce meses para que se empezaran a ver los resultados positivos de esa acción. Al no encontrarse los empresarios restringidos por una inflexible ley laboral que más bien los incentivaba a no contratar nuevos empleados, el empleo empezó a aumentar considerablemente. Y al día de hoy, en Nueva Zelanda no sólo hay más gente empleada sino que el nivel de salarios también ha mejorado.

Experiencias positivas como esa chocan con la muy tristes experiencias negativas de casi todos los países latinoamericanos, incluyendo a Nicaragua, donde tenemos legislaciones laborales rígidas que supuestamente defienden los derechos de los trabajadores, pero que en la realidad actúan como un freno para la creación de nuevos puestos de trabajo. Ojalá que escucháramos los consejos de Heckman, pero más importante aún, ojalá aprendiéramos de las experiencias reales y positivas de esos países que han abandonado teorías económicas y filosóficas erróneas, y que por ello han sido capaces de crear empleos y mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos.  
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