¿Pacto libero-conservador?
Cristiana Chamorro xchamorro@laprensa.com.ni
La semana pasada el PPresidente Arnoldo Alemán envió unos empresarios-mensajeros al Partido Conservador con la propuesta de unirse en Managua, para que en las próximas elecciones municipales las “fuerzas democráticas” triunfen sobre el sandinismo representado por Herty Lewites. En concreto, Alemán propuso a los conservadores que ambos partidos hicieran una encuesta en la capital antes del 15 de octubre y si William Báez aventaja a Wilfredo Navarro, los liberales doblarían su rey por el conservatismo.
Según fuentes conservadoras dentro del partido hubo dos tipos de reacciones. Algunos pusieron atención al mensaje presidencial y consideraron la tentación de asegurarse una victoria verde con respaldo rojo, a cambio de iniciar un entendimiento con Arnoldo Alemán y explorar alianzas mayores para el 2001.
La mayoría conservadora decidió no prestarse a un manoseo de Alemán argumentando que la raya sigue vigente: “de un lado están los pactistas, corruptos y a este lado la esperanza verde”. Finalmente prevaleció esta última posición y los emisarios recibieron dos respuestas: una para el Presidente y otra para ellos.
Al primero le mandaron a decir: “el lastre de Alemán, no lo pueden cargar los conservadores, ni lo debe cargar nadie más que él”. A los segundos les respondieron con la siguiente pregunta: “¿por qué hace tres meses no fueron Uds. donde Alemán a detener la raya para que Solórzano ganara la Alcaldía de Managua que tenía ganada y así Herty Lewites no se convirtiera en la amenaza que dicen es ahora para Uds.?”.
A pesar de la contundencia de estas respuestas, los mensajes y el cabildeo para un entendimiento libero-conservador han continuado, porque para Alemán es más que urgente.
El mandatario con hechos ha demostrado que no le teme a un regreso de los Ortega al poder. Prueba es que pactó con Daniel Ortega, le cedió poder político y le facilitó el camino a la Presidencia estableciendo que con sólo el 35 por ciento de los votos cualquiera logre una victoria electoral. Por tanto, el mensaje de Alemán a los conservadores no es por miedo a los sandinistas de Ortega, con quienes se ha identificado en la forma de repartirse y ejercer el poder político.
En el fondo la propuesta del mandatario expresa el gran temor que tiene el Presidente Alemán de verse asociado con la derrota que le ofrece su candidato Wilfredo Navarro. La intención liberal de querer endosar la candidatura de Navarro al Partido Conservador, evidencia el terror de Alemán a salir del juego político y quedarse solito en Managua, como un espectador del poder viendo cómo se le va de las manos. Es cierto que al rendirse ante los conservadores Alemán pierde, pero al menos sigue jugando en otro pacto.
La búsqueda de este “pacto libero-conservador” obedece a la misma lógica con que Alemán le entregó a Daniel Ortega grandes concesiones en las reformas electorales y constitucionales. En el pacto libero-sandinista el Presidente se rindió ante Ortega, y a cambio se aseguró un asiento en la Asamblea Nacional para mantenerse en el juego y proteger su vigencia política con la inmunidad que le da una diputación.
Los mensajeros de Alemán se equivocan al creer que su representado es más demócrata que Daniel Ortega. Sin ánimos de juicios personales, es justo reconocer que Herty Lewites no es una encarnación del líder de su partido. Sin embargo, hoy representa al sandinismo de Ortega, igual que Navarro su contendiente liberal, es un delegado del Dr. Alemán.
Independientemente de la inteligencia que Herty y Wilfredo han demostrado tener, de sus buenas intenciones, sus conocimientos de los problemas del municipio, de ofrecerse como garantía de transparencia y honradez representan lo mismo: la consolidación y bendición del pacto libero-sandinista, fortalecimiento del caudillismo, impunidad, atropello a la institucionalidad, confrontación y otras expresiones de autoritarismo que caracterizan a los líderes de sus partidos, aunque ambos candidatos municipales intenten distanciarse de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán respectivamente.
Los dos, Lewites y Navarro, viven las mismas contradicciones. En su propaganda pareciera que se avergüenzan de los partidos en que están montados para llegar al poder, pero necesitan de su maquinaria para conquistar el corazón de Managua. Son rehenes de las fuerzas de Alemán y Ortega y en cualquier momento los pueden canjear, como Arnoldo Alemán lo está haciendo con Navarro. Y si se atreven a desafiar al “hombre” pueden ser eliminados de la escena pública en la forma que Daniel Ortega lo hizo con Carlos Guadamuz.
La única diferencia entre Navarro y Lewites, es que Herty se ofrece como la mejor garantía para impedir una posible constituyente. Es una promesa interesante que puede resultar atractiva, pero sólo para los que ven el futuro político con parámetros de hoy.
No necesitamos un regreso de Daniel Ortega al poder para detener la constituyente.
La victoria de una tercera alternativa, con votos liberales y sandinistas demócratas, la del candidato conservador William Báez en Managua significa un golpe mortal a la oprobiosa y destructiva política de pactos, caudillos, bipartidismo y amenazas constituyentistas.
Si Alemán y Ortega son derrotados en Managua, sus figuras se debilitan ante sus partidarios, sus mensajeros los desconocen al día siguiente, rápidamente disminuyen su capacidad de convocatoria para una constituyente ante el país y la comunidad internacional y sus partidos aprovecharían la oportunidad para movilizarse a renovar sus liderazgos y cambiar el ajedrez político.
Si los conservadores y los empresarios que los empujan caen en la trampa y pactan con Alemán, pierden la oportunidad de ganar legitimidad y credibilidad a través de las elecciones de alcaldes para Managua y es la “tierna esperanza verde” la que saldría del juego al convertirse en más de lo mismo. 
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