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JUEVES 12 DE OCTUBRE DEL 2000 / EDICION No. 22159 / ACTUALIZADA 12:30 am
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Día de la Hispanidad

Jorge Eduardo Arellano

Cuando el presidente argentino Hipólito Irigoyen declaró el 12 de octubre fiesta nacional de su nación, con el nombre de “Día de la Raza, Monseñor Zacarías Vizcarra -que ya había contribuido a la difusión del concepto- anotaba en el semanario bonaerense El Eco de España: “El doce de octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad”. Con ello, sugería sustituir un extemporáneo contenido segregacionista por los conceptos análogos de cristiandad y humanidad.

Las dos palabras tienen un sentido geográfico y un sentido ético. En sentido geográfico, significan el conjunto de todos los pueblos cristianos, y el conjunto de todos los hombres; en sentido ético, el conjunto de las cualidades propias de los pueblos cristianos, y el conjunto de todos los hombres. Así debiéramos llamar “Hispanidad”, en su acepción geográfica, al conjunto de todos los pueblos hispánicos de Europa, Hispanoamérica y territorios hispanoafricanos. Y en sentido ético, a la suma de cualidades que distinguen a esos pueblos de los restantes de la humanidad.

Estas cualidades distintivas corresponden a una fidelidad esencial al cristianismo, a un sentido de igualdad humana y a los valores espirituales -de baja en el mundo deshumanizado de hoy- como reacción al racionalismo moderno y al utopismo revolucionario. Cualidades que España, como portadora histórica de las mismas, asumió en su catolicismo militante, aquél que exaltó el pensamiento tradicionalista de Menéndez Pelayo: “España evangelizadora de la mitad del orbe, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, patria de San Ignacio...”

Pero en la significación de la Hispanidad los nicaragüenses encontramos no sólo una vinculación trascendente con la Iglesia de Cristo, sino con el heroísmo noble, quijotesco e ideal del pueblo español; con su extraordinaria literatura y su lengua que hemos asimilado y transformado creadoramente; en fin, con la búsqueda del Imposible que inspiró el alma española. Tal búsqueda fue interpretada por Darío en su poema “Al Rey Oscar”: “¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire,/ mientras la onda cordial alimente un ensueño,/ mientras haya una viva pasión, un noble español,/ un buscado imposible, una imposible hazaña,/ una América oculta que hallar, vivirá España!

Historiador. Subdirector de la Academia Nicaragüense de la Lerngua  
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