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JUEVES 12 DE OCTUBRE DEL 2000 / EDICION No. 22159 / ACTUALIZADA 12:30 am
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A mi hermano Walter

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Han transcurrido treinta días de habernos dejado, y en mi mente siempre están tantos recuerdos de todo lo que compartimos en vida, de lo que nos enseñaron nuestros padres, de que así como habíamos aprendido a compartir las alegrías, también debíamos saber compartir las tristezas y que siempre debíamos ayudarnos el uno al otro, porque unidad hacia la fuerza, pero hoy fallado y la fuerza me ha hecho falta para poder aceptar toda esta realidad.

Los recuerdos saltan en mi mente, pero todo aquello que hiciste cuando yo tenía algunos cinco años, y me llevaste a la venta a comprar un paquete de jabón, quizás con tus ahorros, y luego lo empacaste para que se lo regalara a mi madre en su día, aquel insignificante regalo lleno de voluntad me marcaría por toda una vida, porque era parte de lo que veníamos aprendiendo como era llegar a ser buenos hermanos, llenos de un gran sentimiento.

Nuestros vicios han sido únicamente las alegrías, las cuales siempre las hemos compartido con la familia, nuestros amigos, y con tus amigos de trabajo, pero nunca te imaginaste que aquella invitación que habías puesto el año pasado en este mismo tiempo, en el Mural del Fondo de Crédito Rural en donde con un croquis invitabas a la fiesta que llevaría a cabo en la finca El Robledal para celebrar mi cumpleaños, sería la última vez que lo estarías haciendo.

Tú entusiasmo fué tan grande en las fiestas, y siempre recordaré, aquellas tus palabras, en que decías, ni que llueva, truene, relampaguee, nada iba a detener la celebración de mi cumpleaños y mientras vivieras siempre yo iba a tener tu apoyo para poder mantener la tradición de muchos años que heredamos de nuestros padres.

Ni los niños podrán olvidar al tío Walter, aún con todos los regaños, porque eras el muchachero y los niños gozaban contigo cuando tú los llevabas, en los viajes de fin de semana que hacías a Estelí y tú también gozabas porque ellos te tenían más confianza que a nosotros lo cual permitía que te contaran las pequeñas aventuras que correspondían a la pequeña edad de ellos.

Las montadas, nadie se preocupaba tanto para la montada de los desfiles hípicos como vos, las monturas que estuvieran limpias, los frenos, las jáquimas, las espuelas, los caballos que estuvieran enllantados, los caballos para cada uno de los niños y hasta los sombreros que deberían lucir cada uno de ellos, y vos luciendo tus inseparables botas de cuero curtido con pelo que tanto te gustaban y que las comprabas donde Morán.

Aprecio hermano: Es difícil aceptar que no estés entre nosotros pero quiero decirte que has recibido el más grande aprecio de todos los quienes te conocieron, y que supieron valorar tu entrega al trabajo, de manera sincera honesta y eficiente, porque son valores inculcados por nuestros queridos padres, valores que hoy hacen mucha falta, por lo que estoy seguro, que el Señor te debe de haber asignado un lugar muy especial en la eternidad.

Un agradecimiento muy especial en nombre de Walter de nuestra familia, de sus hijas, de su esposa, al Dr. Horacio Jarquín y su esposa, quienes con sus visitas domingueras siempre llegaban a darle ánimo al Lic. Miguel Campos por su confianza prestada, lo cual siempre le dio tranquilidad, al Dr. Noel Ramírez por todo el apoyo brindado al Padre Esteban de la Iglesia El Carmen quien con sus oraciones lo fortalecía en su corazón y a todos los demás amigos y familiares que siempre estuvieron pendientes de la enfermedad de Walter, un eterno agradecimiento.

Que el Señor te tenga a su lado.

Hasta pronto hermano.

Salvador Castillo Montenegro  
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