La “ofensiva final” vista por la CIA
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 | Un informe ya desclasificado por la CIA hace un balance de la “ofensiva final” del FMLN, la cual fue dirigida por sus mandos políticos con la ayuda de los sandinistas, desde Managua. |
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Durante la visita del presidente de venezuel luis herrera campins, en 1981, los nicaraguenses que participan en el trasiego de armas a El Salvador, por medio de cayucos a través del Golfo de Fonseca, fueron colocados en primera fila, segun las memorias de Sergio Ramirez. |
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Eduardo Marenco eduardo.marenco@laprensa.com.ni
El informe ya desclasificado de la Central de Inteligencia Americana (CIA) sobre la ofensiva final de noviembre de 1989 del Frente Farabundo Martí (FMLN), sostiene que la adquisición de los misiles Sam-14 por parte de la guerrilla no logró ser un elemento decisivo y no garantizó la victoria militar.
“El Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí (FMLN) fracasó en su intento por iniciar una insurrección o dar un golpe a las Fuerzas Armadas con su ofensiva de noviembre de 1989, pero sí obtuvo logros políticos. Es pro-bable que la intensidad y la duración de la lucha haya causado que muchos salvadoreños, particularmente la élite, que anteriormente estaba aislada de la guerra, cuestione la capacidad del gobierno de cumplir con sus más básicos requisitos: Seguridad”, dice el informe del 26 de febrero de 1990.
Agrega que “los rebeldes se han beneficiado también de la aparente complicidad del Ejército en los asesinatos de los jesuitas, que dañaron la credibilidad del país y podría amenazar el apoyo extranjero si se enjuicia a los culpables”.
Los objetivos y los motivos del FMLN
Las evidencias indican que la ofensiva rebelde que comenzó en noviembre fue un importante paso que involucró meses de preparación, incluyendo la expansión del apoyo de la infraestructura en la capital, San Salvador, la acumulación de grandes cantidades de municiones y grandes reclutamientos, señala la CIA.
Según la CIA, “el FMLN creía que la organización política, clandestina, las actividades de propaganda y las operaciones de bajo riesgo generarían un sentimiento en contra del gobierno y el apoyo popular para una insurrección, que se convertiría en una ofensiva que aplastaría al gobierno”.
Cronología de la Ofensiva
La ofensiva comenzó el 11 de noviembre, cuando entre 2,000 y 2,300 rebeldes lanzaron ataques coordinados, principalmente en la capital. “Los intentos de asesinar al presidente Cristiani, al vicepresidente Merino y al presidente y el vicepresidente de la Asamblea Legislativa, fracasaron. Se hicieron esfuerzos similares para asesinar al liderazgo militar que había comenzado unos días atrás cuando la Policía detectó una casa de seguridad del FMLN en San Salvador y arrestó a los insurgentes”, asegura la CIA.
El FMLN también habría planeado varios sabotajes mi-litares claves, en la base de la Fuerza Aérea, en el aeropuerto de Ilopango, las brigadas 1, 2 y 3 y 6 de Infantería, el Departamento de Ingenieros Militares y los Batallones de Infantería de Reacción Inmediata y Militar, en la fase inicial de la ofensiva. A pesar de que era intensa la lucha en torno a estas bases, no se logró capturar ni destruir nada.
La población no reaccionó como el FMLN esperaba
El curso de la lucha le permitió a los insurgentes retirarse de los vecindarios de clase trabajadora en el norte y este de San Salvador luego de que comenzara la ofensiva, según la CIA: “Así lo indica el liderazgo del FMLN que esperaba que la clase trabajadora salvadoreña se alzara y los apoyara. Los rebeldes forzaron a algunos residentes a ayudarlos, pero muchos civiles no apoyaron la lucha. Los insurgentes se movieron dentro de los suburbios densamente poblados, lo que les permitió usar a la población civil como una mampara contra el poder superior del gobierno, pero el Ejército se basa principalmente en las fuerzas de infantería, que tuvo éxito al golpear a los rebeldes en una semana”.
Sin embargo, el FMLN continuó manteniendo a las fuerzas del gobierno fuera de control y se mantuvo en la mira de los medios de comunicación, a través de una serie de acciones no esperadas y camufladas, tales como la toma del Hotel Sheraton. El 29 de noviembre, los insurgentes se infiltraron en algunos suburbios del occidente influyentes de San Salvador, donde residen muchos oficiales de EEUU. Un diplomático de EEUU fue tomado temporalmente como rehén y destruyeron la residencia de un antiguo oficial de EEUU.
El análisis de la CIA sostiene que a pesar de que a principios de diciembre, el ejército había empujado a la mayoría de las fuerzas rebeldes fuera de la capital, grandes concentraciones de insurgentes se mantuvieron en posición fuera de San Salvador y otras ciudades importantes, amenazando con una segunda ola de ataques. El ejército mostró preocupación por los exagerados informes de ataques rebeldes, “una preocupación que surgió por el descubrimiento de que Managua había enviado mísiles aéreos y terrestres SAM-7 al FMLN y se había fijado una postura reactiva estratégica. El apoyo de EEUU eventualmente animó al Alto Comando a despachar varios batallones contra los insurgentes. Esta campaña a la fecha ha resultado en logros dramáticos, pero ha obligado a muchos insurgentes a volver a esconderse y continuar interrumpiendo sus planes”.
Resultados de la Ofensiva
A pesar de logros políticos, el FMLN también sufrió importantes retrocesos políticos y militares. “El fracaso de los salvadoreños para resurgir en una insurrección popular o un apoyo voluntario de forma significativa indica el apoyo popular del FMLN que no representó un desafío político para el gobierno. La exposición de muchos miembros de grupos del frente urbano, tanto al participar en combates y a través de la información proporcionada por líderes, aumentó el aparato político del FMLN en la capital. Los insurgentes surgieron de la ofensiva debilitados por varias víctimas; los reclamos del ejército salvadoreño de 1,600 rebeldes asesinados, 1,000 heridos en comparación con los 500 asesinados y los 1,300 heridos para el gobierno”, dice el análisis norteamericano. 
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