El caso de los Cayos de Perlas
Es correcta la decisión del gobierno de investigar el caso de los Cayos de Perlas, que fueron comprados por el inversionista griego Peter Tsokos para revenderlos con fines comerciales.
La investigación es necesaria para dilucidar el caso de los 7 cayos que compró y está revendiendo el inversionista griego, pero también porque -como informó ayer el canciller en funciones, José Adán Guerra-, dará la pauta jurídica para que el gobierno se pronuncie sobre otros casos similares, como el de Corn Island, que igual se está ofreciendo en venta por medio de la internet. Además, como señaló el mismo funcionario, la intervención gubernamental en el asunto es tanto más importante por cuanto los Cayos de Perlas están ubicados en una zona que es considerada por las autoridades como parte de la ruta del narcotráfico internacional”.
Esperamos, pues, que la anunciada investigación gubernamental se haga lo más pronto posible para que el caso de los Cayos de Perlas se esclarezca y resuelva conforme a derecho, ya sea para proteger y reafirmar los intereses del inversionista griego Peter Tsokos, o para reivindicar el derecho de las comunidades indígenas que reclaman la propiedad de dichos cayos.
Al respecto nosotros consideramos que tienen razón quienes alegan que el hecho de que el artículo 10 de la Constitución Política de la República establezca que “La soberanía, jurisdicción y derechos de Nicaragua se extienden a las islas, cayos y bancos adyacentes”, no significa que el Estado es propietario del territorio nacional. Ciertamente, el derecho de soberanía que ejerce el Estado sobre el territorio nacional, incluyendo las islas y los cayos, nada tiene que ver con el derecho de propiedad privada legítimamente adquirida que ejercen los particulares, tanto nacionales como extranjeros.
Pero es en la interpretación del Código Civil que se origina la controversia sobre el derecho de propiedad sobre los cayos, ya que el artículo 642 de dicho Código establece que “Las islas que se forman en los mares adyacentes a las costas de Nicaragua y en los ríos navegables y flotantes, pertenecen al Estado”. Por eso es necesario que la comisión interinstitucional del Gobierno y particularmente la Procuraduría General de la República, esclarezcan si en el concepto “islas” del Código Civil están comprendidos los “cayos”, para determinar la validez o invalidez de las transacciones de compra-venta de los Cayos de Perlas y de cualesquiera otras islas “que se forman en los mares adyacentes a las costas de Nicaragua”.
Por otro lado, también se debe investigar la acusación que han hecho el inversionista griego Peter Tsokos y su abogado nicaragüense, Peter Martínez, de que detrás del “escándalo” por la venta y reventa de los Cayos de Perlas, están algunos “dirigentes políticos” del Atlántico Sur que supuestamente quisieron ser socios del proyecto pero fueron rechazados. Si eso es cierto, el inversionista griego debería acusarlos ante los tribunales, pues se trataría de un hecho delictivo que debe ser castigado por la ley.
Finalmente, en lo que se refiere a quienes dicen que nuestras publicaciones sobre los cayos desalientan a los inversionistas extranjeros, debemos explicarles que así como reclamamos transparencia al gobierno también debemos exigirla a los empresarios privados, tanto nacionales como extranjeros.
Nosotros queremos que haya inversión extranjera. Esta es la única que puede ayudar al país a salir de la difícil situación económica en que se encuentra. El gobierno tiene que crear las condiciones adecuadas de estabilidad y confianza que necesita el capital extranjero para ingresar al país para desarrollar la economía y crear riqueza que sirva para disminuir el desempleo y la pobreza, para que los inversionistas obtengan beneficios y desparramen beneficios entre toda la sociedad, particularmente entre los trabajadores y los sectores más empobrecidos de la sociedad.
Sólo que, así como el Gobierno para ser eficiente debe dejar de ser corrupto, también las inversiones privadas para ser provechosas deben ser respetuosas de la ley y transparentes en todo el sentido de la palabra. 
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