Opinión Económica
Economistas y políticos 2000
Róger A. Cerda
Hace 5 años, durante la pasada campaña electoral escribí un artículo con este mismo título, al cual hoy le agrego “2000”. Hace 2 años ganó el Premio Nobel de Economía Amartya Sen, quien afirmaba que la pobreza se combatía mejor con libertad de prensa y libertades públicas. Efectivamente, donde hay más libertades públicas hay menos pobreza.
Quiero referirme a lo que algunos de los premios Nobel en economía han afirmado, para extraer algunos elementos que puedan aportar algo a la discusión, el debate y la solución de nuestros problemas.
Frederich von Hayek y Gunnar Myrdal recibieron el premio en 1974 por descubrir las interrelaciones entre los procesos políticos, económicos y sociales. El marco institucional para las decisiones económicas, la libertad económica, protección legal de los negocios y la eliminación de las trabas burocráticas, es indispensable en la búsqueda de la riqueza colectiva. En algunos países, el trámite en las entidades públicas para iniciar una empresa dura 24 horas, mientras que en Nicaragua toma meses.
James Meade y Bertil Ohlin (1977) reconocieron que el comercio exterior, exportaciones e importaciones y, los flujos de capitales, son indispensables para el desarrollo. Ohlin admitió que la tecnología logra ventajas en el comercio internacional y que la mano de obra barata no es ninguna ventaja, como sostenían anteriores economistas y como algunos lo siguen sosteniendo en Nicaragua y Costa Rica. En Nicaragua no han habido políticas para el fomento y la diversificación de las exportaciones ni de inversión extranjera, ni fomento de tecnologías para aumentar el nivel de vida del pueblo.
Sir Arthur Lewis, mi Maestro y Theodore Schults (1979), enfatizaron las consecuencias para el crecimiento económico de la elasticidad de la oferta de trabajo, los términos de intercambio y el rol de la inversión en capital humano. Si se tomaran en cuenta estas ideas, superaríamos parte de nuestra pobreza.
James Tobin (1981) analizó los mercados financieros y su relación con empleo, producción y precios; Franco Modigliani (1985) estudió las consecuencias del ahorro de las amas de casa y junto con Merton Miller (1990) sentaron las bases para el campo de las finanzas corporativas; Harry Markowitz, Merton Miller y William Sharpe (1990) estudiaron los portafolios de inversión; Robert Merton y Myron Scholes (1997) inventaron la forma de establecer los precios de los derivados en los mercados de capitales.
El área tratada por este grupo de economistas se encuentra en forma embrionaria en Nicaragua, a pesar de ser tan importante para el progreso de nuestra economía. No tenemos mercado de capitales, la bolsa de valores no crece y los instrumentos financieros son muy limitados. Sin ello, no crecerá la inversión ni el empleo; solamente crecerá el riesgo que corren los inversionistas. Sin embargo, la Asamblea Nacional promulgó una ley que privatiza las pensiones mediante el ahorro forzado de los empleados formales, obligándolos a depositar sus ahorros en empresas que aún no existen, careciendo el país de supervisión adecuada aún para las que ya existen, tal y como se demostró recientemente con la crisis bancaria de agosto 2000. Los beneficios de tal régimen están determinados por el azar, mientras el país se endeudó más para establecer ese sistema.
Lawrence Klein (1980) creó modelos econométricos aplicados al análisis de las fluctuaciones y las políticas económicas, mientras Richard Stone (1984) estudió el sistema de cuentas nacionales. En Nicaragua no contamos con cuentas nacionales, herramienta indispensable para diagnosticar el estado de la economía, lo que impide a los sobrepagados burócratas hacer buenos pronósticos y tomar decisiones oportunas, a pesar de la sangría que significa para el país el monto de sus megasalarios.
James Buchanan (1986) investigó la frontera entre el proceso de toma de decisión económica y la política, criticando a políticos y funcionarios por no preocuparse del bienestar general de la sociedad, sino sólo de satisfacer sus propios intereses privados, dejando al descubierto sus ambiciones al enriquecerse ilícitamente.
Robet Solow (1987) contribuyó a la teoría del crecimiento macroeconómico en el largo plazo y describió cómo la acumulación de capital genera incrementos en la productividad. Si el stock de capital no aumenta no hay avance tecnológico ni incremento en la productividad. Y, sin productividad, no hay crecimiento ni eliminación de la pobreza.
Ronald Coase (1991) se refirió al significado de los costos de transacción y de los derechos de propiedad para la estructura institucional y Douglas North habló del rol de las instituciones en el crecimiento de las economías. Sin instituciones sólidas, ni reglas claras del juego, no puede haber prosperidad.
Robert Lucas (1995) estudió el rol de las expectativas de la gente en el análisis macroeconómico. La percepción que tienen los consumidores de la situación económica es clave para el crecimiento. La economía son las expectativas de la gente. Si la gente cree que la economía va bien, es que la economía va bien y, viceversa.
En conclusión, es obvio que existe una relación directa entre las instituciones democráticas y el desarrollo, así como entre el capital humano, los incentivos económicos y el capital social.
Los países que han avanzado han usado el capital humano para innovar, implementando sistemas de transacciones más eficientes, compartiendo riesgos y proporcionando diversificación, de manera que han permitido generar utilidades, un excedente.
Ningún país llega a las grandes ligas con productos primarios (café, melones, azúcar, etc.), sin desarrollar actividades con mayor valor agregado, nunca terminará la deuda, ni la pobreza, ni llegará el desarrollo ni la redención del pueblo.
Las cifras nominales del “enorme gasto social” no sirven de nada sin un Plan Nacional de Desarrollo. Los extintos regímenes comunistas autoritarios de Europa Central y Rusia invertían en educación y salud los porcentajes más altos del mundo respecto al presupuesto; sin embargo, tenían uno de los peores desempeños económicos y sociales. Y se derrumbaron desde dentro.
A la gente hay que darle incentivos para que los utilicen efectivamente. Sobre todo, los gobernantes tienen que dar el buen ejemplo. Pero, no se puede tener capital humano efectivo sin el sistema económico apropiado, uno que dé a los pequeños empresarios, trabajadores, profesionales, técnicos e inversionistas, incentivos capaces de unir los capitales humanos y físicos.
Si Nicaragua no ha progresado es porque su estructura política y su clase dirigente son un fracaso. El éxito de una economía, de un país, depende de su sistema político, porque el sistema político afecta la distribución de los recursos.
*Consultor económico y empresarial e-mail: rcerda@post.harvard.edu 
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