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Teatro
Yo soy Macbeth

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Luis Humberto Guzmán

A Enrique, Salvador y Cristina

En septiembre y a comienzos de octubre se presentó en la Sala Experimental “Pilar Aguirre” del Teatro Rubén Darío, Yo soy Macbeth, una versión libre de Enrique Polo sobre la obra de Shakespeare con las actuaciones de Salvador Espinoza como Macbeth y Cristina Saballos como Lady Macbeth. Fue un esfuerzo digno de mejor reconocimiento, la adaptación de Enrique Polo conserva fidelidad en el sentido y belleza en la expresión respecto a la versión original de Shakespeare. Las actuaciones de Salvador Espinoza y Cristina Saballos fueron soberbias. Todos ellos merecen una ovación por un esfuerzo exitoso.

Macbeth es la tragedia política por excelencia en Shakespeare. Habiendo suprimido una rebelión Macbeth se coloca muy cerca del trono, y esta proximidad le despierta la tentación de usurparlo, cede ante ella y asesina al soberano legítimo, a sus herederos y a los testigos de todos los crímenes. Macbeth termina asesinando a todo el mundo, pues todo el mundo está contra él, Macbeth mata su propio sueño, condenándose un insomnio eterno, al final Macbeth debe matarse a sí mismo. Ha recorrido de arriba abajo la escalera de la historia. Ese es Macbeth.

Esta es una tragedia de codicia, de terror y de crímenes, los crímenes son concretos, físicos, palpables, en la práctica la obra está dividida entre quienes asesinan y quienes son asesinados. Incluso en su escenografía Macbeth es una tragedia oscura, se desarrolla de noche fundamentalmente, apenas se alude a la luz del día en un par de ocasiones.

Al igual que de las fábulas elementales se extraen moralejas, hay quienes infieren lecciones morales y filosóficas de las obras de Shakespeare, sin embargo él no suscita unanimidad, hay críticos literarios como Frank Kermode, y T. S. Eliot quienes niegan que haya una filosofía en las obras de Shakespeare, alegan que no cultivó un pensamiento filosófico coherente y que tampoco se ocupó de la presentación sistemática de un cuerpo de ideas.

Sin embargo las obras de Shakespeare tratan sobre los problemas clásicos de la filosofía política: legitimidad e ilegitimidad, sucesión y usurpación, gobierno de hombres versus gobierno de leyes, moral privada y moral pública. Shakespeare nunca escribió un tratado filosófico sobre el poder al estilo de la República o la Política, el realismo de sus textos lo coloca más cerca de El Príncipe de Maquiavelo, sin embargo su mensaje es más filosófico que pragmático, generalmente, al final el bien triunfa sobre el mal y los héroes sobre los villanos, pero no de una manera mágica, sino a través del sinuoso y sangriento camino de la lucha y el conflicto.

En realidad Shakespeare nos ofrece un enfoque singular de la filosofía política, aborda sus temas clásicos sugiriendo donde está el bien, pero considerando la naturaleza del alma humana en su grandeza y en su miseria. El resultado es que nos ofrece una visión filosófica de la política –también del amor-, pero asentada sobre las realidades de las pasiones que desatan la lucha por el poder.

Shakespeare pone especial atención en los agentes de la política, en los hombres y mujeres que compiten por el poder, y al analizar el alma humana ofrece un ángulo imprescindible para el enfoque de la política, pues cualquier conocimiento de la política sin una cabal comprensión del alma humana es incompleto y por tanto termina en la incomprensión de la política.

El impacto de Shakespeare en la conducta humana probablemente sea mayor que el de Platón y Aristóteles como pensadores políticos. El recurso del teatro ofrece mayores facilidades divulgativas y pedagógicas que la pura lectura de conceptos abstractos flotando en el éter, resulta más atractivo e influyente apreciar los conflictos morales en personas, aunque sean personajes de obras teatrales. Dicho sea de paso esta influencia del teatro como instrumento de divulgación de ideas no sólo viene de la antigüedad clásica de los griegos, sino que también parece tener un carácter universal, considérese la influencia de los teatros populares en Asia.

En Macbeth, Shakespeare nos muestra la codicia y sus armas. Todos los recursos son válidos para alcanzar aquello que se codicia. Macbeth realiza los más descarados ejercicios de simulación y engaño, promete lealtad y traiciona, jura decir la verdad y miente. Macbeth hace de la doblez y falsedad humana, una virtud, “un rostro falso debe ocultar lo que sabe un falso corazón” (I,7).

La obra también muestra la influencia de la pareja del usurpador del poder, uno puede llegar a preguntarse si Macbeth hubiese cometido todos esos crímenes, sin el estímulo de Lady Macbeth, o si ella sólo le apoyó porque él ya estaba decidido a usurpar el trono, en esta oportunidad Shakespeare nos muestra una mujer con tanta o más ambición que el hombre. “Corred a mi espíritus, propulsores de pensamientos asesinos!... espesad mi sangre; cerrad en mí todo acceso, todo paso a la piedad, para que ningún escrúpulo compatible con la naturaleza turbe mi propósito feroz ni se interponga entre el deseo y el golpe...” (I,5).

Macbeth es la historia de una pareja inescrupulosa, es el drama más revelador de la codicia, de la obsesión por el poder y sobre todo de la falta de límites, cometido el primer crimen, nunca más se regresa la inocencia. Es un drama rigurosamente humano, no son fuerzas sobre naturales ni demonios míticos los que desatan estas pasiones.

La obra está llamada a provocar horror en el espectador y en lector ante tanta maldad. Shakespeare nos muestra un retrato dantesco de la codicia para que huyamos de ella, y reunamos las fuerzas necesarias, para acallar el trozo de Macbeth que cada uno lleva en el pecho.

Nadie está libre de la tentación de volverse Macbeth. Todos podemos decir, con Enrique Polo:

“`yo soy Macbeth tanto como cualquiera de los aquí presentes no elegí mi destino, soy fruto de la sola posibilidad... el libre albedrío es la cruel entraña que nos da existencia, y es, por oscuro que parezca, la razón de mi presencia en este frío y desolado escenario” (versión libre de Enrique Polo).

Shakespeare y sus obras estarán presentes también en el siglo XXI porque el alma humana parece ser inmutable en sus grandezas y en sus miserias. Porque al codicia es eterna, Macbeth es actual.

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