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LUNES 2 DE OCTUBRE DEL 2000 / EDICION No. 22149 / ACTUALIZADA 01:00 am
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Verdaderas mentiras

El escritor español Luis Ignacio Parada, columnista del diario ABC de Madrid, dice que “antes los políticos sólo mentían en caso de extrema necesidad, pero ahora rara vez un discurso político contiene una verdad, todo lo más, una mentira voluntarista o una exageración”. Parada se refiere a los políticos españoles, pero en todo el mundo se tiene a los políticos por mentirosos, “los que están en el poder, porque creen que todo ocurrirá según sus deseos; y los que quieren alcanzarlo porque creen que descubrir los errores ajenos tapa los propios”.

En Nicaragua, por ejemplo, el pacto libero-sandinista se consumó para repartirse los altos, influyentes y lucrativos, cargos públicos entre los partidos PLC y FSLN, y para facilitar legalmente el regreso de los sandinistas al gobierno a cambio de una curul e inmunidad permanente para el Presidente Alemán, pero en la justificación se habla de supremos intereses de la Patria, gobernabilidad, preocupación por el bien común, etc.

Lo mismo pasa con el pacto de la Unidad Social Cristiana (USC) con el FSLN, que fue oficializado el viernes recién pasado y mediante el cual esa rama del social cristianismo local pretende obtener algunos diputados en las elecciones del próximo año. Pero no es eso lo que se dice al público sino frases patéticas de “perdón por acciones y omisiones del pasado”, y compromisos rimbombantes de que si el FSLN vuelve al poder con ayuda de los social cristianos, habrá “estabilidad y garantía de la inversión privada, nacional y extranjera, seguridad a la propiedad privada, no confiscaciones, no al Servicio Militar, promoción de empleo y reducción de la pobreza, elaboración de una propuesta de Nación que sería aprobada por todos los sectores, no confusión del Estado-Partido, freno a la corrupción y respeto a las relaciones internacionales con países como Estados Unidos, Israel y Taiwan y la transferencia del 6% a las municipalidades” (LA PRENSA, 2 de septiembre de 2000).

¡Por favor! ¿Acaso no fueron iguales que esos, y hasta mejores, los compromisos que el FSLN asumió antes de tomar el poder en 1979, que se estamparon con hermosas palabras en el Programa de Gobierno de Reconstrucción Nacional, el Estatuto Fundamental y el Estatuto de Derechos y Garantías de los Nicaragüenses”? ¿Y no fue todo lo contrario lo que hizo el FSLN durante los 10 años y 9 meses que estuvo en el poder?

La verdad es que ya no estamos para que nos quieran dar atol con el dedo. Los socialcristianos de la USC deberían ser francos y reconocer que han pactado con el FSLN porque no les quedó alternativa después que fueron rechazados por los conservadores. Y explicar que con su alianza con el FSLN podrían colocar a Agustín Jarquín en la fórmula presidencial sandinista y además conseguir algunos diputados.

Por su parte, los sandinistas deberían decir lo que es obvio, que su alianza con la USC es para tratar de aprovechar las simpatías entre sectores no sandinistas que obtuvo el socialcristiano Agustín Jarquín cuando se desempeñó al frente de la Contraloría. Y que con eso esperan mejorar la posibilidad de ganar la elección presidencial el próximo año, después que ya se la facilitaron el PLC y el Presidente Arnoldo Alemán al bajar el umbral electoral hasta el 40% de los votos válidos, e inclusive hasta el 35%, en caso de que la diferencia con el segundo lugar sea mayor que 5%.

Por supuesto que nadie puede asegurar que los cálculos del FSLN y de los socialcristianos de la USC serán confirmados por la realidad. Como se sabe, los votos y las simpatías políticas se transfieren sólo en muy raras ocasiones y es probable que, como consecuencia de su pacto con el FSLN, la popularidad de Jarquín entre los votantes no sandinistas desaparezca o disminuya considerablemente.

En cualquier caso, sería más provechoso para socialcristianos y sandinistas hablar con franqueza y decir cuáles son sus motivos y propósitos verdaderos. Pero, como bien dice Luis Ignacio Parada, antes los políticos mentían por necesidad y ahora lo hacen por placer y costumbre, o para encubrir aviesas intenciones.  
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