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LUNES 13 DE NOVIEMBRE DEL 2000 / EDICION No. 22191 / ACTUALIZADA 01:00 pm.
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Oriente
Los publicistas callejeros que dan vida a Masaya

Foto  
.Los anunciadores que utilizan autosparlantes ya son elementos propios del folklore comercial nicaragüense y pueden verse en todas las ciudades y pueblos publicitando desde las cosas más serias a las más inverosímiles. Los de Masaya, por su originalidad, marcan la pauta

Dentro de la camioneta, Sergio Ramírez Lezama, un hombre que dejó la zapatería para meterse a publicista.

 

Leopoldo Arias/Corresponsal
departamentos@laprensa.com.ni

MASAYA.- Para explicar el origen de sus quehaceres y costumbres muchos pueblos tejen alrededor de ellos relatos y fábulas que van adhiriéndose al folclor, historia o bien a la cultura general de esas poblaciones. Se dice, por ejemplo, que la publicidad nace en Masaya con los pregones de aquellas personas que a grito partido van por la calle anunciando y vendiendo sus productos.

Qué pintoresco sería aquel personaje llamado Pablo Ramírez, de quien dicen que iba por las calles montado en un coche, y con una bocina similar a un embudo hacía un sonido igual al de un saxofón con el que la gente de los años 35 al 40 se identificaba y salía a las aceras a escuchar los mensajes.

Ramírez los decía en alta voz y en el contenido de su publicidad figuraban la función de los cines, misas de muertos y otros aconteceres de utilidad popular.

Varios años más acá, allá por 1960, dio la casualidad que don Félix Pedro Thomas Fonseca, hijo de norteamericano y de madre nandaimeña, compró unos parlantes, los instaló sobre su vehículo y a una velocidad de 25 kilómetros por hora comenzó a anunciar las ofertas de las pocas casas comerciales que tenía Masaya.

Su hijo Donald Spencer Thomas Urbina, quien heredó el negocio, dice que diez años después de la muerte de su progenitor, la gente sigue solicitando su “Publicidad Félix Thomas”.

“Este nombre es sinónimo de publicidad y constituye una actividad reconocida que dejó mi papá, quien tuvo una gran demanda en 1972 cuando casi todos los negocios de Managua se trasladaron a Masaya, después del terremoto”, recuerda Thomas.

Fue su voz natural, fuerte, sonora y clara lo que le abrió paso a su negocio que la gente bautizó como “La Barata”, este tipo de publicistas ambulantes existen por todos los pueblos y ciudades de Nicaragua y cada uno tiene una historia que contar, como es el caso de don Guillermo Bermúdez “Chocolate” (q.e.p.d.), de la ciudad de Granada.


Son publicistas natos

Fue don Félix Thomas Fonseca uno de los pioneros de la publicidad con parlantes, entre las cosas que pregonaba por las calles de Masaya, estaba el diario LA PRENSA cuyos titulares leía en voz alta, llegando a vender miles de ejemplares con la ayuda de su esposa e hijos.

“Anunciaba en el estadio cuando el San Fernando era un equipo de pocas victorias, íbamos a buscar propaganda y el comercio poco nos apoyaba porque “Las Fieras” no era un equipo tan batallador como el de ahora”, recuerda Donald Spencer Thomas Urbina, quien jamás estuvo en una cabina de radio.

Don Félix comenzó a pura garganta en un tiempo en que no había grabadoras pequeñas para acomodarlas junto al amplificador y poner un casete, porque en esa época sólo las radioemisoras tenían pero de tamaño extra grande, recuerda nuestro entrevistado.

El pregón y los autoparlantes continúan siendo una forma de promoción fresca y renovada de la publicidad oral, que a diario se escucha en las calles y mercados.

El doctor Guillermo Rothschuh Villanueva, en su libro “La Onda Pervertida” en su capítulo No. 12, nos habla de este tema y hace reseñas históricas interesantes de los primeros que trabajaron con magnavoces, sin dejar de decir que el primero que usó este tipo de publicidad fue don Santos Ramírez, en los años 30, en el Mercado San Miguel de Managua.

Desde esa época la barata y los pregoneros continúan sonando por las calles, sobreviviendo a las radioemisoras, a la televisión, a los periódicos, satélites, computadoras e Internet.


“El Ñato”, de zapatero a publicista

Sergio Ramírez Lezama perdió su negocio de calzado “Serrale” al ocurrir un incendio en el mercado viejo durante la guerra (1978). Quedó sin un centavo de la inversión de 20,000 córdobas que había hecho, más una deuda de 1,000 córdobas que debía y tuvo que pagar a una cooperativa que estaba ubicada frente al Colegio Nuestra Señora del Pilar.

“Estaba palmado, pero tenía un motor viejo que acondicioné para convertirlo en una lija para suelas de zapatos, también comencé a afilar cuchillos en la Estación del Ferrocarril donde volvió a surgir el comercio de Masaya”, dice Ramírez Lezama.

Después doña Margarita Fernández se lo llevó de fiscal a su empresa de buses donde trabajó por corto tiempo porque un cuñado le ofreció pagarle 30 por ciento de las utilidades que dejara un taxi ruletero. Este hombre metido a publicista de autoparlantes, en su juventud fue analfabeta, no sabía leer ni escribir, hasta que unos vecinos le enseñaron y la necesidad de la vida le hizo incrementar sus conocimientos.

Jamás pensó que iba a trabajar recorriendo las calles a 25 o bien a 65 kilómetros por hora, según como lo contratan sus clientes, y que con diversos ritmos enunciativos en consonancia con los diferentes productos ofertados, iba a darles de comer, vestir y estudiar a sus hijos.

Considera él que no le hace competencia a las radios, ni a la televisión, ni a su compañero de trabajo don Francisco Solano... ¡Hola Lola!.. Ni a Thomas, a los que respeta, ya que ellos tienen sus propios clientes.

“Tengo varios cursos de publicidad por correspondencia de esos que anunciaba LA PRENSA, y los he estudiado hasta donde he podido, converso con las personas que saben del oficio, leo revistas y el mismo diario de donde saco la creatividad”, dice.

Sus conocimientos de locución se los debe al folclorista Bayardo Ortiz Pérez, su universidad de la vida fue “Radio Masaya” donde llegaba todo los días a observar cómo controlaban y hablaban por los micrófonos los locutores, Armando Huete, Alejandro Abdalah y Antonio López Navarro.

Tanto le gustó la onda que hasta quiso comprar una radio en FM y consultó con don José Tapia Bolaños (q.e.p.d.) “Peñita”, pero le aconsejaron que no invirtiera en eso porque no era AM (Amplitud Modulada).

Antes de todo eso trabajó en León de donde trajo dinero y compró una máquina de zapatería y montó su taller.

Después se hizo amigo de los de la radio y Alejandro Abdalah le vendió los primeros parlantes y un amplificador, no sin antes preguntarle para qué quería él eso. “Pues como andaba en farra, le dije que para anunciar mis zapatos y no pagara en publicidad y así he llegado hasta donde estoy”.

¡Vista elegante con zapatos! ¡La Raspadita tiene premio! ¡El mondongo! ¡El pan francés!, ¡La Lecheeeee! Van los pregoneros anunciando su mercancía, por las calles y mercados, dinamizando el comercio.

Considera que con sus parlantes ganó, porque pasó de zapatero a anunciador y gana más, “no es que me sienta mal pagado de la zapatería, porque eso me dio para comer durante mucho tiempo, pero la publicidad me da para vivir y para darle educación a mis hijos que son el sueño de mi vida”.

“Ya eso del refrán de “zapatero a tu zapato” no es para mí”, dijo este polifacético pregonero de Masaya, que hace sus anuncios con toda naturalidad.


Del pregón al parlante

Pablo Ramírez fue un pionero. Montado en su coche tirado por caballos, armado con un pitoreta que tenía el sonido de un saxofón, vendía toda clase de productos

De alguna manera esta forma de anunciar basada en subir el volumen de la voz, tiene sus antecedentes en los pregoneros de la edad media y del siglo pasado

Con la “Barata” de don Santos Ramírez este tipo de publicidad se motorizó, en Masaya recogió el guante don Félix Pedro Thomas Fonseca, medio gringo y nandaimeño

La publicidad motorizada tuvo un repunte después del terremoto de 1972, cuando muchas casas comerciales se trasladaron a la Ciudad de las Flores

El pregón y la barata constituyen una manera fresca y renovada de publicidad oral que no tiene competencia, pues ha sobrevivido a los embates de la radio, la TV y la prensa escrita   
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