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JUEVES 22 DE JUNIO DEL 2000 / EDICION No. 22047 / ACTUALIZADA 01:00 am
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En el día del padre

A mi padre Lic. Rodolfo Ruiz Cruz

Estelí Nov. 1938-Dic. 1999 (QEPD)

Hoy hace ya 6 meses que partiste de esta tierra, por la irresponsabilidad de un sujeto que me arrebató uno de mis más grandes tesoros: A mi padre, mi amigo, a mi mejor consejero y apoyo; hoy por hoy tengo la mejor satisfacción de haberle demostrado, de haberle hecho sentir mi gran respeto, mi amor, mi agradecimiento por empujarme, por tomarme de la mano cuando lo necesitaba, por formarme como profesional aún en la adversidad del exilio, por inculcarme principios morales de honradez, del concepto real de la vida, de la amistad, porque tuviste muy grandes amigos casi hermanos.

En mi vida rige uno de tus pensamientos que cita: “El ser realmente rico, es aquel que aprende a ser feliz con lo que tiene”, el que me enseña que no necesito llenarme de ambición desmedida para ser feliz, que debemos ser ambiciosos para mejorar nuestro nivel de vida pero sin pasar encima de los demás, sin destruir, sin apropiarse de lo ajeno, sino con el fruto de nuestro trabajo y de la preparación intelectual.

Papá, después de tu muerte ese 23 de diciembre, cuando nos aprestábamos a celebrar como siempre y en toda ocasión, planeado conmigo, listos a compartir con familiares y amigos, mi mundo se derrumbó y sentí que lo que no me heredó fue su fortaleza para sortear este tipo de adversidades, cada detalle, cada recuerdo impregnado en lo más profundo de sus cosas, en su casa, en la quinta que tanto amaba, en todos mis recuerdos, me hace sufrir y no comprender el porqué?, aún estando consciente de que es algo inevitable, todavía no comprendo por qué esa fecha, y la forma accidentada de su muerte.

Pasé momentos que no sentí sabor a la vida, ni comprender el gran dilema que la encierra, nacer, crecer, reproducir y morir, pero los recuerdos de todos sus esfuerzos por nosotros: sus hijos para que fuéramos alguien en la vida, por el gran amor que regaló a sus nietos, por su concepto de la vida de vivir intensamente y ser feliz; me han dado un poco de sosiego espiritual, no para conformarme con su ausencia; sino para pensar en el futuro de mis hijos al igual que usted lo hizo siempre.

Papá mío, mis respetos por toda la eternidad y el compromiso de inculcar en mi familia todos los valores heredados en escalera desde mi abuelita Esther con la cual ya se ha reunido en el cielo y su persona.

Con inmenso amor su hijo: Rodolfo José Ruiz García.   
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