Regeneración ofrece alternativa
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Una pequeña ayuda y una larga tregua han servido para rescatar un bosque de 504 hectáreas en Carazo. |
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LUCIA VARGAS C. - Corresponsal
DIRIAMBA.— Un bosque de 504 hectáreas que estaban en abandono, ha sido recuperado a través de regeneración natural por la Cooperativa “Angel Peña”, en la zona costera de Carazo.
La cooperativa, que es propiedad de once familias campesinas, inició esta forma de proteger los bosques con la asistencia técnica de la Cooperativa de Productores de Diriamba (COOPAD), y con financiamiento del POSAF.
Pedro Medal, presidente de la Cooperativa, señaló que el área estuvo abandonada por varios años “pero ahora encontramos la utilidad y es un ejemplo para el resto de productores”, indicó.
Medal explicó que esta técnica es barata porque no necesita de tratamientos caros dado que se basa en el manejo de la tierra, y aseguró que el bosque es apto para la silvicultura.
El proyecto consiste en eliminar aquellos plantíos, arbustos o árboles que frenen el desarrollo de las especies protegidas. En este caso el Guachipilín, Madero Negro, Escobillo, Niño Muerto y Melero, entre otros cuya utilidad es energética y es de uso personal de las familias y para la venta.
Entre los protegidos también hay árboles de madera preciosa como Genízaro, Caoba, Cornesuelo y Pochote. La finalidad del proyecto, según Fidel Lanuza, coordinador territorial del POSAF es “cuidar los árboles para que en el futuro nos puedan generar recursos”.
Lanuza dijo que la idea no es ver con romanticismo el cuido de los árboles, sino conservarlos para obtener utilidad de ellos. “Por ejemplo, si tumbamos un árbol, ya hay otro de repuesto”, explicó.
Las familias que habitan el área gozan de un buen clima y de las aguas un poco caudalosas del Río Grande de Carazo, cuyo afluente se ha recuperado con la aplicación de dicha técnica, donde además se aprovecha para la crianza de 180 ovejas pelibuey que pastan en el bosque.
Este tipo de bosque da mayor biodiversidad en la flora y en la fauna, y la prueba de esto es que aquí habitan abundantes venados, garrobos, serpientes y aves que incluso en otras zonas del país ya han desaparecido.
Según los informantes, las últimas dos manchas boscosas que aún quedan en el departamento, además de Chacocente y El Filo del Gallo, son estas 504 hectáreas y otra que está en Casares, propiedad de la Cooperativa Germán Pomares 
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