Róger Pérez de la Rocha:
El rescate
del legado indígena
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Róger Pérez de la Rocha en un trabajo de campo para rescatar los petroglifos de la Poza del Mero. |
*ARNULFO AGËERO
Las obras plásticas de Róger Pérez de la Rocha se han caracterizado por rescatar los valores nacionales sin dejarse arrastrar por los enlatados. Bajo esta óptica inauguró su más reciente obra mural, “La Poza del Mero” ubicada en San Juan del Sur.
Esta obra de un alto color tonal está integrada a la arquitectura de una construcción física privada; esta recreación conlleva el espíritu de un rescate cultural prehispánico y su traslado a nuestra era contemporánea con nuevos bríos y recursos técnicos, además de su implicación histórica restaura la fuerza mítica de las deidades nativas.
La versión inicial de este petroglifo de la “Poza del Mero” corresponde a una gliptografía original de la era precolombina encontrada en una sección del Río Amayo, cerca de Apompoá, Carazo.
Este arte pétreo mide unos 5x2.5 metros, su dibujo es parecido al pez mero, de ahí se origina el nombre del lugar. Según estudiosos este grabado descrito es posiblemente una representación de la deidad aborigen Quetzalcóatl el “pájaro serpiente” debido a la forma de su cuerpo estilizado, su cabeza con pico de ave rapaz y por no tener una cola de cascabel en raudales.
En su parte inferior, separada del dibujo principal aparecen unos mosaicos de grabados zoomorfos, antropomorfos, y figuras semiformadas.
Pérez de la Rocha es heredero de las técnicas y el arte del primer maestro de la pintura nicaragüense, Rodrigo Peñalba, quien le enseñó a pintar desde un cacharro, una botella transparente con un fondo blanco y de llevarla hasta las últimas consecuencias.
Este activo artista es dueño de un particular estilo interiorista libre, un pintor fuera del enlatado, además de ser autor de obras de un alto contenido político-histórico de crítica como lo fue su retrospectiva en 1999 “Un pintor de la Raza de los Románticos” en el TRND.
De la Rocha también es un decorador artístico de alta calidad complaciente para los nuevos coleccionistas y amantes de este tipo de expresión placentera, pero más complaciente es con su deber de restaurador de valores indigenistas y de recreador de un valioso concepto artístico de códices ancestrales.
* Promotor Cultural 
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