Piden libertad para reo Sergio Cruz
Madre e hija se enfrascan en una “misión imposible”
IVAN OLIVARES B. ivan.olivares@laprensa.com.ni
Doña Juana Cerda Hernández es una anciana de 75 años, cuya vida parece estar marcada por la mala suerte: se quedó viuda hace 20 años; cuatro de sus doce hijos padecen de una enfermedad mental, y ella, que tiene una fractura en la espalda, debe viajar desde Jinotepe hasta Managua para pedir limosna, tratando de conseguir dinero para sacar a su hijo Sergio de la cárcel.
Una sola de sus once hijas le acompaña en su diario calvario. Es Lorena, que parece haber heredado la mala suerte de su anciana madre: dio a luz siete hijos de un hombre al que identificó como Adrián Ruiz y tuvo que quedarse con todos ellos cuando se separó de él, por lo que ahora pide limosna junto con su madre para alimentarlos y tratar de excarcelar a su hermano Sergio.
En esa misión, que se les ha tornado imposible, madre e hija han batallado más de dos años, tratando de convencer a autoridades médicas para que les den el expediente de su pariente a defensores nombrados de oficio para que tomen el caso en serio, a jueces para que escuchen sus ruegos y a autoridades penitenciarias para que protejan al reo.
Lorena dice que su hermano padece de un trastorno mental, que se ha enfermado porque prefiere no comer, que los reos le dan maltrato y que nadie ha querido escucharla, por lo que acudió al Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, (CENIDH), donde la licenciada Norma Moreno le indicó qué debe hacer para tomar el caso.
Consultada telefónicamente, Moreno admitió que será “difícil” excarcelar a Sergio porque la familia no apeló de la sentencia judicial en el término que indica la ley. De todos modos, espera obtener la epicrisis del Hospital de Jinotepe donde se refieran los padecimientos del paciente; un dictamen médico legal, la constancia del psicólogo que lo atendía y el número del expediente legal, para evaluar sus posibilidades.
Mientras tanto, Lorena sigue buscando trabajo —asegura que mucha gente le da a lavar ropa, pero sólo le pagan cinco córdobas por docena—, y espera sacar a su hermano de la cárcel, donde fue condenado a pasar 20 años, acusado de violar a una menor, lo que les duele especialmente porque “ni al que mata le echan 20 años”. 
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