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VIERNES 28 DE JULIO DEL 2000 / EDICION No. 22083 / ACTUALIZADA 11:00 pm
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Nicaragua necesita de demócratas

.Solamente un Presidente demócrata, comprometido desde lo más profundo de su ser con una Nicaragua pluralista, libre, próspera y digna, y con una Nicaragua para todos, podrá impulsar el proyecto de nación y la unidad nacional que la Patria nos demanda

Antonio Lacayo

Es estos días de julio en que los liberales celebran su día, los sandinistas el suyo y los conservadores su pase a las municipales, los líderes políticos de estos partidos han aprovechado las entrevistas que les hacen los medios para tratar de convencernos de que Nicaragua necesita del Partido Liberal o del Frente Sandinista o de los conservadores, para sacar adelante al país.

Curioso resulta escuchar a Arnoldo Alemán hablando una y otra vez de “los desastres de los gobiernos anteriores”, sin atreverse a diferenciar el período de Doña Violeta de Chamorro del de Daniel Ortega, como si los dos hubieran sido lo mismo, como si todo lo bueno que existe ahora en el país comenzó con su toma de posesión en enero de 1997.

Curioso resulta también escuchar a Daniel Ortega hablando de “el desastre de estos últimos diez años”, sin tampoco diferenciar entre el período de Doña Violeta y el de Arnoldo Alemán, como si todo lo malo que existe ahora en el país se inició a partir de 1990, cuando por el voto popular tuvo que salir de la Casa de Gobierno.

Lo curioso es que ambos caudillos coinciden plenamente en ver las cosas bajo el primitivo concepto de que “yo soy el bueno y todos los demás son malos”, y a la vez que no se atrevan a reconocer que el gobierno de Doña Violeta fue diferente al de ellos. Sin embargo, es evidente que Doña Violeta no pudo a la vez haber sido igual a Ortega, como dice Arnoldo, e igual a Alemán, como afirma Daniel.

Esta simpleza política y esta incapacidad de distinguir entre lo que fue el gobierno de Doña Violeta y los otros dos, sin embargo, dice otra cosa, ya no tanto curiosa sino más bien peligrosa. Me refiero al hecho de que mientras todo el que se considera demócrata, dentro y fuera del país, ve con meridiana claridad que el gobierno de Violeta de Chamorro fue un gobierno claramente demócrata, ni Alemán ni Ortega lo ven, sencillamente porque ellos, hasta hoy, no lo han sido.

Es evidente que existen algunas diferencias entre lo que fue Ortega y lo que ahora es Alemán. Basta decir con que el primero ha visto siempre a Fidel Castro como un ejemplo a seguir y como una especie de padre espiritual, mientras que el segundo ve al mismo personaje como un comunista deleznable con el cual ni siquiera vale la pena conversar.

Pero también es evidente que ambos gobernantes se parecen mucho pues los dos confundieron los intereses y los recursos de la nación con los intereses y los recursos de sus propios partidos y de sus necesidades personales. Ambos gobernantes también maniobraron para tener a los otros poderes del estado vergonzosamente sometidos a los dictados del Poder Ejecutivo.

Ambas figuras siguen creyendo que sus propios partidos no tienen más líderes que ellos mismos, razón por la cual quieren volver a ser presidentes a como sea en el próximo período, sea por los votos o por la constituyente.

La verdad es que el gobierno de Doña Violeta ha sido el único gobierno genuinamente demócrata que Nicaragua ha tenido en los últimos cincuenta años, sin irnos mas atrás en la historia, y esta verdad es la que Daniel y Arnoldo no se atreven a reconocer, a pesar de que paradójicamente un gobierno así es lo que la mayoría del pueblo nicaragüense quiere a gritos para el próximo período presidencial.

Si los liberales no logran sobreponerse a las pretensiones de Arnoldo Alemán, o si los sandinistas no logran superar las de Daniel Ortega, y uno de ellos logra alcanzar la Presidencia en el próximo período, estaremos en las mismas de ahora.

Por eso es que ambos partidos, el PLC por su lado, y el FSLN por el suyo, deben garantizarse que en las próximas elecciones presidenciales lleven como candidatos a la Presidencia un demócrata liberal, que los hay, y un demócrata sandinista, que también los hay, es decir, un nicaragüense, hombre o mujer, que antes que liberal o sandinista sea profundamente demócrata.

Candidatos que promuevan y respalden la separación real de los poderes del Estado, que respeten la libertad de expresión, que quieran más a Nicaragua que a sus propios partidos, que no utilicen la Presidencia ni para quedarse con la casa de otro ni para comprar fincas y construirse carreteras del Estado para llegar a esas fincas, y que no usen el poder para andar inhibiendo cobardemente a sus adversarios políticos.

Los conservadores, por su parte, deben también asegurarse de llevar a un candidato profundamente demócrata, pues no deben atenerse al hecho de ser la “única alternativa a los pactistas”. Mucha gente en el 96 votó por Alemán por creer que era la única alternativa a los sandinistas, y ahora se arrepienten de haber respaldado con su voto al actual Presidente.

Nicaragua puede salir adelante de la profunda crisis en que nos encontramos hoy día, si el próximo Presidente del gobierno es demócrata. Si es así, poco importará si eventualmente gana el liberalismo, el sandinismo, el conservatismo o cualquier otro que surja en los próximos meses.

El autor fue Ministro de la Presidencia de la República de Nicaragua.  
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