Fujimori por tercera vez
Para el día de hoy está programada en Lima la toma de posesión del señor Alberto Fujimori como Presidente de la Republica del Perú, por tercera vez consecutiva. Fujimori resultó electo en unos comicios productos de un proceso que los observadores internacionales por parejo calificaron como faltos de transparencia. La misión observadora de la Organización de Estados Americanos (OEA), fue contundente en su condena y optó por retirarse del país un par de días antes de las elecciones. Estados Unidos fue también muy enérgico en su apreciación, hasta el punto de considerar las elecciones como ilegítimas.
Ante la evidente manipulación de un proceso electoral que provocó tan fuertes reacciones, se esperaba que la OEA tomara acciones firmes y concretas en defensa de la democracia peruana. No obstante, en la Asamblea General de ese organismo que tuvo lugar en Windsor, Canadá, a tan sólo unos días después de efectuadas las elecciones, las esperanzas se desvanecieron. México, Brasil y Venezuela se opusieron a que se tomara cualquier medida que pudiera ser efectiva en persuadir a Fujimori a que convocara a nuevas elecciones, demostrando —una vez más— la inoperancia de ese organismo regional en los momentos en que se supone que debe actuar con energía para cumplir con su mandato de defender la democracia en el continente. La resolución que finalmente tomó la OEA de mandar al Perú una misión presidida por su secretario general, el ex presidente colombiano, don César Gaviria, fue una que a todas luces se veía que no tendría ningún efecto positivo, como ha quedado demostrado hasta el día de hoy. Las críticas no se hicieron esperar, siendo una de las más fuertes la expresada por el escritor peruano de renombre internacional, don Mario Vargas Llosa.
Los Estados Unidos también echaron marcha atrás y hasta la fecha no han hecho nada, a pesar de haber dicho que se reservaban el derecho de tomar medidas unilaterales. Como se sabe, ese país podría haber tomado acciones que hubieran puesto al gobierno peruano en una situación difícil, como por ejemplo, el bloqueo de préstamos en los organismos financieros internacionales (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional), en los que los Estados Unidos tienen mucha influencia y poder. El prestigioso diario neoyorkino, The New York Times, hace unas semanas criticó fuertemente al gobierno norteamericano y lo instó editorialmente a tomar medidas que sirvan para restaurar la democracia en el Perú.
El que un gobernante haya hecho algunas cosas positivas durante su mandato —y Fujimori, sin duda que las ha hecho, como la eliminación de la inflación y la derrota de la viciosa actividad terrorista de Sendero Luminoso— no le otorga ningún derecho para considerarse indispensable, y mucho menos aún para perpetuarse en el poder a través de la manipulación del proceso electoral. Es lamentable y penosa esa manía de indispensabilidad de muchos gobernantes latinoamericanos. Parecen no querer darse cuenta que tal empecinamiento siembra, inevitablemente, la semilla de la inestabilidad que tarde o temprano da su amargo fruto.
A fin de retener lo bueno y de rechazar lo malo, los nicaragüenses debemos de tener mucho cuidado de aprender las lecciones que nos dan los recientes procesos electorales en América Latina. En este caso, México representa la buena lección y Perú la mala. Y lo que salta a la vista con claridad es que sólo un organismo electoral confiable es el que puede hacer la diferencia entre un buen resultado y uno indeseable. En México se estableció un organismo profesional, imparcial e independiente de todo control partidario, y los resultados fueron unas elecciones limpias y aceptadas con tranquilidad a nivel nacional e internacional. En Perú, lamentablemente no fue así, y el resultado se manifiesta, primordialmente, en una población frustrada, inconforme e inquieta.
Hagamos votos porque esa hermana nación suramericana encuentre pronto el camino de regreso a la legitimidad democrática. 
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