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VIERNES 28 DE JULIO DEL 2000 / EDICION No. 22083 / ACTUALIZADA 11:00 pm
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Desde La Cueva
Las bicicletas hacen sufrir

TITO RONDON
tito.rondon@laprensa.com.ni

Recuerdo claramente, como si hubiera sido hace días, el momento en que el ciclismo hizo impacto en mi ser.

Estaba en Madrid, una tarde de verano de 1965, cuando por la televisión fui parte de todo un drama.

Se corría el “Tour de France”, la carrera de bicicletas más famosa y difícil del mundo, una especie de Serie Mundial y Copa del Mundo de ciclismo. La etapa de ese día terminaba en Barcelona (todos los años el “Tour” se da su escapadita fuera de Francia).

Un ciclista catalán, José Pérez Francés, se escapó del grupo, y poco a poco fue agrandando la distancia entre él y el resto de los corredores. Los ciclistas entraron en España, y a la cabeza, con mucha ventaja, volaba Pérez Francés (nombre perfecto para la ocasión).

El público deliraba. Se agolpaba sobre la carretera. Un mar de hombres, mujeres y niños querían ver al héroe, al joven que en su propio patio, Cataluña, le estaba dando una lección a los mejores del mundo.

La ventaja, que llegó a ser casi de media hora, empezó a reducirse a medida que el agotamiento se apoderaba del atleta.

Ahí aprendí que no es lo mismo rodar en solitario, enfrentando la fuerza invisible pero desgastante del viento en contra, que ir como parte de un grupo grande, “chupado” por los ciclistas delante de uno. O aún siendo parte de un grupito, donde se turnan el ir de primero para que nadie se canse demasiado.

Por fin apareció Barcelona, y la meta, y ante una Europa incrédula y emocionada, Pérez Francés coronaba su hazaña entrando solo, escasos minutos delante del pelotón. Había rodado más de 220 kilómetros en solitario. Una hazaña increíble.

Los ciclistas son de los atletas más sacrificados del mundo. El ciclismo ha evolucionado hasta convertirse de un deporte ferozmente individual a uno bajo la disciplina de un equipo.

Federico Martín Bahamontes se convirtió en ídolo en España al ganar el premio de montaña, al mejor escalador, en 1955. El “Aguila de Toledo” llegó a las alturas entrando en París para enfundarse el “maillot” (“sweater” para nosotros, “jersey” para los españoles) amarillo del ganador, tras una etapa de ¡355 kilómetros! (ya no se usan esas barbaridades, ahora las más largas son de unos 280).

Bahamontes dice en un magnífico documental de TVE (visto en Televisión Española Internacional) que competir en el Tour (o en el Giro de Italia o la Vuelta a España) “es un enfrentamiento ante el dolor... y se gana con lo poquito que le sobra de energía al cuerpo”.

Fermín Trueba, estrella española de los treintas, recordaba su época de ciclista junto a sus dos hermanos. “Hay que saber sufrir para hacer esto”, dijo, mientras las lágrimas le brotaban de los ojos, plenos de nostalgia, de recuerdos, y de sufrimiento...

(Columna dedicada a Ramón Romero “Romerito”, Hijalmar Padilla y Mauricio Orozco).  
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