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MIéRCOLES 26 DE JULIO DEL 2000 / EDICION No. 22081 / ACTUALIZADA 11:00 pm
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Crítica Teatral
Marcela y los Cabreros; El Quijote en las tablas nicaragüenses

RAFAEL VARGARRUIZ*
Especial para LA PRENSA

Basada en un episodio de Don Quijote de la Mancha del maestro Miguel de Cervantes, esta obra llevada a escena por el Teatro Las Tablas de la Universidad Católica, refleja el esfuerzo y cierto nivel profesional alcanzado por el Teatro de nuestras universidades.

Es interesante ver cómo un grupo de este tipo logra adaptar una parte del Quijote y llevarla al Teatro creándole de alguna forma una estructura dramática.

Nos sorprendió la joven actriz Karla Rueda con una actuación de buen nivel que la puede llevar a convertirse en la revelación juvenil de este festival.

Aníbal Almanza crea una puesta en escena de corte tradicional apoyado en la escenografía del Arq. Fernando Morales, que le permite dar un marco digno a la adaptación de esta novela maestra de todos los tiempos: Don Quijote de la Mancha.

Almanza logra lo que quiere, o sea, recrear este pasaje que lleva en sí una serie de connotaciones sociales, morales y filosóficas que trascendiendo cinco siglos continúan siendo de actualidad.

Es de alguna forma, no la lucha ni la contradicción, sino la comparación entre esa especie de BARBARIE comunitaria en que en algún momento vivió la humanidad, una especie de paraíso terrenal y la CIVILIZACIÓN que de alguna forma vino a crear una serie de divisiones entre... “lo tuyo y lo mío”.

Una visión en que el mundo y sus riquezas le pertenecían a todos y un mundo de propietarios que han parcelado la tierra hasta el infinito y colocado su sello individual. Estas concepciones sociales que continúan siendo actuales, son parte también de un lugar que actualmente están luchando por ocupar definitivamente las mujeres y que se deja plasmado en esas líneas.

“Marcela”, contrario al silencio que guardaba la mujer en esa época, se defiende con inteligencia y sagacidad de su supuesto involucramiento en la muerte de Crisóstomo y con ello, defiende también su derecho como mujer a ser inteligente y bella en unas de las páginas más hermosas escritas por “El manco de Lepanto”.

La Pastora, entonces, simboliza la lucha de la mujer que ha sido marginada desde tiempos inmemoriables, incluyendo esa misma época por medio del tribunal de la Santa Inquisición. La obra concluye con las palabras de Don Quijote alabando tiempos anteriores, primarios e incluso prehistóricos en los cuales la inocencia que todavía poseíamos éramos capaces de crear un mundo en que viviéramos todos en paz y felicidad...

* El autor es crítico de cine y teatro.  
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