No nos defiendan, compadres
“Me comprometo a trabajar con los sindicalistas internacionales para traer la justicia a la gente de Nicaragua”. Con esas demagógicas y falsas palabras se despidió de Nicaragua el congresista demócrata estadounidense, Sherrod Brown, quien junto con el activista sindical, Charles Kernaghan, visitaron el país la semana antepasada. Su visita tenía como objetivo aparente observar y denunciar las condiciones de trabajo en algunas empresas de la Zona Franca. Posteriormente, partieron hacia El Salvador con el mismo propósito.
Las repetidas visitas de Kernaghan a Nicaragua y a El Salvador, esta vez en compañía de uno de los congresistas más radicales del ala izquierda del Congreso estadounidense, tienen un propósito real muy diferente al que pregonan mientras permanecen en territorio centroamericano. So pretexto de estar interesados en supuestas mejoras de salarios y condiciones laborales de los trabajadores de estos países, lo que en realidad buscan es la defensa de los intereses económicos de sindicatos y empresarios textileros estadounidenses, quienes están interesados en dificultar, y si fuera posible, eliminar la competencia que representa para ellos las empresas maquiladoras que operan en Centro América, más aún ahora que ha sido aprobada una ley que amplía la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, y que particularmente favorece la instalación y operación de nuevas industrias maquiladoras en el ramo textil.
“Vimos el alambre de púas y la cámara de video de los vigilantes. Parece más como una cárcel o una prisión que como una fábrica. Cada trabajador y trabajadora está con miedo”, expresó Kernaghan, al referirse a su visita a algunas maquiladoras de la Zona Franca. Con ese lenguaje tenebroso y manipulador, se pretende fomentar en la población nicaragüense un sentimiento de animosidad contra las maquiladoras que operan aquí y que emplean a más de 24,000 personas que devengan un salario mensual promedio de C$1,200, superior al que ganan los maestros y policías.
Queremos dejar claro que LA PRENSA no pretende defender a ninguna empresa en particular de las que operan en las zonas francas. Creemos que todas ellas deben cumplir con el Código Laboral vigente, y que si alguna no lo hace, el Ministerio del Trabajo debe de inmediato tomar cartas en el asunto a fin de que se cumpla con lo que la legislación laboral exige. Lo que no podemos aceptar es que activistas extranjeros a quienes los mueven intereses que nada tienen que ver con el bienestar de los obreros nicaragüenses, y que más bien, en última instancia, son intereses contrarios a los trabajadores de Nicaragua, vengan a dejar la impresión de que la industria maquiladora es inconveniente para el país. Eso es una falsedad que no podemos dejar pasar por alto.
Los argumentos de precio alegados por Kernaghan y el congresista Brown no tienen validez alguna para demostrar lo que dicen de los trabajadores centroamericanos y contra las empresas maquiladoras. El nivel de salarios depende de muchos factores, entre los que están la productividad del trabajador, la demanda de mano de obra y la situación económica del país. En un país con sobreabundancia de oferta de mano de obra no especializada, no pueden pretenderse niveles de salarios como los que existen en países desarrollados.
Lo cierto es que si los entrometidos visitantes no logran ponerle trabas en el Congreso estadounidense al ingreso a Estados Unidos de productos elaborados en esta región, podremos ver entonces el establecimiento de nuevas empresas textileras en Nicaragua y en otros países centroamericanos, lo que equivaldría a tener más gente empleada con capacidad de sostener a sus familias, y lo que es todavía más importante, con mejores salarios. Pero esto se logrará no como resultado de gestiones de falsos salvadores, como Kernaghan y Brown, sino por efecto de un incremento de la demanda de mano de obra que hará subir el precio de la misma. Así que a los mensajeros de los sindicatos y los textileros norteamericanos les decimos: no nos defiendan, compadres. 
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