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VIERNES 21 DE JULIO DEL 2000 / EDICION No. 22076 / ACTUALIZADA 12:20 am
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¿Agitador o estadista?

La principal dificultad para interpretar los pronunciamientos públicos del Presidente Arnoldo Alemán, radica en que por lo general él habla como agitador y no como un estadista; como político partidista y no como el gobernante de todos los nicaragüenses; como un autócrata irascible que insulta a quienes lo contradicen, incluso a correligionarios de su mismo partido que hacen sombra a su poder, y no como un sosegado hombre de derecho consciente de que la convivencia pacífica se basa en la tolerancia, el pluralismo y la alternabilidad en el poder.

La personalidad del Presidente Alemán es compleja, conflictiva, polifacética y desconcertante. Él descalifica o autoriza partidos y candidatos, habla como si fuera vocero de los otros poderes del Estado, dice y contradice cuanto quiere y sobre lo que sea aunque no venga al caso. De manera que a menudo se contradice o emite mensajes de equívocas interpretaciones, inclusive cuando se refiere a asuntos que son de primordial interés nacional.

Durante la crisis política que produjo la verificación de firmas para la inscripción de los partidos que participarán en las elecciones municipales, el Presidente Alemán, en vez de guardar la compostura propia de un Jefe de Estado –que debe estar por encima de las desavenencias partidistas y las mezquindades políticas–; y en lugar de apelar a la cordura y la equidad de los líderes políticos y las autoridades electorales, lo que hizo fue atizar las pasiones con declaraciones agresivas y excluyentes contra los partidos y dirigentes que no son de su agrado partidista y personal.

Algo parecido, o peor, hizo el Presidente Alemán, también esta semana, al menospreciar públicamente el ingreso de Nicaragua a la iniciativa de Países Pobres Altamente Endeudados (HIPC por las siglas en inglés de Highly Indebted Poor Countries), que como se sabe es un programa para favorecer a algunos países pobres altamente endeudados con el alivio o la condonación de sus deudas externas, siempre y cuando cumplan algunos requisitos drásticos de políticas públicas dictados por los organismos financieros internacionales.

Para Nicaragua, el ingreso a la HIPC podría significar la condonación de una parte considerable de su deuda externa, la cual está cifrada actualmente en 6,500 millones de dólares, después de que el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro la redujo a la mitad del monto heredado por el régimen sandinista, y la dejó en 6,000 millones de dólares en 1996, o sea que ha aumentado en 500 millones de dólares durante la actual administración.

Sin embargo, el Presidente Alemán sorprendió el lunes de esta semana a la opinión pública nicaragüense y a la comunidad internacional, al menospreciar públicamente el ingreso de Nicaragua a la HIPC. Según el Presidente Alemán, ahora la HIPC no es de primera importancia porque “Nicaragua tiene una economía responsable, tenemos garantizado el desarrollo y la inversión pública”, ratificando de esa manera una previa declaración del presidente del Banco Central, de que “la HIPC no es una prioridad de este gobierno porque cuando quisimos hacer de ella una prioridad fue politizada, y al ser politizada pudimos caer en la trampa de ser sujetos de un chantaje político”.

Pero al día siguiente el Presidente Alemán cambió radicalmente su discurso y dijo que sin la HIPC Nicaragua no sería un país viable. Entonces, ¿es necesario o no ingresar a la HIPC? ¿Está interesado o no el Presidente Alemán en la condonación o alivio de la deuda externa, siendo que cuando eso ocurra él ya no será el Presidente de Nicaragua? ¿A qué se refieren al decir que en el ingreso a la HIPC hay chantajes políticos de por medio? ¿Quiénes chantajean políticamente al Gobierno? ¿El FSLN? ¿La comunidad internacional? ¿Quién?

El Presidente Alemán debería ser más serio con los mensajes que envía a la nación y a la comunidad internacional, sobre todo tratándose de asuntos tan trascendentales como son los que se refieren a la gobernabilidad y la viabilidad del país. Una nación se gobierna con talante de estadista, no con frivolidad de agitadore político.  
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