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JUEVES 20 DE JULIO DEL 2000 / EDICION No. 22075 / ACTUALIZADA 10:50 pm
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Oye Nicaragua

¡Oye Nicaragua, despierta!

Tu hija dilecta ha sido herida aún vibran en mi mente las mortales ondas que estremecieron el suelo de mi solar natal se abrieron las heridas en su corazón, y el mío se desangra con negro luto y dolor.

Y es la impotencia de contemplarte postrada mi Masaya querida, escuchando los ayes que causaron los desgarros a tus hijos, y que no puedo mitigar. La humanidad doliente ha de brindarte su auxilio, con cariño y con amor. Vengan hermanos, a calmar el dolor y la tristeza en el nombre de Dios.

¡Venid todos hermanos! De Masaya y todas partes.

Traed henchidos vuestros corazones de humana solidaridad

¡Bienamada! No estarás sola, arden en nuestros pechos los sentimientos de fraternal amistad. Y así mostrando a toda Nicaragua de que somos capaces de vendar tus heridas con el bálsamo del más puro amor.

¡Oigan Masayas! Levantad vuestras frentes, enjuguen esas lágrimas, miremos hacia el cielo, roguemos al Señor por la pronta asistencia para nuestro sufrir. Roguemos que surjan allá en el horizonte estrellas de esperanza y fe Otiemos en lontananza con fe en el porvenir. Sea éstede paz, reconciliación y amor.

ALEJANDRO CASTILLO PEÑA.

Masaya  
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