Opinión
Masaya está triste
 | Es necesario un fondo de
reconstrucción a largo plazo y con intereses bajos para
reconstruir la ciudad. No se
trata de regalar, se trata de dar una respuesta suficiente,
realista y oportuna |
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Jaime Vega-Luna
La alegre y bullanguera ciudad de Masaya se encuentra pasando uno de los peores momentos de su historia. En otras ocasiones ha visto de cerca la destrucción. Durante la Guerra Nacional o Guerra de Walker la Calle Real de Monimbó fue parcialmente destruida por las llamas provocadas por los filibusteros. Durante la segunda mitad del año 1700 fue amenazada por la erupción del volcán Masaya, aunque sin mayores consecuencias. Durante la guerra civil contra el régimen de Somoza fue incendiada la parte que rodeaba al cuartel G.N. e inexplicablemente la parte comercial de la ciudad incluyendo el Mercado Municipal.
Ahora los terremotos del 6 y 7 de julio estremecieron la ciudad con tal magnitud que dejaron una buena parte de las casas destruidas. Estos sismos fueron seguidos de otros que, aunque de menor intensidad, han seguido causando daños irreparables.
Como el primer sismo tuvo su epicentro en la zona de la Laguna de Apoyo donde también se registraron daños gravísimos, toda la publicidad y el centro de atención se fijó en esa zona, minimizando un poco el daño que sufrió la ciudad.
En un breve recorrido se pueden apreciar los daños, pero la verdadera magnitud y tragedia no se ve a simple vista. El daño es de dimensiones incalculables.
Los masayas no estábamos enterados de la cantidad e importancia de las fallas que atraviesan nuestro subsuelo. Obviamente el organismo encargado de dar a conocer a la ciudadanía los riesgos de orden natural a que estamos expuestos, tiene una carga de responsabilidad que soportar en este asunto tan delicado y de gran magnitud. Desafortunadamente, las viejas edificaciones coloniales que le imprimen a la ciudad una hermosura, sólo superada por Granada y León, han sido las más afectadas.
Una vez pasada la emergencia del momento, donde se vio eficiencia en la atención a la población, al reponerse del susto y darse cuenta de la realidad la gente se pregunta qué tipo de respaldo puede recibir del Gobierno. ¿A quién se puede o debe recurrir? Obviamente dentro de las funciones de los gobiernos, son precisamente atender a la población en sus necesidades inmediatas y mediatas en caso de desastres.
Sin embargo, el respaldo y solidaridad necesaria en estos momentos no se siente y la frustración se apodera de las familias afectadas y de las no afectadas directamente. Es necesario un fondo de reconstrucción a largo plazo y con intereses bajos para reconstruir la ciudad. No se trata de regalar, se trata de una respuesta suficiente, realista y oportuna, que opere por medio de la banca privada, destinada a construir edificaciones caídas y reforzar las dañadas.
Los masayas no se dejan vencer fácilmente. La ciudad iba en un ascenso verdadero, remozándose y con una creciente actividad económica, no se debe de permitir que estos sismos la detengan. Si el respaldo se otorga la respuesta de la población va a ser positiva y volveremos a ver Masaya nuevamente dando alegría a todo el país.
Es bueno hacer ver que Masaya ha sido un pueblo agrícola, con un minifundio altamente productivo, pero la crisis en que está sumida la agricultura en nuestro país ha motivado la emigración del campo a la ciudad convirtiéndose, los agricultores en artesanos, de modo que no sólo se ha afectado, con los temblores, la vida hogareña sino que también la actividad económica y la producción que en un porcentaje importante abastece al resto del país y al exterior de artesanías, calzado y otros rubros.
Masaya tiene un espacio importante en la vida nacional y está dispuesta a no ceder en su progreso y desarrollo a pesar de todos los embates que pueda sufrir, pero hay que ayudarla.
El autor es ingeniero agrónomo, residente en Masaya. 
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