Opinión
La carcajada del diablo
 | Pareciera que existe la secreta intención de que el CSE llegue a estar conformado por gente de lo mejor: por pilares
éticos de la sociedad, adustos censores.
La estrategia de la araña
parece haber comenzado |
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Ramiro Argüello
De manera gradual pero inexorable el Consejo Supremo Electoral va siendo rodeado en una especie de “operación tenaza”. Pareciera que existe la secreta intención de que llegue a estar conformado por gente de lo mejor: por hombres, pilares éticos de la sociedad, adustos censores. La estrategia de la araña parece haber comenzado. Dios nos coja confesados.
Por lo pronto el verdugo con mayor perfil del sandinismo ya clavó su pica en Flandes. Por “interpósita persona”, pero la clavó. Insertarlo abiertamente ahí hubiera sido demasiado evidente: una bofetada demasiado sonora en la mejilla del pueblo soberano. No se invitan verdugos a fiestas de quince años.
Con candidez desarmante, cuando se le confronta con las miles de violaciones a los derechos humanos que se le adjudican, con una sonrisa ladeada el lombrosiano suele responder: “no es para tanto”. ¡No es para tanto! Una vejación a un íngrimo hombre de la calle, una sola mujer de a pie ultrajada ya sería demasiado. ¿Cuál sería la cantidad mínima de nicaragüenses torturados para que ya no se pueda aducir que “no es para tanto”?.
La incómoda y enojosa situación se ha resuelto con un expediente genial en su simplicidad: situar en la cabeza de playa (los sandinistas se regodean utilizando metáforas bélicas) del CSE, en relevo del inquietante sujeto, a su digna esposa vinculada orgánicamente con el somocismo en su fase terminal y degradada. Evidentemente esa gente ha estado leyendo a Maquiavelo.
Pero hay más. Siempre hay más. Bueno: Imaginen Uds. a un magnate de la industria cañera. Es media mañana. Se sentía cómodo y holgado como suelen sentirse los potentados después de un sueño reparador y una buena afeitada. Eso sí, el dolor lancinante del herpes zóster no había dejado de incomodar un poco. Fue entonces que comenzó el bullicio. La portezuela del vehículo se abrió con brusquedad al tiempo que una cara patibularia anunciaba que se trataba de un secuestro. El pelafustan menciona el nombre de una organización terrorista que en ese entonces gozaba de cierta popularidad.
Lo que siguió entonces no tiene desperdicio. Al ser obligado a salir del auto, el magnate tuvo un gesto tan imprevisto como insólito: lanzarle al mangante la portezuela que aterrizó con exactitud en narices terroristas. Eso se llama coraje. Refieren los cronistas que antes de que el millonario enrumbase hacia su casa caminando no como un millonario sino como un hombre, le espetó al granuja a fuer de despedida: “¡inepto!” eso se llama gallardía. La célula de antisociales, acobardada, marchóse con el rabo entre las piernas. Sabíamos ya que los millonarios también lloran. Desde entonces sabemos que los millonarios también socan. Si quieren la versión completa y actualizada del incidente déjense caer por el Consejo Supremo Electoral, y pregunten, hombre, pregunten.
La otra tarde me fui a mi peluquería de postín. Mientras Kimberly y Lizbeth me hacían las manos, pude escuchar como un “yuppie” le decía a otro “yuppie”: “es un hecho. Quienes contarán los votos en las próximas elecciones serán los hermanos Ortega Saavedra”. Una gélida carcajada pudo escucharse en aquel ámbito privilegiado. No tuve que preguntar: era la risotada del diablo.
El autor es doctor en Medicina. 
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