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JUEVES 20 DE JULIO DEL 2000 / EDICION No. 22075 / ACTUALIZADA 10:50 pm
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Opinión - Economía
Visión territorial y desarrollo

Miguel A. Caceres Sibrian*

La patria está en harapos. Nicaragua se encuentra hundida en una denigrante pobreza y para el corto plazo no se vislumbra una mejoría en las deplorables condiciones de vida de la mayor parte de la población, particularmente de la población rural, la más castigada por la miseria.

LA PRENSA en su edición del 20 de junio pasado, refiriéndose a León y Chinandega señalaba: “durante un recorrido se constató el aumento del desempleo con el cierre de empresas productivas, el probable descenso de las áreas productivas debido a problemas de precios y comercialización y una paralización casi absoluta de la actividad comercial”. Luego continuaba: Roberto Terán presidente del COSEP dijo que ya estaba enterado de esta situación, “pero estoy asustado de la gravedad”, enfatizó.

Si esto ocurre en uno de los territorios del país con mayor capacidad de absorción de capital ¿cómo estarán los otros?.

Noticias como la anterior aparecen continuamente en los periódicos nacionales, advirtiendo las graves tendencias que están atentando contra la estabilidad de la sociedad nicaragüense.

Para enfrentar estas tendencias negativas, los sectores productivos constantemente demandan una Estrategia Nacional de Desarrollo, lo que parece ser correcto porque no se puede dirigir un país improvisando el aprovechamiento de sus potenciales naturales, requiriéndose planteamientos de largo plazo para invertir con eficiencia lo poco que tenemos y la generosa ayuda externa, combatir de manera efectiva la pobreza social y generar el máximo de divisas posibles para apuntalar el desarrollo nacional integral.

En la formulación de una estrategia de desarrollo es imprescindible el conocimiento del territorio nacional y de sus potencialidades para la absorción de capital. En el segundo lustro de la década de los 60 y en los 70, se prepararon valiosos inventarios de recursos naturales (suelos, agua, bosques, áreas naturales, minerales, etc.) que permitieron conocer el potencial nacional de estos recursos y su concentración por ámbitos geográficos.

A partir de estos inventarios se elaboró una visión territorial de potencialidades para el desarrollo, desagregada en regiones con diferentes potenciales productivos y capacidades para la absorción de capital. Esta visión nacional y sus pautas para fomentar un desarrollo territorialmente ordenado, con alta eficiencia económica y ambiental, fue plasmada en dos documentos muy importantes elaborados por instituciones gubernamentales: el “Esquema de Ordenamiento Ambiental del Territorio” (MARENA, 1992) y los “Lineamientos Estratégicos para el Ordenamiento Territorial” (INETER, 1993), documentos que desafortunadamente son pocos conocidos y sus contenidos no aplicados por los responsables del desarrollo del país.

Esta visión territorial puso de relieve que en el contexto nacional, los espacios de más alta capacidad productiva, capaces de asimilar altas concentraciones de capital, sustentar sistemas productivos intensivos, generar altos niveles de empleo, jugar un papel fundamental en el combate a la pobreza y generar los niveles más altos de divisas, son las regiones León-Chinandega, Meseta de Los Pueblo-Rivas y Boaco-Matagalpa-Jinotega. En otras palabras, estas regiones constituyen la trilogía de oro del país, los tres pilares estratégicos para el desarrollo de Nicaragua, cuya priorización para la inversión, permitiría superar la postración económica en que nos encontramos y en gran medida resolver los críticos problemas ambientales que afectan el territorio nacional. En estas regiones, la atención a las actividades productivas y sectores sociales, debe ser de primera prioridad para el Gobierno Central, el sector privado y la cooperación externa.

Por la situación especial de Nicaragua, la cooperación externa para mejorar su eficiencia, debería afinar sus estrategias de apoyo económico y orientar la mayor parte de sus recursos hacia los territorios con más alta capacidad de generación de empleo y divisas.

Los sorprendentes potenciales de las regiones citadas están a la vista de todo el mundo: León-Chinandega con extensas planicies de suelos muy fértiles, ricos mantos de agua subterránea, el extenso y altamente productivo Estero Real, etc.; la Meseta de Los Pueblos y Rivas también con extensas áreas de suelos fértiles, el gran potencial hídrico y turístico del lago Cocibolca, etc. y Boaco-Matagalpa-Jinotega con sus privilegiadas zonas para la producción cafetalera y ganadera, el alto potencial hidroeléctrico y turístico, etc. Estas potencialidades, en pleno e intensivo aprovechamiento, indudablemente harían de Nicaragua el país más rico de Centroamérica.

Pero la realidad es otra. Desafortunadamente por varios lustros estas regiones han sido sometidas al abandono. Para señalar algunos ejemplos: en la Meseta de Los Pueblos los cafetales están desapareciendo y los que quedan producen 4 ó 5 qq/mz, cuando deberíamos producir al menos 15 ó 20 qq/mz: el panorama del café es similar en Matagalpa y Jinotega, a lo que se agrega la permanente pésima red vial; y en León-Chinandega, en lo que debería ser un gran polo exportador de diversos productos agropecuarios y pesqueros, en el granero de Nicaragua y posiblemente de Centroamérica, no se consigue maíz para las tortillas de la población.

Ojalá que con visión (imaginación) y patriotismo (que tanta falta le hace a este desventurado país), logremos encontrar el camino del desarrollo... en beneficio de todos los nicaragüenses.

* Ingeniero Agrónomo Planificador.  
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