Reportaje Especial
“Tomás Borge juró que me podriría en la cárcel”, aseguró Bernardino Larios
EDUARDO MARENCO eduardo.marenco@laprensa.com.ni
II PARTE.- La selección del coronel Bernardino Larios como Primer Ministro de Defensa del Gobierno revolucionario se produjo en Puntarenas, Costa Rica, donde se encontraban reunidos a inicios de julio los integrantes de la futura Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.
Larios fue una propuesta del representante del gobierno de Estados Unidos en el equipo mediador, William Bowdler, quien exigió su nombramiento para la creación de un nuevo ejército, integrado por miembros jóvenes de la Guardia Nacional y guerrilleros sandinistas.
Bowdler, según los registros históricos, había llegado a la conclusión en julio de 1979 de que la única manera de acabar con la guerra era que Somoza se marchara y decidió a apoyar a los futuros integrantes de la Junta.
En LA PRENSA de la época, Doña Violeta Barrios de Chamorro, futura integrante de la Junta de Gobierno, señaló que para el 12 de julio de 1979, “Somoza agonizaba”, puesto que incluso los 17 países latinoamericanos miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) habían condenado su régimen.
En ese contexto, se produjo una reunión en Puntarenas (Costa Rica) en la mansión del entonces presidente de ese país, Rodrigo Carazo Odio, donde participaron el representante norteamericano William Bowdler, los integrantes del Grupo de los Doce, así como Sergio Ramírez, Tomás Borge, Humberto Ortega y Miguel D’Escoto.
Asimismo, Edén Pastora, el ex presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez y un delegado del general Omar Torrijos, gobernante panameño.
En la reunión, Bowdler planteó el plan de Estados Unidos para la transición: el General GN Federico Mejía sería nombrado Jefe de la Guardia Nacional, Somoza renunciaría ante el Congreso, nombrándose un presidente provisional (Francisco Urcuyo Maliaños), luego éste transferiría todos los poderes al Cardenal Miguel Obando y Bravo.
“Bowdler insistió mucho en que se nombrara Ministro de Defensa a Bernardino Larios, un oficial de la Guardia de Somoza que había desertado hacía algunos meses a modo de protesta. No mencionó para nada a Humberto Ortega”, recuerda Doña Violeta Barrios de Chamorro, en sus memorias publicadas bajo el título “Sueños del Corazón”.
El guión estadounidense, cuyo objetivo principal era que los sandinistas no tuvieran bajo su control el Ejército, se cumplió temporalmente a modo de maquillaje.
El general Mejía –que defendía los últimos vestigios del Búnker de Somoza– no asistió a la reunión de Puntarenas y luego el propio Humberto Ortega lo obligó a capitular, en comunicación radial.
Entre el 18 y 22 de agosto de 1979, los sandinistas tomaron el control de las fuerzas armadas y de seguridad, bautizándolas como “Ejército Popular Sandinista” (EPS), bajo las órdenes directas de Humberto Ortega Saavedra.
Sobrevinieron las purgas. En diciembre de 1979, Larios fue destituido del cargo de ministro y ocho meses después, el 9 de septiembre de 1980, fue encarcelado acusado de conspiración para secuestrar a los nueve miembros de la Dirección Nacional del FSLN. Fue encontrado culpable y condenado a siete años de prisión, pero en abril de 1984, la Corte Suprema de Justicia anuló el juicio y ordenó uno nuevo en el que fue absuelto.
Al salir libre, Larios negó la acusación y dijo que lo único que había hecho había sido enviarle una carta a Tomás Borge diciéndole: “Usted ya sabe que yo no soy marxista-leninista, y yo sé, también, que usted sí lo es”.
¿Usted comenzó a trabajar con los sandinistas en Costa Rica, luego de ser liberado por la Guardia Nacional?
La gente piensa que yo fui ministro de Defensa sandinista. No fue así. Había una Junta de Gobierno integrada por sandinistas y no sandinistas opositores a Somoza. Yo fui propuesto en Nicaragua frente al Cardenal Miguel Obando y luego nombrado en Costa Rica.
¿Por qué lo propusieron a usted?
En aquel tiempo no se tenía la menor noción de que la Guardia Nacional iba a caer, entonces yo tenía la misión de limpiar las filas de la Guardia para que quedaran los elementos valiosos que eran los jóvenes y organizar un nuevo Ejército constituido de guardias nacionales, civiles y sandinistas. Obviamente, quien iba a predominar eran los guardias porque tenían el entrenamiento. Una vez sin guerra se habría producido una buena integración.
Los que menos iban a permanecer eran los sandinistas porque la ideología no compaginaría jamás. Fue una gran oportunidad que perdimos nosotros porque los sandinistas hubieran necesitado más años para que volvieran las condiciones que los llevaron a ellos a aglutinar al pueblo.
Desgraciadamente, cuando fui a Puntarenas a pactar el alto al fuego, el general Federico Mejía (al frente de la GN) y la gente que iba a llegar no llegó el 17 de julio de 1979. Dos horas pasamos esperando.
En la noche, me llevaron donde Humberto Ortega Saavedra y me comunicaron con Mejía, a quien le dije que Humberto Ortega quería hablar con él. Humberto le exigió que se rindiera. Humberto fue intimidante y la Guardia se desbandó. ¿Qué liderazgo iba a establecer Mejía un día después de que le dejaran en sus manos la Guardia Nacional?
A él le cayó toda la culpa del desbande de la Guardia y al no llegar a Puntarenas fue peor porque si hubiera llegado no hubieran cogido el mando los sandinistas. Ahí nos condenamos.
Cuando la Guardia se desbanda, todos los que no éramos sandinistas estábamos de más, a los ocho meses yo estaba preso. Yo fui nombrado desde junio de 1979, pero cuando se dio la desbandada de la Guardia, yo ya estaba sobrando. Fui Ministro de Defensa entre junio y diciembre cuando renuncié.
¿Y usted qué hacía como Ministro de Defensa?
Más que todo era un cargo burocrático. Yo nombré a Armengol Lara como director de Aeronáutica Civil y trabajó bien. El había desertado de las filas de Somoza y había bombardeado el aeropuerto. Me llevaron a Europa creo más para un lavado de cerebro que para mantenerme distanciado. Mi período como funcionario era corto. Los comunistas no son amigos de nadie.
¿Quién organizó el EPS?
Los soviéticos... Yo no tenía función alguna. A mí me nombran en el exilio, a propuesta de Jorge Salazar.
A Jorge Salazar se le acusó de conspirar contra el régimen sandinista...
Esta gente es tan baja que me quisieron endosar a mí que debido a mis declaraciones habían capturado a Jorge Salazar. Dos días después, Juan José Ubeda dijo que habían infiltrado las filas de Jorge Salazar.
¿Usted participó con Jorge Salazar?
Cómo no. Jorge Salazar trataba de organizarse.
¿Qué es lo que preparaban?
Pensábamos que no estaba correcto lo que sucedía en el gobierno. Me vi con él en Costa Rica, pero gracias a Dios los sandinistas no se dieron cuenta.
En realidad, ¿de qué delitos lo acusaron a usted los sandinistas?
Me acusaron de intentar asesinar a los nueve comandantes, una estupidez que ni ellos mismos se creyeron. Me acusaron que planeaba secuestrarlos, al igual que a un ministro de la Costa Atlántica y a Moisés Hassan, quien era mi amigo. También me acusaron de ser somocista.
¿Cómo fueron esos meses como Ministro de Defensa?
Los peores, porque en realidad uno no quiere aceptar que está prácticamente como un títere. Había roces con Tomás Borge porque él tiene la idea de que va a ironizar con todo el mundo y yo no soy persona de andar con bromas. El día que me capturaron en tiempos de los sandinistas yo llevaba una carta a don César Vivas en LA PRENSA, una persona que me conocía desde niño y amigo de mi familia, esa medianoche me captura la Seguridad del Estado.
Publicaron la carta en la mañana siguiente, en la que yo le digo a Borge que es marxista leninista.
¿Cómo vivió el encarcelamiento por los sandinistas?
Fueron tres años y medio de sufrimientos y torturas. Los sandinistas son perversos. Muchos guardias frustrados, entre ellos Hugo Torres, por debajera le decía a los soldados que no me calentaran agua, me lanzaban a los guardias. Roberto Zelaya Blanco, cuando una persona iba a salir libre, la amenazaba de decir que hablaba de los sandinistas.
Ya en la cárcel, Tomás Borge me sacó de la celda y temblaba de la furia: “¡Vos Santo Bernardino y yo el comunista!”, me dijo. Yo le contesté: “No te entiendo Tomás, yo me siento orgulloso de ser católico, pensé que te ibas a sentir orgulloso de ser comunista”. Se quedó sin decirme nada. Se fue, me vio de reojo y me dijo: “¡Lo mínimo que te va a pasar Bernardino es que te vas a podrir en la cárcel!”.
Otro día me sacaron de la celda, estaba Tomás Borge y Lenín Cerna. Borge andaba con un perrillo faldero, un jovencito como de 18 años, que comenzó a hablar improperios contra mí y le dije que si yo estuviera libre ni me levantaba la mano. Tomás Borge lo calló.
“Ve Bernardino —me dijo Borge— yo confieso que no te hemos tratado como te merecías... Yo estoy más por la cordura que por la violencia”.
Yo le dije, “¿A cambio de que denuncie y delate a todos mis amigos?”... “No, pero vos no nos dejás opción y ahí donde estás parado vos Bernardino, tuvimos a Franklin Montenegro y al Chele Aguilera, a quien le prometimos ejecución y le cumplimos... Vos sabés muy bien eso y no estás en mejores condiciones que ellos”, me dijo Borge.
Jamás se me olvida porque yo estoy vivo porque ellos así lo quisieron. Es una confesión de que asesinaron a Franklin Montenegro y al Chele Aguilera. No fue accidente o que quisieron escapar.
“LA LIBERTAD OFICIAL”
El coronel Bernardino Larios fue liberado, ya que la Corte Suprema de Justicia lo había sobreseído de manera que su abogada defensora presentó el caso ante Alemania Occidental, gobierno que condicionó la entrega de un préstamo al gobierno sandinista, a cambio de la liberación de Larios.
Dijo que lo liberaron a pesar de Borge. “Sos muy inteligente Bernardino, sabés que te vamos a controlar, no pidás permiso de salir porque no vas a salir”, le dijo Lenín Cerna, el jefe de la Seguridad del Estado Sandinista.
Cerna le dio el teléfono de una persona que le iba a dar el dinero que necesitara. “Ni aunque me muriera le iba ir a pedir. A los cinco días de haber salido llegó una patrullita de los carceleros de La Modelo diciendo que me iban a dar la “libertad oficial” en la noche en el penal. Uno es nicaragüense y sabe lo que eso significa. Mi libertad ya es oficial, les dije. Salió mi ex esposa y un primo mío, se hizo un poco bulliciosa la cuestión y llamé a mi abogado. Fue cuando decidió huir a través de puntos ciegos de la frontera.
Larios había salido de la Cárcel Modelo con los nervios destrozados, ya que “no me dejaban dormir, la misma indefensión es una tortura, en poco tiempo me destrozaron los nervios, es terrible eso y es perverso”.
Salió vía Costa Rica, luego a Panamá, donde lo acogió el general Manuel Antonio Noriega de quien era amigo, al igual que de Hugo Spadafora, un militar panameño que murió degollado en circunstancias sin esclarecer.
LP: ¿Cómo los conoció a ambos, a Noriega y Spadafora?
BL: Los oficiales panameños que dominaron en tiempos de Torrijos eran egresados de Nicaragua, entre ellos estaba el general Rubén Darío Paredes compañero mío de promoción, fue un excelente cadete, era el brazo derecho de Torrijos, el hombre que lo aconsejaba bien: “General, deje al presidente actuar por él mismo”, le decía.
Cuando me liberaron en Nicaragua, Noriega mandó un oficial para llevarme a Panamá, yo le pedí que se llevara a mi ex esposa y la mantuvo en Panamá durante un año.
LP: ¿Noriega no intercedió por usted ante los sandinistas para que lo liberaran?
BL: Como no, Paredes también. Paredes más que Noriega porque tuvo más tiempo.
Larios llegó a Panamá gracias a Edén Pastora, quien alquiló un avión para que trasladaran al ex coronel GN. Ya en Panamá, la CIA intentó interrogarlo con detectores de mentiras, pero se negó.
Yo les dije, aquí yo no les he pedido ser agente de ustedes, ni siquiera ser un hombre de ustedes, pero no me voy a exponer al detector de mentiras. El jefe de la estación de la CIA dijo que creía que ocultaba información, a lo que le dije que ocultaba mucho, imagínese que no ocultara nada, ya estaría muerto, recordó Larios.
LP: Cuando usted se encuentra en la estación de la CIA, ¿Usted se pelea con ellos?
BL: Yo quedé muy molesto porque me pusieron detector de mentiras. No pasé el test, según ellos. Les dije, o me aceptan de esta forma o no hay nada. Aquí terminamos. Lo que yo hago por mi país es con mi nombre. No necesito ocultar nada. Me fui a Washington donde un cubano de la CIA también se quiso lucir, diciéndome lo que tenía que hacer. Le dije que por favor no me dijera que le duele más Nicaragua que a mí, ni mucho menos que conoce a los comunistas de Nicaragua mejor que yo.
TOMAS BORGE INTENTO LUCIRSE CON LOS PRESOS
Según el testimonio de Bernardino Larios, al ex ministro del Interior, Tomás Borge Martínez, le gustaba visitar a los reos políticos somocistas para burlarse de ellos.
“Una vez llegó Tomás Borge a medianoche con la cantante norteamericana Joan Báez. Preguntó quién era el preso de mayor rango y le contestaron que era el coronel Bernardino Larios. También estaba preso Nayo Somarriba de la empresa privada”, recuerda Larios.
“Les digo a todos ustedes que la Revolución es generosa y van a ir saliendo poco a poco, ¿No es así Bernardino?”, me dijo Borge. Yo le contesté, “lo que todo el mundo aquí esta consciente es que mientras vos estés en el poder nadie va a salir libre”. Ese hombre se encendió. Un sargento preso, Néstor López, me quiso defender y le cayó una lluvia de maltratos. Yo le dije después que no me anduviera defendiendo, que me sabía defender solo.
Mañana: Entrevista con el ex ministro del Interior, Tomás Borge. 
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