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DOMINGO 16 DE JULIO DEL 2000 / EDICION No. 22071 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Controversia - Zelaya: ¿Reformador o dictador?
El mito

.En la Nicaragua de Zelaya se vivió al arbitrio del dictador, no hubo garantías para la vida y hacienda de los nicaragüenses, su régimen sólo puede ser comparado con el último gobierno “revolucionario” que concluyó en 1990

Julio Ruiz Quezada

Los liberales han hecho un mito de la persona y gobierno del dictador José Santos Zelaya, al que llaman el reformador y lo hacen aparecer como el fundador de la república y el constructor de la Nicaragua moderna. Todo ello es un mito, Zelaya sencillamente fue un tirano más de los que aparecieron en Latinoamérica por la misma época, que gobernó la Nicaragua de finales del siglo XIX y principios del XX a su capricho y antojo, imponiendo a sangre y fuego una de las más sangrientas dictaduras de la historia de este afligido país.

La Revolución Francesa donde nace el liberalismo, produjo: a) un magnífico documento La Declaración Universal de los Derechos del Hombre; b) un régimen de terror que bañó en sangre la Francia y la Europa de la época; y c) la Monarquía Napoleónica. La revolución de Zelaya de 1893, produjo a) un magnífico documento, la Constitución de 1893; b) un régimen de terror; y c) un soberano absoluto.

La Constitución de 1893 a la que los liberales llaman “La Libérrima” es una Constitución en la que se hicieron importantes innovaciones que no aparecían en la Constitución de 1858, tales como el Hábeas Corpus, el Recurso por Inconstitucionalidad y otros, pero fue en realidad una Constitución meramente retórica, que suspendió su funcionamiento por un año según lo expresa su Artículo 161, por lo que entró en vigor hasta el 11 de julio de 1894 y se aplicó sólo nueve meses ya que el 25 de abril de 1895, se estableció el estado de sitio que permitió al General Zelaya gobernar Nicaragua como señor de horca y cuchillo, hasta que cansado de dictar estados de emergencia, reformó la Constitución en 1896 en la que se derogaron la mayoría de las conquistas establecidas en la de 1893, llamó a esta reforma constitucional la “Anti-Libérrima”, que estaba más a la medida del dictador. Sobre el estado de excepción continuo en el que vivieron los nicaragüenses sin ley, el eminente pro-hombre liberal Dr. José Madriz dice en su folleto “Por Nicaragua” ...lo que yo combato es que en Nicaragua sea el Estado de Sitio permanente, la ley constante de la República... “y refiriéndose a la Libérrima comparándola con la Constitución que le precedió, dijo: “La Constitución Conservadora de 1858, la Constitución Cachureca, tan combatida por los liberales, era mucho más liberal, descentralizada y, sobre todo, mucho más lógica y seria que la Constitución híbrida que abortó la Asamblea de 1896. Ante esos argumentos expresados por el Dr. José Madriz, pro-hombre liberal, su sucesor en la Presidencia de la República y cuyo retrato aparece irónicamente junto al del dictador en la Casa del Partido Liberal, no cabe comentario alguno.

Que la dictadura de Zelaya amparada en su permanente estado de Sitio, sumió en el terror y la opresión al pueblo de Nicaragua, es un hecho conocido de todos, Zelaya ignoró totalmente el derecho y las leyes al extremo que hizo escribir al Dr. Madriz: “Nosotros queremos un régimen de leyes, aunque éstas sean imperfectas... queremos saber que hay en nosotros algo sagrado que no puede violar el capricho de un hombre.

En la Nicaragua de Zelaya se vivió al arbitrio del dictador, no hubo garantías para la vida y hacienda de los nicaragüenses, su régimen sólo puede ser comparado con el último gobierno “revolucionario” que concluyó en 1990. La propiedad privada no existía ya que siempre estuvo expuesta a la multa, la exacción y el pillaje oficial usado como método de venganza política. Los historiadores que aún creen en el mito de Zelaya debían leer los Decretos draconianos de 13 de enero de 1894 o el del 12 de septiembre de 1895 o los empréstitos forzosos de junio y julio de 1897 aplicados a sus adversarios políticos con la amenaza de la cárcel y la confiscación en caso de incumplimiento.

El mito sobre Zelaya se ha mantenido, ya que su figura se exaltó durante la semicentenaria dictadura somocista, al extremo que lo han presentado falsamente como el creador de la República y forjador de sus leyes, han hecho creer a la juventud que antes de Zelaya no existía Estado, emitiendo exprofesamente que la República y el Estado Moderno fueron creados durante los gobiernos conservadores posteriores a la expulsión del filibustero. Nuestro Código Civil no es creación de Zelaya, sí efectivamente lo reformó para volverlo anticlerical, despojando a la Iglesia de sus bienes, secularizando los cementerios y estableciendo el divorcio que era una novedad escandalosa en aquella época. Esas fueron las conquistas liberales, todo lo demás existía en el Código Civil anterior, lo mismo que las leyes penales y aún perdura ya en la obsolescencia del Código de Instrucción Criminal.

Los creadores del mito de Zelaya señalan como un gran triunfo la llamada Reincorporación de la Mosquitia, pero la verdad es que jurídicamente nuestra Costa Atlántica se reincorporó cuando el Gobierno Conservador de 1860 se sentó con la Gran Bretaña a la mesa de negociaciones y se celebró el Tratado de Managua del 28 de enero del precitado año, en el que el Imperio Británico aceptó nuestra soberanía sobre la Costa de los mosquitos. Además de hecho la reincorporación se le debe al General Rigoberto Cabezas y al propio Dr. José Madriz, quien escribió: “y a mi paso por el Ministerio... segundo obrero de la Reincorporación de la Mosquitia, pues el primero fue el eminente patriota Rigoberto Cabezas... ayudé a escribir en la historia de Nicaragua esa página que no pueden arrebatar a sus autores, ni el odio, ni la envidia ni la ingratitud”.

Zelaya es parte de la historia de Nicaragua, de esa historia de luto y de dolor que se repitió dos veces después y a la que no debemos volver. Al escribir sobre el dictador sólo lo hago con el espíritu de que nuestra juventud conozca la verdad histórica, lo trágico de nuestro pasado y esperanzado para que en el futuro próximo no volvamos a cometer los mismos errores que nos han exhibido ante el mundo internacional y nos han convertido en el país más empobrecido del Continente Americano.

El autor es directivo departamental-Matagalpa del Partido Conservador.  
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