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JUEVES 13 DE JULIO DEL 2000 / EDICION No. 22068 / ACTUALIZADA 11:30 pm
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La otra tragedia de Masaya

.En nuestras casas se escribió la historia, casas con más de un siglo de existencia donde compartieron y se dio vida a varias generaciones

Tania Jiménez Penha

Para los masayas que sufrimos los embates de este sismo, y para los que “vemos los toros de largo”, todos estamos de duelo. Esta tragedia nos ata para siempre a lo poco que queda de nuestros referentes históricos.

El dolor de las víctimas nos conmueve, las pérdidas humanas siempre son dolorosas sobre todo cuando son arrancadas de un tajo sin darnos tiempo ni de pensar. Sobre todo cuando son niños, pero Masaya está de duelo por sus vidas y por la vida de la ciudad.

Una ciudad eminentemente colonial, con un pasado escrito en las paredes de esas casas que hoy no aguantaron y sucumbieron ante el peso de los siglos, en nuestras casas se escribió la historia, casas con más de un siglo de existencia donde compartieron y se dio vida a varias generaciones. Nuestras casas son nuestra historia.

Se piensa que la pérdida de bienes es sólo material, pero también es una pérdida espiritual, nuestras casas de adobe y taquezal, de enormes patios interiores es sin lugar a dudas la mejor de las referencias, de ahora en adelante nos sumamos al “de donde fue” tan fúnebre que no tiene nada que ver con nuestra cultura de resistencia y alegría.

Pero tanto duele perder la historia colonial, como le duele al campesino y gente trabajadora perder su solar construido con sacrificio, después de años de ahorros de toda la familia. Cuántas canastas de frutas y verduras tendrá que volver a echarse sobre la cabeza una humilde mujer, para reconstruir lo que quedó en ruinas.

Está bien que hablemos de normas de construcción, de lo óptimo para evitar accidentes, pero cuál es el acceso que tienen estas humildes familias de construir con las medidas que se establecen. Si en su afán buscan siempre abaratar costos. Es lógico, familias numerosas que necesitan de techo y los materiales de construcción que no son para cualquier bolsillo. Como siempre esta tragedia deja al descubierto que la gente más vulnerable es la que siempre perece, como si estuvieran condenados a subir la montaña mil veces y caer, para luego volver a empezar.

También considero que es una tremenda irresponsabilidad decir que van a demoler nuestras casas e iglesias, sin antes presentarnos una radiografía de la situación real del inmueble, es muy lindo decir botemos esta casa vieja y vea usted cómo la levanta de nuevo. Por supuesto eso no les costó a ustedes.

Pero sobre todo están pasando por alto que nuestras casas coloniales son el rostro de Masaya, cambiar lo viejo por lo nuevo puede ser una ganga, pero estamos acabando con siglos de historia que sería como decirle a los leoneses o a los granadinos que tanto cuidan sus ciudades, que por precaución boten sus viejas casas. Nuestras casas son patrimonio histórico nacional y como tal deben de ser tratadas y preservadas.

Hago un llamado de S.O.S por nuestras casas al Ministro de Cultura Lic. Clemente Guido, porque es progresiva la forma como están cambiando el rostro a nuestra ciudad, no es posible que cada edificio antiguo que sucumba ante el paso de los siglos y de los sismos sea sustituido por cualquier armatoste moderno, es como cuando en nuestra querida Masaya muere un anciano sin que nos hayamos dignado a recoger su historia. Estamos dejando morir lentamente el pasado que nos identifica y los masayas no somos desarraigados.

Somos un pueblo que no se deja caer ante la adversidad, alegre, festivo, luchador, pero sobre todas las cosas nos caracteriza la ironía. El masaya no es tonto, nunca lo ha sido. Hoy pedimos la ayuda sincera y desinteresada del pueblo de Nicaragua y a nuestros políticos les recordamos que no es tiempo de canjear votos. La gente necesita una esperanza, seamos capaces de sembrar esperanzas y en esa media recuperemos la que perdimos.

La autora es corresponsal de LA PRENSA en Río San Juan.  
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