Cumbre de Camp David
Más temores que esperanzas
 |
|
 | “Espero que podamos alcanzar un acuerdo, (pero) parece muy difícil”, declaró a la prensa el canciller israelí David Levy. “Hay cuestiones esenciales a las que Israel no puede renunciar y está fuera de lugar hacer las paces a cualquier precio”, afirmó Levy al referirse a la cumbre de Camp David entre el primer ministro israelí, Ehud Barak, Arafat y auspiciada por el presidente estadounidense Bill Clinton. Levy se negó a participar en la misma |
|
El primer ministro israelí Ehud Barak, el presidente de EE.UU. Bill Clinton y el líder de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat (derecha). Desde el martes, los tres tratan de lograr un avance histórico que lleve a una paz duradera en Medio Oriente. La Casa Blanca ha impuesto un “apagón informático” para facilitar el entendimiento de Barak y Arafat. LA PRENSA/AP. |
| |
Jo Strich (AFP)
JERUSALEN.- La cumbre de Camp David, cerca de Washington, suscitaba el miércoles más temores que esperanzas, y sobre todo numerosos interrogantes, tanto entre israelíes como entre palestinos.
En Israel, la clase política, la prensa y los ciudadanos mostraban más bien escepticismo, mientras que entre los palestinos, el Fatah, el movimiento del presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, exhortaba a sus militantes armados a “estar en estado de alerta” ante un eventual fracaso de la histórica cumbre iniciada el martes.
“Espero que podamos alcanzar un acuerdo, (pero) parece muy difícil”, declaró a la prensa el canciller israelí David Levy. “Hay cuestiones esenciales a las que Israel no puede renunciar y está fuera de lugar hacer las paces a cualquier precio”, afirmó Levy al referirse a la cumbre de Camp David entre el primer ministro israelí, Ehud Barak, Arafat y auspiciada por el presidente estadounidense Bill Clinton. Levy se negó a participar en la misma.
Sin embargo, el ministro de la presidencia del Consejo, Haim Ramon, se declaró “optimista” sobre las posibilidades de concluir un acuerdo a condición de postergar unos años el tema central del futuro de Jerusalén.
Reconoció por primera vez públicamente que Israel está dispuesto a intercambiar con los palestinos territorios en el interior de sus fronteras a cambio de zonas de Cisjordania.
“Nada saldrá de todo esto, ya que los palestinos quieren todos los territorios que liberamos en 1967”, afirmó pesimista Henri Albala, un restaurador de 56 años.
Su hijo Duddy, de 27 años, trabaja con él, pero no comparte su opinión: “Hay que devolver al César lo que es del César, y nos irá mejor cuando hayamos devuelto lo que no nos pertenece”, afirmó.
Pero cree que “en Jerusalén es difícil porque la ciudad está completamente rodeada por barrios judíos, lo que convierte la distribución en (algo) casi imposible”.
El tema de la división de Jerusalén es vital para los habitantes judíos, situados ideológicamente a la derecha política.
“¡El pueblo no aceptará una división de Jerusalén, de ninguna manera!”, exclamó un alumno de 17 años de yeshiva (escuela talmúdica).
Esther Abo, madre de ocho hijos, es partidaria de la paz. “Es una buena cosa, pero no se debe de repartir Jerusalén”, dijo, agregando: “¡Dejen la ciudad santa tranquila!”.
La prensa israelí del miércoles tampoco era más optimista.
“Al parecer, la cumbre no despierta entusiasmo y las calles israelíes y palestinas son más bien indiferentes. Es que siete años después de Oslo, un apretón de manos ya no conmueve a nadie”, escribió el diario Yediot Aharonot, que tituló “Una cumbre cortada por una muralla”. 
|