Productores agropecuarios y gobierno
Se dice que Nicaragua es un país agropecuario, o al menos eso es lo que quisiéramos creer que es. No obstante, durante este Gobierno, el agro ha recibido una atención marginal. Una mezcla de desinterés, incompetencia y prepotencia ha impedido que se dé la cooperación y coordinación necesarias entre el sector productivo y el gubernamental para que pueda ser productivo.
Atrás ha quedado la promesa de hacer de Nicaragua el granero de Centroamérica. La producción decae y los funcionarios de Gobierno que más directamente tienen que ver con la agricultura se escudan en actitudes prepotentes para encubrir lo que desconocen, no les importa, o les molesta.
Así fue, por ejemplo, la reacción que tuvo el lunes el Ministro Agropecuario y Forestal, José Marenco Cardenal, ante los planteamientos y reclamos de los productores. La falta de tacto y la arrogancia no pueden ser substitutos del conocimiento, buen juicio, voluntad de escuchar y deseos de resolver los problemas que aquejan al agro nicaragüense.
Es perfectamente posible que algunas de las demandas de los agricultores y ganaderos sean estrictamente políticas y fuera de lugar, pero eso no es motivo ni razón para que el Ministro adopte una postura de tribunal inapelable y cierre las puertas a un diálogo franco y sereno que propicie una mejor cooperación entre productores y Gobierno.
El Presidente del Banco Central, Noel Ramírez, por su parte, en una comparecencia televisiva el jueves pasado, al ser preguntado sobre el papel del sector agrícola en el futuro de la economía, prácticamente enmudeció, limitándose a decir que el Gobierno no puede hacer nada ante la caída de los precios internacionales de los productos agropecuarios de exportación.
En cuanto al crédito, dijo que en los últimos 12 meses éste ha crecido en un 30 por ciento, y que si acaso la capacidad de los bancos de otorgarlo se ha restringido se debe a la alta morosidad de la cartera y a que hay $60 millones de dólares en inventarios de café que todavía no se han exportado. Dijo además que es cierto que él le pidió al Sistema Financiero que invirtiera 200 millones de córdobas en el Banco Central, pero que eso no ha afectado la oferta de préstamos. Se ve que para él -como de costumbre- es asunto de que si sus indicadores macroeconómicos están bien, quiere decir que en el país todo está en orden y sin problemas.
Por último, el lunes pasado apareció el Presidente Alemán ante las cámaras de televisión acusando al sector privado por la falta de crédito. “¿Dónde está la conciencia del sector privado?”, se preguntó el Presidente ante los periodistas, para agregar que “el Gobierno les da [a los Bancos] 100 millones para que los presten. ¿Por qué no los prestan?”, demostrando así una total ignorancia de la relación tradicional de la banca privada con el sector agropecuario. Además, algunos banqueros manifestaron desconocer la existencia de tal disponibilidad. Quizás el Presidente piensa que porque él tiene satisfechas las necesidades financieras de sus fincas, o porque los “caminos” hacia ellas están en buen estado (recuérdese la carretera pavimentada que el Gobierno le construyó) todos los productores del país tienen necesariamente que estar en la misma situación de bonanza.
Sin embargo, la realidad del país es diferente. Los problemas del sector agropecuario son graves y requieren de un análisis frío, realista y comprensivo. No podemos continuar a como vamos. El campo produce a niveles ridículamente bajos. Las autoridades gubernamentales y los dirigentes del sector agropecuario tienen que deponer actitudes arrogantes y politiqueras y empeñarse en una conversación franca y cordial para encontrar soluciones. Si Nicaragua no reactiva su agro no habrá desarrollo en el país, especialmente para la población rural, que es donde mayoritariamente se concentra la pobreza, y seguiremos por siempre siendo un país digno de la conmiseración internacional. Gobierno y productores tienen la palabra. 
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