Ganando Wimbledon
Venus, reina del balazo
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Venus Williams se llevó el trofeo de Wimbledon. Aquí la vemos con la alegría natural después de su triunfo sobre Lindsay Davenport. |
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EDGARD TIJERINO M. edgard.tijerino@laprensa.com.ni
En el mundo del Tenis, el sueño dorado es “ganar Wimbledon y después morir”... Pueden preguntárselo a Bille Jean King, Martina Navratilova y Steffi Graff, y por supuesto a Rod Laver, Jimmy Connors, Bjorn Borg.
Mas allá de la sólida reputación construida por Martina Hingis, y de lo que ha llegado a significar esa jugadora de eficacia glacial llamada Lindsay Davenport, la jugadora más temida del tenis actual, es Venus Williams.
Hace un año, ganando brillante y espectacularmente el Lipton, Venus provocó tal impresión, que nadie quería encontrarse con ella al otro lado de la red. Sin la menor duda, una auténtica pistolera.
Entonces, ¿por qué no había podido ganar un solo torneo de Grand Slam?.. Su hermana menor, Serena, se le adelantó el año pasado derrotando a Hingis en la final del Open de Estados Unidos.
A los 20 años, ganando Wimbledon con autoridad, Venus Williams ha demostrado ser la nueva “Reina del Balazo”... Es su primer Gran Slam, como si lo hubiera planificado, y la primera jugadora de color en lograrlo desde Athea Gibson en 1958, hace 42 años, cuando se utilizaban huevos de tortuga en lugar de pelotas y las raquetas no eran tan flexibles, como esos “quesillos” de grafito o titanium que hoy cuestan más de 300 dólares.
El dominio de Venus fue indiscutible dentro del nerviosismo de las acciones... Terminó derritiendo a esa montaña de hielo que es Davenport, jugadora que parece haber sido elaborada en una computadora, capaz de moverse con tal sentido del tiempo y la distancia, que nos engaña aparentando no estar esforzándose mucho.
El servicio de Venus es el más potente del circuito, y su arma fundamental para replegar a Martina Hingis, desarticular a Mónica Seles y llegar a la red con facilidad, constancia y consistencia.
Sus largas piernas son muy ágiles... En ocasiones, los tiros cruzados parecen dejarla fuera de foco, pero sorprende continuamente llegándole a pelotas que se suponen imposibles, y no sólo eso, sino que logra aplicarles el grado de dificultad conveniente para evitar “morir” después de semejante gestión.
Sus brazos, suficientemente largos, le garantizan con su movilidad, una cobertura extraordinaria, y por supuesto, dispone de ese sentido tridimensional que le permite hacer modificaciones imprevistas que enloquecen a sus rivales.
Su padre Richard, les “inyectó” una dosis de amor por el juego y una cuota tal de confianza, al lado de ese empeño por superarse, que día a día, el proceso de afilamiento es intensificado con una obsesión llamativa.
Davenport, ganadora de Wimbledon en el 99 y Campeona Olímpica, es muy difícil de doblegar... Tiene una excelente colocación y maneja muy bien los cambios de velocidad.
El inicio del juego se caracterizó por el nerviosismo en los dos lados. Los errores no provocados y las dobles faltas, cobijaron la cancha de inseguridad... Después de perder el primer juego 6-3, Davenport pareció asumir el control tomando ventajas de 2-0 y 3-1 en el segundo parcial, pero Venus mostró su carácter y recuperó su nivel de juego ganando tres juegos seguidos para pasar al frente 4-3... La irregularidad continuó con voleas erráticas, cruces no medidos y dobles faltas manejando saques... Pero la emoción de una final es única. Todo movimiento es electrizante, y cuando fueron al desempate 6-6, Venus creció lo suficiente para asegurar el título más perseguido del tenis y un cheque de casi 700,000 mil dólares. 
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