El valor de la libertad
El Presidente Arnoldo Alemán hizo notar a los periodistas, al comentar las elecciones mexicanas y el triunfo del candidato opositor Vicente Fox, que Cuba -sometida desde hace más de 40 años al régimen comunista de Fidel Castro- es el único país de América Latina en el que todavía no hay democracia.
La observación del Presidente Alemán es correcta, sólo que le faltó agregar que en numerosos países latinoamericanos (inclusive en Nicaragua), la democracia sufre actualmente peligrosas tendencias regresivas, debido a la recurrencia autoritaria y la corrupción.
Tal es, por ejemplo, el caso del Perú, donde el Presidente Alberto Fujimori se ha reelegido recientemente por medio del fraude; y el de Venezuela, donde a la quiebra moral de las cúpulas políticas tradicionales no se ha podido encontrar más remedio que el autoritarismo militarista y revolucionario que a la larga tendrá peores resultados; o el de Ecuador, donde se ha institucionalizado la ingobernabilidad; el de Colombia, donde la narcoguerrilla comunista, la corrupción y la incompetencia gubernamental han sumido al país en una situación casi caótica; y el de Nicaragua, donde por el pacto libero-sandinista se están estrechando los espacios democráticos, se pretende restaurar el bipartidismo de tipo somocista y facilitar el regreso al poder del FSLN, que no ha renegado de su vocación dictatorial.
En estas circunstancias es lógico y comprensible, que el triunfo de la oposición democrática de México y la admirable -por su limpieza e imparcialidad- organización del proceso electoral mexicano que culminó el domingo pasado, hayan deslumbrado a los pueblos de toda América Latina.
En realidad, ¡qué gigantesco pareció Vicente Fox al hablar de que su triunfo no es sólo de su partido sino de todos los mexicanos, y sin menospreciar a ningún partido por su tamaño los convocó a todos para unir esfuerzos y voluntades en la construcción de una nueva y verdadera democracia en México! ¡Y qué diminutos se ven “nuestros” políticos gubernamentales libero-sandinistas, que ponen cualquier clase de trampas a fin de impedir que los demás partidos participen en la contienda electoral y quieren uniformar a todos los ciudadanos nicaragüenses en el rojo kaki alemanista o en el rojinegro orteguista.
Pero así como en unos lugares la democracia retrocede, en otros países avanza. Y no sólo en México, sino también en Argentina, donde la oposición democrática derrotó el año pasado las pretensiones continuistas del menemismo; y en Chile, donde se está dando una ejemplar lección de independencia de la justicia que es la base fundacional de la democracia; o en Costa Rica, que independientemente de las controversias fronterizas con Nicaragua sigue siendo el ejemplar vecino democrático.
Hace unas tres décadas, cuando el Che Guevara y sus mercenarios comunistas trataban de expandir la revolución por toda América Latina y en todas partes combatían los grupos guerrilleros, se decía que este era un continente en llamas. Pero finalmente sólo en Nicaragua pudo triunfar la revolución guevarista, y en casi toda Hispanoamérica se establecieron brutales dictaduras militaristas, peores aún que las que imperaron durante la primera mitad del siglo XX.
Sin embargo, ahora todos los gobiernos latinoamericanos -salvo el de Cuba- son derivados de la voluntad popular expresada libremente en las urnas electorales, sin perjuicio de que abundan quienes quisieran restablecer la dictadura en cualesquiera de sus formas.
Dios quiera que nunca vuelvan las dictaduras que son “lo peor que le puede pasar a una sociedad”, como señaló Mario Vargas Llosa cuando presentó en España su última obra literaria (La fiesta del Chivo), que recrea literariamente la situación de República Dominicana durante la dictadura de Trujillo. “Las dictaduras -agregó el laureado escritor peruano- nos envilecen y encanallan a todos, incluso a los opositores y a los neutrales. No se puede ser neutral en una dictadura. Sólo héroe o canalla. Es importante que sepamos siempre el gran valor de la libertad”. 
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