Opinión
La pobreza de la CEPAL
 | La noción estatista de la CEPAL de
que el gobierno debe intervenir para
asegurar un desarrollo equitativo
es falsa, pues los países donde la
intervención ha sido mayor,
son los más pobres |
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Porfirio Cristaldo Ayala (AIPE)
Asunción.- El nuevo discurso del estatismo latinoamericano no se dirige ahora contra el capitalismo y el imperialismo, como antes, sino contra la globalización y las reformas. Pero la censura es más bien velada porque no pueden negar su eficacia. Organismos como la CEPAL advierten que el crecimiento de los últimos años, si bien redujo la pobreza en el continente, ha desmejorado la distribución del ingreso, ampliando las desigualdades entre países y al interior de ellos, a un ritmo sin precedentes.
El fin es demostrar que “el mercado por sí solo no garantiza que los beneficios del desarrollo lleguen a todos”, afirma la CEPAL. Debe buscarse, dice, “que el mercado esté al servicio de la sociedad y no la sociedad al servicio del mercado”. La CEPAL, que trató de reciclarse luego del derrumbe del socialismo, vuelve a cometer los mismos errores de su malograda “teoría de la dependencia”, que culpaba al imperialismo de los países ricos de la pobreza del Tercer Mundo. Así, al eximir de culpa a las políticas estatistas, la CEPAL colaboró durante largo tiempo a perpetuar el atraso y la pobreza.
La realidad sobre la pobreza y las desigualdades es muy distinta. El mercado no sólo está siempre al servicio de la sociedad, sino que es la sociedad misma, gente que crea y produce. En el mercado se refleja la acción humana con sus virtudes y sus vicios. Pero los que más riquezas acumulan bajo el libre mercado suelen ser los que mejor sirven a la gente. Y son riquezas que antes no existían y que al volver al torrente productivo crean nuevos empleos y elevan la productividad y los ingresos.
La noción estatista de la CEPAL que el gobierno debe intervenir para asegurar un desarrollo equitativo es falsa, dado que los países donde la intervención ha sido mayor, son los más pobres. También es falso el argumento de que la globalización aumentó las desigualdades entre los países. Lo que ocurrió es que, con la globalización, los países que hicieron reformas y liberalizaron sus economías crecieron y prosperaron, mientras que los otros perdieron competitividad y quedaron al margen de la economía global, padeciendo los rigores del aislamiento.
El aumento de las desigualdades al interior de los países como resultado de las reformas es un engaño que fue más difícil develar, quizá, debido a la confusión creada por la “teoría del goteo”, muy en boga en los años 80, que sostiene que con el crecimiento primero prosperan los ricos y luego de un tiempo esa prosperidad comienza a “gotearle” a los pobres.
Un reciente estudio realizado por el Banco Mundial 80 países, sobre crecimiento, ingresos y otras variables, ha demostrado que el “aumento de las desigualdades” que advierte la CEPAL es falso. Se determinó que, en promedio, con las reformas y el crecimiento, el ingreso de los pobres aumentó en la misma proporción que el ingreso de los ricos. Y no a modo de “goteo” sino que el aumento ocurre al mismo tiempo para ricos y pobres.
El estudio comprobó que la globalización beneficia por igual a ricos y pobres, del mismo modo que a ambos les favorece la mejor protección de los derechos de propiedad. En las crisis, tanto los pobres como los ricos sufren la reducción de sus ingresos en similar proporción. Se confirmó que no es cierto que las desigualdades aumentan en el inicio del desarrollo de los países y que luego se igualan, o que en las economías emergentes el crecimiento beneficia menos a los pobres que en las economías desarrolladas.
Pero lo más interesante del estudio es que demuestra el error de algunas políticas públicas, como la educación primaria, que algunos piensan ayudan más a los pobres que a los ricos. No es así. Si bien la educación promueve el crecimiento, los beneficios son iguales para ricos y pobres. El estudio detectó sólo dos medidas que favorecen más a los pobres que a los ricos: la reducción de la inflación y el recorte del gasto público. Ambas medidas impulsan el crecimiento, pero benefician a los pobres el doble que a los ricos. A su vez, el aumento de la inflación y el gasto público perjudica doblemente a los pobres.
Paradójicamente, la medida que más defienden los estatistas, especialmente la CEPAL, como forma de reducir las “crecientes desigualdades”, es el aumento del gasto público o “gasto social”, incluso, al precio de subir la inflación. Está demostrado que tales acciones no sólo frenan el crecimiento sino que castigan doblemente a los más pobres.
El autor es corresponsal de la agencia de prensa AIPE.
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