Cacería de inmigrantes en frontera México-EE.UU.
 | Obviamente, la respuesta mexicana a la militancia de los rancheros no se hizo esperar. Hace dos semanas, Carlos Ibarra Pérez, un trabajador del petróleo jubilado, anunció del otro lado de la frontera con Texas una recompensa de 10,000 dólares para la primera persona que mate a un agente de la policía fronteriza norteamericana |
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(TIME)
SEGUNDA DE 3 PARTES
Representantes del Ku Klux Klan hicieron acto de presencia la semana pasada durante una reunión comunitaria en Sierra Vista (Arizona), pero fueron expulsados por la gente del lugar, que no desea ver empañada su causa, que consideran de carácter práctico, con fanáticos y aventureros que sólo persiguen cazar familias mexicanas por deporte. “Recibo tres o cuatro llamadas semanales de voluntarios de todo el país —que me caiga un rayo si muchas no son mujeres— dice Barnett, de 57 años, un hombre atlético y curtido, vestido con vaqueros. “Pero les digo que les sería más provechoso que escribieran a sus representantes en el Congreso”.
Obviamente, la respuesta mexicana a la militancia de los rancheros no se hizo esperar. Hace dos semanas, Carlos Ibarra Pérez, un trabajador del petróleo jubilado, anunció del otro lado de la frontera con Texas una recompensa de 10,000 dólares para la primera persona que mate a un agente de la policía fronteriza norteamericana. Esto provocó tal conmoción que Ibarra retiró su recompensa, aunque el hecho demuestra la creciente hostilidad entre EE.UU. y su vecino del sur.
Esta “alerta roja”, como la ven los mexicanos, fue tema de conversación durante la reunión celebrada entre el presidente mexicano, Ernesto Zedillo, y el presidente Clinton recientemente. Ambos acordaron endurecer los controles en sus respectivos lados de la frontera. Dice la ministra de Relaciones Exteriores de México, Rosario Green: “Esto es un comportamiento racista que viola todas las normas de Derecho Internacional”.
El conflicto se está tiñendo de sangre. En lo que va de año, tres inmigrantes han sido asesinados del lado norteamericano de la frontera, y otros siete han resultado heridos. La violencia aumenta a medida que los días se hacen más calurosos. El 14 de mayo, el mexicano Eusebio de Haro, de 22 años, recibió un disparo en la ingle cuando él y un compañero se acercaban a una granja de Bracketville (Texas) para pedir un vaso de agua, y falleció desangrado sin recibir asistencia. El 21 de mayo, cerca del pueblo fronterizo de Sasabe (Arizona), Miguel Angel Palafox había logrado eludir a la policía de fronteras y se dirigía al norte atravesando las colinas cubiertas de cactus —su sueño era llegar a Phoenix— cuando fue avistado por dos jinetes vestidos de negro. Uno le disparó en el cuello con su rifle. El joven de 20 años cubrió la herida con su camisa y volvió a México, caminando ensangrentado con una temperaturas de 46 centígrados. “Pensé que iba a morirme en el desierto. No había un solo árbol para resguardarme”, dice Palafox. Una vez en territorio mexicano, se arrastró durante casi dos kilómetros para llegar a una granja donde recibió ayuda. Aún no han encontrado a los dos jinetes.
A lo largo de la frontera de 130 km de largo que cruza el condado de Cochise, se han contabilizado 25 incidentes desde abril de 1999, en los cuales ciudadanos armados han detenido a docenas de personas sospechosas de ser emigrantes ilegales. En muchos de ellos participaron Barnett y su hermano Donald, de 54 años, quienes patrullan unas 9,000 hectáreas a unos 6.5 km de la frontera con México. Esta es una región árida, donde casi la única vegetación la forman los arbustos, el pasto es escaso y los múltiples arroyos desecados y arenosos resultan el camino ideal para los coyotes y sus clientes, quienes pagan 800 dólares por persona para llegar a Phoenix y 1,500 si el destino es Chicago. Durante el trayecto, dice Barnett, cortan cercos y dejan escapar el ganado, rompen deliberadamente las bombas de agua y dejan los pastos tan llenos de basura que el ganado se asfixia al comerlos. En ocasiones, estos contrabandistas y los traficantes de drogas están armados. “Los rancheros de esta zona”, dice el jefe de policía del condado de Cochise Larry Dever, “serían tontos si no estuviesen preparados para defenderse”. A pesar de ello, el policía insiste en que, hasta ahora, no se ha montado en Cochise una “acción de caza” contra los ilegales.
(Tomado de CNN digital). 
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