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DOMINGO 17 DE DICIEMBRE DEL 2000 / EDICION No. 22225 / ACTUALIZADA 12:30 pm

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Controversia: El factor educación
Faltas éticas de los educadores nicaragüenses

Násere Habed López*

Las debilidades éticas que analizamos en este documento reflejan la realidad del educador nicaragüense, sobre la cual debemos reflexionar como pedagogos, interesados en superarnos y en elevar nuestra dignidad como profesionales de la educación y como ciudadanos que anhelamos vivir en una patria libre de corrupción.

Las nuevas generaciones deben encontrar en nosotros, los maestros, los mejores modelos éticos de conducta. Esta responsabilidad nos plantea la tarea de desterrar las siguientes prácticas que tienden a generalizarse entre los educadores.

Vender a los alumnos fotocopias de las preguntas de las pruebas sistemáticas.

Vender guías de estudio y folletos donde supuestamente está la “piedra del examen”.

Falsificar notas, certificado de calificaciones, diplomas.

Amenazar al alumno con aplazarlo si no participa en un círculo de estudio donde tiene que pagar por recibir clases.

Dar clases privadas a los alumnos días antes de los exámenes cobrando honorarios.

Aplazar al alumno para después cobrarle por clases.

Realizar exámenes bimensuales de rescate y cobrarlos.

Cobrar por nivelaciones al finalizar el semestre.

Dar clases particulares a nuestros propios alumnos del colegio.

Vender los textos que el Ministerio de Educación proporciona gratuitamente.

Presionar al alumno para que participe en paseos pagados o para que compre intransmisibles para cualquier otra actividad.

Organizar paseos, rifas, cines, fiestas y otras actividades similares con fines de lucro personal.

Pedir dinero, ropa y otras contribuciones para alguna obra en pro del colegio y ocuparlas para fines personales.

Hacer negocios en el aula de clases.

Vender o recomendar libros a nuestros alumnos para ganarnos comisiones de las casas distribuidoras de textos.

Favorecer con mejores calificaciones a los alumnos que nos hacen regalos.

Aprovecharnos de nuestros alumnos para que nos hagan mandados.

Exigir a los alumnos participar en actividades de la Escuela a cambio de calificaciones.

Cobrar en clase a los alumnos que no van al día en el pago de sus mensualidades, avergonzándolos delante de los demás.

Dejar pasar faltas a un alumno por amistad o parentesco con sus padres.

Influir en otro docente para que apruebe a algún alumno.

Pregonar la fecha de nuestro cumpleaños para que nuestros alumnos nos hagan regalos.

Enamorar a los alumnos o alumnas, entablar relaciones amorosas con ellos y acosarlos sexualmente.

Darnos bromas de mal gusto con nuestros alumnos.

Pedir a nuestros alumnos dinero para celebrar el cumpleaños de otro maestro.

Pedir dinero prestado a un alumno, o a sus familiares.

Quitarle objetos a nuestros alumnos y quedarnos con ellos.

Usar, para nuestro beneficio personal, los recursos materiales del centro de enseñanza (papelería, tiza, marcadores, fotocopiadora, etc).

Dar mejor trato a los hijos de padres ricos o importantes que a los hijos de padres humildes.

Contar a los alumnos chistes obscenos.

Ingerir licor en compañía de los alumnos.

Divulgar asuntos confidenciales del alumno y su familia.

Hablar mal del colegio en que trabajamos y de nuestros colegas.

Menospreciar las asignaturas que imparten los demás docentes.

Efectuar actividades políticas dentro del servicio docente con fines proselitistas.

Nota: Colaboraron en esta investigación 40 estudiantes de 5º año de Pedagogía de la UNICA, alumnos del profesor Násere Habed en Ética Profesional.

*El autor es pedagogo  
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