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DOMINGO 17 DE DICIEMBRE DEL 2000 / EDICION No. 22225 / ACTUALIZADA 12:30 pm

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Lectura dominical
Un examen de aproximación en el Adviento

.El Adviento constituye un encuentro con la propia conciencia, que en la búsqueda de Dios se encuentra necesariamente con el hombre, con el prójimo al que está llamado a ser hermano, a comportarse como verdadero hermano por ser hijo de un mismo Padre

J. Dávila y Castellón*

Con el Adviento, Jesucristo se viene acercando a nosotros, hasta aproximarse, hasta hacerse nuestro prójimo en Navidad. Como bien sabemos, “prójimo” significa “próximo”. Entonces, nada más oportuno en este tiempo de Adviento que preguntarnos: ¿Quién es mi prójimo?

Me quedó profundamente grabado este mensaje, impreso no sólo en la mente, sino principalmente en el corazón: “Mi prójimo es todo aquél que no soy yo”. Lo vi escrito dentro de un modesto cuadro en una oficina de Cáritas hace unos años fuera de Nicaragua y me ha servido mucho en la comprensión y la aplicación práctica del sentido evangélico de la caridad fraterna, así como también en el empleo de la “empatía”, que consiste en ponerse en lugar del otro, a fin de formarse un juicio en lo posible ponderado y justo ante el proceder de los demás.

“El buen samaritano” es una de las parábolas más bellas del Santo Evangelio, que conmueve y cuestiona grandemente y ha sido objeto de honda reflexión a partir de la era cristiana por parte de creyentes y hombres de buena voluntad. En ella Jesús nos enseña que comportándonos como prójimo, llegamos a descubrir quién es nuestro prójimo. El Papa Juan Pablo II nos enriquece al respecto de este tema, al comentar: “¿Quién es mi prójimo?” (Lc. 10, 29). ¿Os acordáis? La parábola del buen samaritano sirve a Jesús para responder a la pregunta que le formula un doctor de la Ley, después de citar el texto bíblico: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. El buen samaritano es Cristo. El ha tomado la iniciativa de venir a nosotros y hacernos su prójimo, para socorrernos, curarnos y salvarnos.

“Sin embargo, si sigue habiendo alguna distancia entre Dios y nosotros, es a causa nuestra, debido a los obstáculos que ponemos a ese acercamiento.

“El pecado que anida en nuestro corazón, las injusticias que perpetramos, el odio y las disensiones que alimentamos; todo esto es lo que nos lleva a no amar a Dios con toda nuestra alma, con toda nuestra fuerza.

(....) “El segundo mandamiento es semejante al primero (Cfr. Mt 22, 39), constituyendo con él uno solo. Debemos amar a los otros con el mismo amor que Dios vuelva en nuestros corazones y con el que El ama a los hombres. En este ámbito, ¡cuántos obstáculos ponemos, también para hacer de los otros nuestro prójimo! No amamos suficientemente a Dios y a nuestros hermanos.

“¿Por qué siguen existiendo tantas dificultades para superar el estadio, importante pero insuficiente, del estudio aséptico, de las declaraciones, de la afirmación de principios, para hacernos emigrantes con los emigrantes, refugiados con los refugiados, pobres con los que carecen de todo?”, interpela el Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro.

El Adviento constituye un encuentro con la propia conciencia, que en la búsqueda de Dios se encuentra necesariamente con el hombre, con el prójimo al que está llamado a ser hermano, a comportarse como verdadero hermano por ser hijo de un mismo Padre. Quizás cueste mucho fraternizar con los demás, es decir, tratar como hermanos a los otros, porque falta tratar como Padre, y Padre no sólo mío, sino también de todos, como Padre Común a Dios. Para muchos Dios es el Creador Todopoderoso y nada más primero el Creador antes que el Padre... Pero en el Credo confesamos que antes que Creador, el Señor es Padre; primero Padre, luego Creador.

¿Cómo está mi relación con el buen Padre Dios? ¿Y mi relación con los hijos de este Padre, con mis hermanos, ¿cómo está? ¿Soy realmente para los demás un buen samaritano, es decir, un buen prójimo? Al acercarse Navidad, meditemos hasta qué punto nos “aproximamos” nosotros para servir a los demás.

* El autor es profesor de teología  
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