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DOMINGO 17 DE DICIEMBRE DEL 2000 / EDICION No. 22225 / ACTUALIZADA 12:30 pm

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Lectura dominical
¡Alégrense porque el Señor está cerca!

.La mejor espera del Salvador será entonces darnos a nosotros mismos lo que Dios nos ha dado y que haya justicia particularmente para los más pobres

Pbro. Silvio Fonseca Martínez

¿Qué debemos hacer?

Lectura del Santo Evangelio, según San Lucas 3,10-18

En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: “¿Qué debemos hacer?” El les contestó: “Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida que haga lo mismo”.

También acudían a él los publicanos para que los bautizara y le preguntaban: “¿Maestro, qué tenemos que hacer nosotros?”. El les decía: “No cobren más de lo establecido”. Unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?”. El les dijo: “No extorsionen a nadie ni denuncien a nadie, falsamente, sino conténtense con su salario”.

Como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizás Juan era el Mesías, Juan los sacó de dudas diciéndoles: “Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. El los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. El tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja, guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.

Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva.

Palabra del Señor.


Lecturas Bíblicas: Profeta Sofonías 3,14-18/Filipenses 4,4-7/San Lucas 3,10-18

El tercer domingo de adviento está caracterizado por la alegría, tomando al pie de la letra las palabras de San Pablo a los Filipenses (4,4-5) y que es la antífona de entrada; es todo el sentir de la liturgia; nosotros mismos ya estamos sintiendo esa cercanía de la Navidad, decimos: “dentro de ocho días” celebraremos la Navidad y el año se fue. Es todo un ambiente cultural y religioso que rodea al mundo y a los cristianos.

Pero ¿cómo prepararse a esa próxima venida? La respuesta la encontramos en el evangelio, donde Juan el Bautista propone actitudes concretas y que ahora se debe personalizar la pregunta: ¿Qué debo hacer? Es realmente una interrogante profunda que sólo se hace cuando se ha tomado una decisión y se tiene el suficiente valor para romper con un pasado e iniciar una nueva historia, es propiamente una conversión. Es interesante los dos señalamientos que hace el Bautista: la solidaridad y la justicia, temas de actualidad en todos los tiempos y en todos los lugares. Adviento es una buena ocasión para sensibilizar a los poderosos que se apiaden de los débiles. Compartir es la vivencia del Padrenuestro, decimos: “Danos hoy nuestro Pan de cada día”. Una petición que se hace a nombre de la comunidad y no a título personal.

La justicia está también sobre el tapete. Viene al caso señalar el reciente mensaje de los Obispos de Nicaragua sobre el tema, dice así textualmente: “La justicia es aplicada muchas veces de manera tardía, con artimañas y de forma preferencial. Quienes tienen poder económico o político gozan de inmunidad ya sea por derechos o por influencias, mientras el pueblo pobre paga por crímenes que muchas veces no ha cometido. El único delito es ser pobre y no contar con los recursos necesarios para ejercer su derecho a la defensa. La justicia debería ser aplicada a todos por igual” (21 de noviembre del 2000). Para nadie es un secreto que mientras estafadores de bancos o fraudes millonarios de cualquier institución gozan de libertad, el pobre necesitado que agarró una gallina, o pleitos callejeros o familiares, aún no se les atiende y en el peor de los casos guardan prisión injustamente. Aquí en nuestro país la cárcel es para los pobres. Este es un pecado que clama al cielo.

La mejor espera del Salvador será entonces darnos a nosotros mismos, dar lo que Dios nos ha dado y que haya justicia particularmente para los más pobres que tiene como abogados a Dios y a la Virgen, porque no pueden pagar a abogados, muchos de ellos explotadores, que cobran altas sumas sin escrúpulos de conciencia, que han perdido la sensibilidad humana y a veces hasta corruptos porque sobornan a autoridades y/o personal competente alargando los litigios o buscando cualquier manera para sacarle más dinero a la gente. Quiera Dios que tengamos abogados cristianos que busquen el Bien y la Justicia.  
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