Controversia: El factor educación
La democracia anida segura en las escuelas
 | En todas las épocas la educación ha sido un factor determinante de la lucha por la libertad y la superación de los individuos, y por el progreso de las naciones. Pero ahora, cuando en el marco de la globalización se revolucionan todas las tecnologías de la producción, el comercio, la cultura, la comunicación y la vida personal, social e internacional, la educación se ha vuelto un factor más importante que nunca antes. En la Controversia de esta semana tres de nuestros colaboradores enfocan aspectos diversos de esto que llamamos el factor Educación. |
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Salvador Stadthagen*
Para el panel de jueces que evaluó los Concursos de Proyectos Cívicos del Centro de Educación para la Democracia (CED) del año 2000, entre los que participamos Gloria De Franco, Marvin Saballos, Elio Montenegro, Violeta Granera, Claudia Frixione, Terencio García y mi persona, fue un soplo oxigenante constatar el arraigo saludable de las ideas democráticas y el compromiso con la Patria que se observa a lo ancho y largo en las escuelas secundarias del país.
Constatamos cómo miles de muchachos y muchachas de secundaria han trascendido su papel tradicional de recipientes de conocimiento y modelan en sus aulas y en sus centros de estudio la participación ciudadana responsable y la democracia participativa que constituye el único seguro de estabilidad para el futuro de nuestro pueblo. Es que la búsqueda del progreso presupone actitudes políticas que impulse la participación ciudadana en las diferentes expresiones de la vida cotidiana. El empoderamiento que otorga la condición de ciudadano y el acceso a la ciudadanía es el antídoto más eficaz para prevenir el ejercicio del poder sin el control de los ciudadanos.
Los Concursos Cívicos del CED parten de 1994. El entonces Ministro de Educación, Humberto Belli, nos dio entusiasta rienda suelta en el Proyecto de Educación para la Democracia, que ejecutábamos con la Federación Americana de Maestros (AFT), para buscar modelos creativos que cautivaran la imaginación de docentes y alumnos y crearan la base para hábitos, actitudes y valores necesarios para a largo plazo cambiar la cultura política del país.
Dos modelos exploramos entonces, el de los Gobiernos Estudiantiles y el del Concurso de Proyecto Cívico, que se sumó a otros concursos de corte más tradicional, como lo son los de pintura, poesía, canto y cartas (este último también una innovación ya que utiliza el poder de la carta del ciudadano como método para influenciar las políticas públicas). De la trascendencia de los Gobiernos Estudiantiles me abstengo en este artículo que centro en los Concursos Cívicos, aunque son modelos que van de la mano.
Desde entonces, año con año, bajo un lema diferente el CED convoca a los alumnos de secundaria a formar grupos, guiados por sus maestros de Formación Cívica, para identificar, estudiar, evaluar soluciones y tratar de incidir sobre problemas comunitarios. Muchos cuestionarán cómo chicos de trece a dieciocho años pueden incidir en la comunidad. Yo mismo todavía no me imagino a mi hijo de trece años escupiendo en rueda y menos incidiendo de alguna manera en el cambio de nuestra sociedad. Pero, después de ver los proyectos que los alumnos del Instituto de Villanueva, del Modesto Armijo de León, del Colegio Bautista de Managua, de los institutos de Chinandega y de Diriomo y de otros cuarenta institutos y colegios preseleccionados a nivel nacional que evaluamos, la opinión de cualquiera tendría que cambiar.
De estos cuarenta y dos proyectos cívicos, seleccionados seis semifinalistas. Luego, el viernes pasado tuvimos los miembros del jurado el privilegio de ver cómo estos adolescentes defendían con elocuencia y con todo tipo de recursos (desde maquetas, encuestas y videos) sus respectivos proyectos. Muchos de ellos más que proyectos, porque nos presentaron resultados concretos.
De esta manera nos enteramos cómo un grupo de estudiantes de un colegio de Chinandega, con la participación de alumnos, maestros, padres de familia y la comunidad, lograron la construcción de un pozo y un tanque con bomba de mecate para irrigar el centro, reforestarlo y abastecerse del agua. Hace unos meses la empresa aguadora había cortado el agua al centro por falta de pago y éste no contaba con el presupuesto mensual para pagar la factura. Hoy el Colegio se autoabastece, los estudiantes con su fuerza manual bombean el agua. El próximo proyecto de los estudiantes es hacer pozos similares en comunidades aledañas.
De la misma manera comprobamos cómo los alumnos de Villanueva escribieron a instituciones y cabildearon con quien pudieron para iniciar viveros para reforestar 24 kilómetros en la margen de su río, que fue devastado por el huracán Mitch.
Los alumnos del cuarto año del Colegio Modesto Armijo, en Sutiaba, León, otro de los proyectos ganadores, por su parte decidieron iniciar una campaña de alfabetización de niños y adultos en un barrio muy precario de Sutiaba. Tres veces por semana, venciendo todo obstáculo, pretenden erradicar el 50 por ciento del analfabetismo de ese barrio. Lo principal es que ya lo están haciendo.
Otros proyectos un poco más ambiciosos no han desanimado a los estudiantes. Nos impresionó cómo un grupo altamente elocuente, conformado principalmente por muchachas, defendió un proyecto cuasi-empresarial para salvar Tipitapa, el municipio más grande de Managua, de la contaminación. De paso creando empleo... y hasta ganancias. No dudo que estos estudiantes del Colegio Bautista de Managua logren al menos que autoridades y público tengan más claro el potencial de lo que unidos pueden hacer cuando se piensa bien y se pone el corazón.
Cuánto pueden nuestros jóvenes influir en su futuro inmediato fue patente en el proyecto del Instituto de Diriomo. Este proyecto se centró en disminuir el abstencionismo electoral de los estudiantes, que según las encuestas de ellos mismos andaba por un 25 por ciento. El grupo organizó un debate, invitando a todos los candidatos a alcalde, de éstos, sólo uno no asistió. En el debate, los alumnos obtuvieron promesas de cada uno de los candidatos presentes para mejorar la condición del centro de estudios y de los estudiantes mismos. Basta contar que el candidato a alcalde que no asistió al debate perdió la elecciones. Queda a la especulación si esto fue debido al peso de los más de mil votos de los estudiantes del instituto que no tuvieron el privilegio de oír al candidato perdedor ni de escuchar su plataforma electoral.
Fue muy difícil para nosotros decidir cuáles fueron los mejores. Tanto los miles de proyectos que no llegaron a ser semifinalistas, como los cinco finalistas que no pudimos excluir de un premio, son para nosotros verdaderos triunfadores. De esta manera el segundo y tercer premio tuvieron que ser compartidos por dos grupos cada uno.
El primer premio de C$30,000 (treinta mil córdobas) fue otorgado a los alumnos de Villanueva, también, según las bases el concurso, fueron premiados el maestro guía y el centro de estudios. Creemos que el río, cuyo nombre indígena significa Sitio de Garrobos, estará en las buenas manos de estos jóvenes ciudadanos cuando algunos de ellos se conviertan en los ingenieros agrónomos y ecologistas, que el proyecto les ha inspirado a ser en el futuro. Esperamos que las iguanas y garrobos aniden entonces alegres en las riberas del río Aquespalapa o Villanueva, así como la democracia participativa anida en nuestras escuelas.
Deben sentirse orgullosas todas las instituciones privadas y públicas, tanto como organismos como NORAD y USAID, que han hecho posible la realización de estos concursos, que requieren de un esfuerzo mucho más amplio de lo imaginado. También deben sentirse orgullosos desde el Ministro de Educación hasta los maestros y directores de Escuela, por seguir dando a estas actividades que siembran pluralidad, una alta prioridad en el sistema educativo.
Tengo la esperanza que la comunidad nacional e internacional descubra todo el potencial, tanto de apoyar estos concursos, como al semillero de liderazgo joven y democrático que significan los Gobiernos Estudiantiles y que decidan colaborar en el futuro con redoblado entusiasmo.
*El autor es Ex Embajador de Nicaragua ante la República de China en Taiwan, fue Director-fundador del CED de 1992 a 1995.
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