Opinión
Los pobres contribuyen al desarrollo
Mario Alfaro Alvarado
En la semana pasada aparecieron en la primera página de LA PRENSA, dos títulos que enmarcan la acción destructora de ese cáncer moral, la corrupción, que destruye poco a poco a la nación nicaragüense.
Un título decía: “A la cárcel por robar gallinas”. Se refería a dos ladronzuelos condenados a seis años de cárcel por robar seis gallinas, un año por cada gallina. El otro título era: “Fuga de ahorros”. Se refería al día que los ahorrantes sacaban de los bancos sus depósitos por temor a perderlos. La quiebra bancaria ha beneficiado con millones a los llamados delincuentes de cuello blanco y ninguno ha sido enjuiciado; en cambio los robagallinas son castigados con severidad. La gente interpreta esta diferencia como un mensaje muy claro del régimen que gobierna a este país: el que roba poco va a la cárcel y al que roba millones se le brinda impunidad.
El cáncer de la corrupción es hijo “de la codicia y el egoísmo de quienes ven a Nicaragua como un botín”, tal afirman los señores Obispos en el último Comunicado de la Conferencia Episcopal. Los políticos afirman que el objetivo de los partidos es la toma de poder. No necesitan decir para qué quieren tomar el poder; el pueblo lo sabe muy bien, porque poder quiere decir botín. Cuando el mayor interés en el poder es el enriquecimiento, no hay fórmula para sacar a un país de la miseria y del subdesarrollo.
La corrupción está en todas partes porque es la forma de gobernar de los que no tienen vergüenza. La corrupción es parte esencial de los gobiernos que han sojuzgado y siguen sojuzgando a este pueblo. Los grandes escándalos financieros son apenas la parte visible del despojo que se le hace a los nicaragüenses, porque el sistema tiene medios sutiles para esquilmar a toda la población. Esos medios son los altos impuestos (los más altos de Centroamérica), es el impuesto indirecto de la inflación, la subida caprichosa del precio de los combustibles y de los servicios públicos, las coimas, las exacciones y los negocios ilícitos de los funcionarios públicos muy bien protegidos por la inmunidad.
El ahorro es para invertir en actividades productivas y no para aumentar el capital especulativo de los bancos con el consiguiente peligro de los fraudes, las estafas y las malas inversiones que llevan a la quiebra.
El ahorro del pobre es un ahorro de sacrificio; porque el pobre no ahorra lo que le sobra, si es que algo le sobra, sino lo que con sacrificio, dejando de gastar o gastando menos en sus necesidades básicas, va reuniendo penosamente el dinero para entregarlo con confianza en una entidad bancaria para tenerlo seguro, para ganar algunos intereses o para enfrentar la urgencia de alguna necesidad de vida o muerte.
Dividir a la sociedad nicaragüenses entre ahorrantes ricos y ahorrantes pobres, no hace diferencia entre ellos a la hora de una quiebra bancaria, al menos que la diferencia sea que el rico pierde más y el pobre pierde menos. Porque en una quiebra los únicos beneficiados son los que se llevaron el dinero de los confiados ahorrantes.
Si no hay garantías para que los nicaragüenses formen pequeños capitales para desarrollar sus negocios, ningún capital extranjero querrá probar suerte en un país en el que invertir es como jugar a la ruleta rusa.
Si por un lado grande es el delito de despojar individualmente a los ahorrantes; más grande aún, aunque menos advertido, es el delito que se comete con el despojo colectivo que se le hace al país al negarle los recursos que proporciona el ahorro para hacerlo crecer, para hacer producir, para mejorar las condiciones de vida de todos los ciudadanos y para contribuir con la paz social a la estabilidad política y económica de Nicaragua.
* El autor es periodista. 
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