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DOMINGO 27 DE AGOSTO DEL 2000 / EDICION No. 22113 / ACTUALIZADA 12:10 am
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Da tu sí a la vida

(II de dos partes)

¿Quién puede arrogarse un derecho que le compete sólo a Dios? El aborto es la moderna masacre de 50 millones de víctimas de abortos legalizados, al año, de una democracia que los despedaza en el útero materno, como homenaje al derecho que les reconoce falso de eliminar a los nascituri como si fueran simples apéndices, agregados celulares, como una especie de tumor en el seno materno. Es esta la idea que muchas madres que abortan tienen; cuando pueden contemplar a sus hijos, en los scanners, y ven que no son cosas, surge una nueva corriente de ternura y responsabilidad y se convierten en fervientes defensoras del fruto de su vientre. Hay una cadena de centros de defensa de la vida en México, por ejemplo, que han salvado más de 10,000 nascituri.

Hoy, el nuevo muro que se alza, dividiendo a la humanidad, no es ya el de Berlín, construido por la ideología, sino el que separa la cultura de la vida y de la muerte. Y este muro de vergüenza se levanta al interior de la mayoría de los países del mundo.

Estamos en medio del conflicto, de la lucha. La Iglesia se halla en medio de la batalla. Hay que decidir, fieles a la voluntad del Señor, por la vida. ¡No podía ser de otra manera!.

La respuesta es ésta: la última raíz de su dignidad personal es que ellos son amados, queridos por Dios. Porque Dios los ha amado, por ello vienen al mundo. Dice la imitación de Cristo: “no hay creatura tan pequeña y humilde (ita parva et humilis) que no represente la bondad de Dios”. En una filosofía digna de tal nombre, Deus est infundens bonitatem in rebus. El bien, todo bien, la bondad de la vida, esa calidad ontológica única e insustituible, tiene su fuente en Dios que da, que infunde, la bondad en las cosas.

No es bueno o malo lo que dan como veredicto los parlamentos, sino lo que Dios, Señor de la vida, establece. ¡Ved cómo es de peligroso olvidar la ley natural!.

Aquí la antropología se introduce y se explica, en la mayor profundidad, con lo que llamamos el diseño de Dios, el plan de Dios. La verdad del hombre pasa por esta pregunta: ¿qué quiere Dios del hombre, de este hombre, de este niño, de este enfermo, de este hogar? La razón y la fe se enlazan en un homenaje de obediencia, de apertura a Dios. El hombre es imagen y se hace imagen, como vocación, en la medida en que él se abre, se comunica, con quien es su Creador. Sólo así se reconoce como objeto de amor y emerge a su realidad más noble.

Permitidme recordar una síntesis, con su toque de humor pedagógico, de un apóstol de la dignidad, como fue el profesor Jerôme Lejeune, a quien el Santo Padre hizo el homenaje, que recibió casi doblegado por la enfermedad, de nombrar presidente de la Academia Pontificia para la Vida: “La anticoncepción es hacer el amor, sin hacer el niño; la fecundación asistida es hacer el niño, sin hacer el amor; el aborto es deshacer el niño, y la pornografía es deshacer el amor”. Una síntesis de un falso estilo de vida y una suma de errores, que no dejan de serlo con vanas apologías. Y todo esto cuesta, está costando muy caro, en el desconcierto de sociedades enfermas, con la peor enfermedad: la que socava las fuerzas del alma.

Cuánto se reduciría esta masacre si tomaran una actitud humana que es una conversión a la vida. “Reconciliad a los hombres con la vida”. Un imperativo por la vida en la sociedad se impone: “promover un Estado humano... que reconozca, como su deber primario, la defensa de los derechos de la persona humana, especialmente de la más débil. La victoria está de nuestra parte, porque el Señor de la vida, reina vivo”.

Di tu sí a la vida este próximo jueves 31 de agosto en la marcha que saldrá a las 8:00 a.m. de la Catedral Metropolitana de Managua. Abortar es matar.

Ministerio Arquidiocesano de Predicación Madre de la Nueva Alianza  
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