El delito en el 2000
Marcos A. Valle
El delito en el 2000 expresa que Nicaragua se está volviendo un país mucho más violento, peligroso y, con tendencia al aumento de las probabilidades de perder la vida al ser víctima de uno de éstos, aunque también presenta una desaceleración de su tasa de variación.
La tasa del delito –conforme las estadísticas policiales–, decreció del 11% (primer semestre 999) al 4.4% (primer semestre 2000), y si las condiciones del resto del año son normales, estimamos que la tasa anual del 2000 oscilará entre el 4.5% y el 6% de crecimiento, cayendo con relación a 1999 cuya tasa fue 11.5%. Ahora bien, esta noticia aparentemente halagadora se neutraliza cuando, simultáneamente, están ascendiendo los delitos que tienen mayor nivel de peligrosidad, lo mismo que aquéllos que denotan aumento en la violencia como método para resolver los conflictos y, están proliferando las armas de fuego en su comisión tanto en el campo como la ciudad.
Este último punto es preocupante ya que este año, más que en el pasado, se percibe el aparecimiento del delito organizado en Managua y otros lugares, que da golpes en bancos, almacenes, cambistas, gasolineras, casas de cambio, camiones repartidores y, se descubre –a través de ajustes de cuentas–, red de narcotraficantes ligados a carteles internacionales. O sea, parece que ciertos sectores de la delincuencia están dando un salto de calidad, pasando de delitos menos planificados a otros que requieren mayor organización, dedicación y pensamiento, pero que también reportan mayores beneficios financieros y psicológicos.
De la misma manera, el nivel de peligrosidad del delito salta a la vista cuando se analizan los asesinatos y homicidios en el 2000, donde en una gran mayoría se utilizaron armas largas como fusiles y escopetas, y cortas como pistolas y revólveres. A ello habría que sumarle, el descubrimiento de talleres que están fabricando escopetas caseras utilizadas –hasta ahora– por las pandillas, así como cuchillos, chacos y, morteros “avancarga” que, en buena parte son accionados por menores de edad que se están desviando hacia la delincuencia.
Otro indicador del aumento de la peligrosidad del delito son los robos con intimidación que –comparando el índice delictivo demográfico por 10 mil habitantes (IDD) de 1999 con 2000–, crecieron en muchos departamentos, tales como Managua (7.5 a 8), Chinandega (0.63 a 2.4), Estelí (2 a 2.45) y León (0.66 a 0.72), manteniéndose en su mismo nivel en Jinotega, RAAN, Chontales y Zelaya Central. Por su lado, el incremento de las lesiones fue generalizado pasando el IDD nacional 1999 a 2000 de 18 a 20 lesiones por diez mil habitantes, cruzando, por ejemplo, Managua de 28 a 29, Granada 26 a 29, Estelí 21 a 23, Chontales 14 a 17 y León 13 a 15.
Esta tendencia ininterrumpida de ascenso de las lesiones a lo largo de los años, es una señal de lo mucho que falta por hacer para lograr que los y las nicaragüenses construyamos una cultura de resolución pacífica de las diferencias; asunto que se tornará más lejano si no se respalda y pone en marcha con decisión un plan que nutra de educación a la población, junto con los esfuerzos por salir de la pobreza y aminorar el desempleo. Y si nos descuidamos y no se controla con mayor firmeza la tenencia de armas de fuego, pronto aumentaran las lesiones provocadas por este tipo de artefacto, lo que llevará, asimismo, a reforzar la probabilidad de muertes por pleitos y riñas vecinales, de igual manera que en fiestas, caminos, bares, calles, y casas de habitación.
Este es el panorama en el 2000. Mientras las cifras, por un lado, indican desaceleración de la tasa de crecimiento del delito, por el otro, también –acompañadas de otras informaciones–, confirman el aumento de su nivel de peligrosidad y de la violencia en el país, así como un mayor involucramiento de menores de edad y, la transformación de algún sector de la delincuencia en delincuencia organizada.
+ Consultor en Seguridad Ciudadana.
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